Fiesta de la Sagrada Familia

Mons. Gerardo Melgar              Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia, una fiesta en la que se nos pone el hogar de Nazaret como modelo de familia en la que reinaba algo tan importante como es el amor a Dios y el amor entre ellos.

Si algo no puede fallar en la rea­lidad familiar es el amor, porque la familia se cimienta, construye, ali­menta y perdura en el amor y desde el amor.

Cuando en ella falta el amor se ha perdido lo más importante, se han roto los lazos que unían tan estre­chamente a los miembros y la familia se ha convertido en algo insoporta­ble, la casa bajo cuyo techo se daba y recibía tanto amor se ha convertido en una cárcel que oprime, aprisiona y esclaviza.

La celebración de la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret, com­puesta por Jesús, José y María es y debe ser una llamada para todos a revisar cómo andamos de amor en nuestra propia familia, cómo anda­mos de amor a Dios y cómo andamos de amor entre todos los miembros de nuestra familia, porque si falta el amor a Dios o el amor entre nosotros nos está faltando lo fundamental de la misma.

El amor a Dios en la familia debe ser algo prioritario porque nuestra relación con Dios es una relación de familia. Dios es nuestro padre, un Padre misericordioso que nos quiere a pesar de nuestros pecados y mise­rias, que tanto nos ama que ha sido capaz de entregar a su propio hijo a la muerte, para que nosotros llegára­mos a ser sus hijos por adopción.

Dios tiene que ser alguien muy importante en nuestras propias fa­milias, porque nuestra relación con él nos impulsa y nos pide ser capa­ces de amar por encima de los fallos que puedan tener los demás; porque desde este mismo amor a Dios se nos impulsa al perdón y a quitar impor­tancia a los fallos que vemos en los demás. Dios tiene que tener una silla en la cocina de nuestro hogar, y un sillón, el más importante y cómodo en nuestro salón, para que cuide de nosotros, para que nosotros nos pre­guntemos por lo que Él espera de no­sotros y seamos capaces de hacerlo realidad en nuestros hogares. Dios debe de ser un miembro importante de nuestra familia con el que habla­mos, al que le contamos lo que vi­vimos, bueno o malo, para que nos eche una mano. Sin él no podremos formar una verdadera familia cris­tiana.

¿Tiene Dios un puesto importante en mi familia? ¿Contamos con Él y le rezamos y contamos con Él como familia? ¿Es nuestra familia una fa­milia cristiana o por los hechos de­mostramos que Dios no pinta nada en el seno de la misma, que nuestra familia la hemos constituido sin Dios o que el puesto de Dios lo ocupan otros diosecillos que no tienen nada que ver con Él y que aunque, equivocadamente, creamos que es lo único que necesitamos, ve­remos que sin Dios en nuestra fami­lia nos está faltando alguien esencial para ser una familia?

Dejemos que Dios entre en nuestra familia, hagámosle un hueco para que Él tenga cancha de actuación en ella. Un matrimonio cristiano es siempre cuestión de tres: Dios y los integran­tes del matrimonio. Una familia es cuestión de los que la formamos y Dios que la forma con nosotros.

Y junto al amor a Dios, el amor entre los miembros que formamos la familia: el amor en la familia y a todos los miembros de la familia es algo que hemos de salvar por encima de todo porque, cuando este falla, la familia se convierte en una losa pe­sada e insoportable.

Esposos, padres e hijos, todos en la familia hemos de hacer realidad la belleza con la que Pablo canta las excelencias del amor en la Primera carta a los corintios (1 Cor 13, 1-7).

Empeñemos nuestra vida en hacer realidad en nuestra familia el amor a todos y cada uno de sus miembros, porque solo así nuestra familia será ese espacio vital en el que vivimos a gusto y crecemos armónicamente.

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.