El umbral del nacimiento

Mons. Agus­tí Cor­tés             La imagen más apropiada para representar el umbral de la Navidad es la de dos mujeres embarazadas exultantes de alegría. Con mayor razón si se trata de Isabel, madre de San Juan Bautista y María, la Madre de Jesús.

Esta escena, tantas veces pintada y representada, es una auténtica eclosión de vida. En ella vemos la humanidad fecunda. Y, ¿por qué no decirlo?, la humanidad más poderosa y digna. Cansados de ver rasgos de humanidad decrépita y estéril, aun con apariencia de progreso, nuestra vista se complace en la belleza del abrazo de estas dos mujeres. Y vemos claro que la humanidad no progresa por la productividad de objetos y técnicas cada vez más eficaces y complejas, sino por el hecho de engendrar y dar a luz hijos, fruto de un verdadero amor.

Creemos que progresamos en la medida en que “empoderamos” a las personas, los colectivos o las clases sociales. Pero, ¿qué o quién ha dado poder a estas dos mujeres? Nada menos que la obediencia humilde y confiada. “Aquí estoy para hacer tu voluntad”, dijo María; “lo que has creído se cumplirá”, le dijo Isabel. “Se ha fijado en la humildad de su sierva… Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”, cantó María.

La alegría es mayor cuando se comparte. Si entre nosotros los momentos de alegría parecen desgastarse, como quien consume alimentos en su propio beneficio y placer, ahora volvemos a creer en la alegría que perdura y se comparte. Isabel y María viven la comunión en el gozo. Resuenan en ellas las palabras de Jesús predicando desde la Montaña: “Bienaventurados los pobres en el espíritu, los que sufren, los pacíficos, los hambrientos…” Isabel sentirá en su propio seno la alegría y la compartirá con María: “Bienaventurada porque has creído”… “Se alegra mi espíritu”, cantará María.

Esta alegría es nueva. Forma parte de lo que llamamos “Buena Noticia”. ¿Qué cambio la ha hecho posible? La novedad y el cambio han llegado a ser entre nosotros palabras talismán.

El secreto profundo de esta escena feliz de Isabel y María es justamente el cambio: están a punto de traspasar el umbral de la historia. No se trata de cualquier cambio, sino aquel paso definitivo de la promesa a su cumplimiento, del signo a la realidad, de lo antiguo a lo nuevo, de la sombra a la luz, de la noche a la aurora, de la ley a la gracia, de la esclavitud a la libertad.

Y sabemos que esto no lo puede entender, sino aquél que conoce la manera como Dios ha querido salvar a la humanidad. Él dispuso salvar a la humanidad contando con nosotros y desde nuestra historia. Por eso la dispuso y ordenó hasta la Encarnación del Verbo y su segunda venida al final de los tiempos.

De ahí que si se ignora esto, nadie podrá vivir la Navidad con toda su riqueza. La Navidad es una fiesta profundamente arraigada y extendida por todo el mundo. Pero ¿quién se alegrará al ver la humanidad fecunda, el gozo compartido en comunión de fe y de amor?; ¿quién atravesará el umbral del verdadero cambio y la auténtica novedad?

Quisiéramos vernos insertos, incluidos en el mismo abrazo entre Isabel y María. Ese abrazo que desencadena a su alrededor la nueva esperanza, el nuevo amor, el de la humanidad nueva, que nació con Jesús.

 

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.