Invitados a cambiar de ruta


Mons. Se­bas­tià Tal­ta­vull           Somos invitados a buscar a Dios con la voluntad de querer encontrar. Este movimiento, profundamente humano y espiritual, nos pone en relación con el misterio más grande, un movimiento que es más atracción que búsqueda, porque, en la relación del hombre con Dios, la iniciativa siempre es de Dios. Por ello, celebrar la Epifanía, que significa «manifestación» del Señor, nos sitúa en la órbita de la gratuidad, del don, porque es Dios quien, a través de su Hijo Jesús, tiene la iniciativa de «manifestarse» y darse a conocer. Por nuestra parte, hay que acogerlo con el corazón limpio para verlo en toda su luminosidad y verdad.

Acostumbrados a ciertas inercias, ahora se nos pide ir por este camino, lo que Dios nos traza para poder encontrar y, después, poder anunciar. La obra de la evangelización no es compatible con actitudes de desconfianza y sospecha, por eso los que buscan a Dios son invitados a cambiar de ruta. Muchas veces leemos en la Biblia que Dios nos dice: «mis camino no son los vuestros». De ahí que el Evangelio nos enseñe que la búsqueda sincera de Dios nos lleva al encuentro con él, sin sospechas, ni acomodaciones, ni rebajas.

La Epifanía del Señor abre las puertas de la acogida, del diálogo, de la inculturación de la fe, del aprendizaje mutuo, de la proximidad, de la complementariedad. En este camino nos encontramos con los pobres, para que aprendamos a caminar con ellos y sin ninguna otra credencial que la Palabra de Dios y el testimonio que nace de su Amor.

Por otra parte, la apertura que nos pide la manifestación del Niño Dios a todos los pueblos y culturas es lo que nos pone en contacto con muchas personas que no comparten nuestra fe. Nuestra relación con ellas y con las que, por el motivo que sea, se han alejado de Dios y de la Iglesia, puede ser recuperada y afianzada si nuestra actitud es de acogida, de propuesta humilde y de acompañamiento en su búsqueda.

Optar por esta ruta significará algún cambio de mentalidad, el reconocimiento de nuestros errores, el derrumbe de los muros que nos separan, la superación de las intolerancias. Tendremos que tomar la decisión de ir por otro camino, porque el anuncio de Jesucristo y su Evangelio estén totalmente libres de las adherencias que deslucen su contenido y debilitan su fuerza transformadora.

 

+ Se­bas­tià Tal­ta­vull

Obis­po de Ma­llor­ca

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