Derechos humanos por la paz

Mons. Se­bas­tià Tal­ta­vull           Hablamos de derechos humanos, hablamos de paz, hablamos de urgentes medidas para que estas «utopías» pasen a ser una realidad reconocida y vivida. El papa Francisco, en su mensaje a los participantes en la Conferencia Internacional «Los Derechos Humanos en el mundo contemporáneo: conquistas, omisiones, negaciones», nos decía que «mientras una parte de la humanidad vive en la opulencia, la otra parte ve su propia dignidad desconocida, despreciada o pisada y sus derechos fundamentales ignorados o violados». La razón no es otra —nos decía también— que «el hecho de que en el mundo de hoy persisten numerosas formas de injusticia, nutridas por visiones antropológicas reductivas y por un modelo económico basado en las ganancias, que no duda en explotar, descartar e incluso matar al hombre».

Participantes de todo el mundo, especialmente de los países más pobres, hemos constatado con cierto dolor y decepción que la promoción y la defensa de los Derechos Humanos —promulgados solemnemente hace 70 años— están en regresión, sobre todo en lo que se refiere a su aplicación. Muchos Estados los han firmado pero no hacen viable su cumplimiento y están aún muy lejos de ayudar a que se camine en esta dirección. Más fuerte aún decir, la manifiesta y compartida preocupación por la forma en que van avanzando nuevas dictaduras de signo contrario, lo que pone de relieve la falta de credibilidad de los sistemas democráticos. Hemos escuchado con atención y emoción a muchos testigos, especialmente de los que sufren en primera persona la violación de los derechos fundamentales, personas y países.

A punto de celebrar nuevamente con toda la Iglesia la Jornada Mundial de la Paz, vuelven a venir viejos interrogantes y nuevas plagas que la población está pagando a un precio muy elevado. La paz no puede llegar mientras grandes injusticias y violencias institucionalizadas tengan carta de ciudadanía. Mientras los «derechos humanos» no sean reconocidos por el «derecho» vivido y aplicado por los Estados, será bien difícil dar pasos en firme a favor de una convivencia justa y pacífica. Mientras la persona humana no sea el centro de atención y de actuación por encima de intereses ideológicos y económicos, los derechos humanos no serán más que una declaración de buenas intenciones.

Somos conscientes del reto que todo ello supone para los cristianos, cuando sabemos bien hacia dónde nos conduce el Evangelio, aunque incluya la opción de tener que ir contra corriente. El camino nos lo ha señalado Jesús y él mismo lo ha vivido.

 

+ Se­bas­tià Tal­ta­vull

Obis­po de Ma­llor­ca

Mons. Sebastià Taltavull Anglada
Acerca de Mons. Sebastià Taltavull Anglada 78 Artículos
Mons. D. Sebastià Taltavull nace en Ciutadella de Menorca (Baleares), el 28 de enero de 1948. Después de los primeros estudios en la Compañía de Maria y en el Colegio salesiano, el año 1959 ingresa en el Seminario diocesano de Menorca y cursa los estudios de Humanidades, Filosofía y Teología. El 23 de septiembre de 1972 recibe la ordenación sacerdotal en la Catedral de Menorca, después de cursar estudios en la Facultad de Teología de Cataluña y obtener la Licenciatura en Teología dogmática. CARGOS PASTORALES El mismo día de la ordenación sacerdotal es nombrado Director de la Casa diocesana de Espiritualidad de Monte-Toro (1972-1984) y Delegado diocesano de Juventud (1972-1989). Dos años después, Rector del Santuario Diocesano de la Virgen de Monte-Toro, Patrona de Menorca (1975-1984). Es elegido Secretario del primer Consejo Diocesano de Pastoral (1973-1977) y Secretario del Consejo del Presbiterio y Colegio de Consultores (1983-1989). Fue Consiliario del Movimiento de Jóvenes Cristianos, de grupos de Revisión de Vida del MUEC y de Escultismo entre 1977 y 1989. Recibe el encargo de Formador (1977-1984) y Profesor de Teología dogmática (1977-1994) del Seminario y del Instituto Diocesano de Teología. Fue Rector del Seminario Diocesano de 1995 a 2002. El año 1984 es nombrado Párroco de San Rafael de Ciutadella, cargo que ejerce hasta 1992, año en que es nombrado Consiliario del Centro Catequístico de San Miguel (1992-2005). El 23 de septiembre de 1989 es nombrado Vicario General de la Diócesis de Menorca y Moderador de la Curia, cargos que ejerce hasta el año 2002, año en que es nombrado Párroco de Ntra. Sra. del Rosario de la Catedral y de San Francisco de Asís de Ciutadella y elegido Deán-Presidente del Cabildo y Penitenciario de la Catedral (2002-2005). Le es asignada la tarea de Moderador de la Asamblea Diocesana de Menorca celebrada entre los años 1996-1998. Además de trabajar en el Secretariado Diocesano de Catequesis en los Departamentos de Catequesis de adolescentes y jóvenes (1973-1995) es nombrado Delegado Diocesano de Catequesis (1989-1995) y forma parte del Secretariado Interdiocesano de Catequesis de Cataluña y Baleares (SIC), dedicándose especialmente a la catequesis de adolescentes, jóvenes y catequesis familiar. Como Consiliario ha trabajado en los Equipos de Matrimonios de Nuestra Señora (1988-2005) y se ha dedicado a la preparación y formación de catequistas (1973-1998) y de los matrimonios-catequistas de grupos de Catequesis familiar (1998-2005). Para los años 2002-2005 fue nombrado Delegado Diocesano de Medios de Comunicación Social y para las Relaciones Institucionales. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Barcelona por Benedicto XVI el 28 de enero de 2009 y recibió la Ordenación episcopal el 21 de marzo de 2009. Es administrador apostólico de Mallorca desde el 8 de septiembre de 2016. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social y Pastoral Social. Anteriormente, fue miembro del Consejo Asesor de la Subcomisión de Catequesis y desde junio de 2005 Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Pastoral de la Conferencia Episcopal Española hasta su nombramiento como Obispo. Desde 2009 hasta 2011 fue miembro de dicha comisión. En 2011, fue elegido Presidente de dicha Comisión.