A las puertas de la Navidad

Mons. Gerardo Melgar              Celebramos este cuarto domingo de Adviento a las puertas de la Na­vidad y la liturgia pone a nuestra consideración al personaje más importante del Ad­viento, María.

Ella se preparó como nadie para el nacimiento de su hijo. Ella le espe­ró con alegría, como espera la madre al hijo deseado, que cada día de su embarazo sueña con tenerlo ya en sus brazos y darle todo el cariño y amor que solo una madre puede dar.

María se pone en camino, hacia la montaña, a casa de Isabel para ayu­darla en el parto del que nacerá el precursor de Jesús: Juan el Bautista.

Cuando María se puso en camino llevaba a Dios en su seno y por lo mis­mo el Hijo de Dios ya estaba en este mundo, por amor a la humanidad, para rescatarnos de nuestro pecado.

María sabe lo que está sucedien­do dentro de ella y lo vive con unas actitudes importantes que nos pue­den servir a nosotros para preparar la venida de Cristo, si imitamos sus mismas actitudes.

María espera a su hijo con fe. Ella cree en la maravilla que Dios ha he­cho en ella, que siendo pobre y pe­queña, sin embargo, Dios ha hecho la mayor de las maravillas, que el Hijo de Dios se encarnara en las entrañas de su madre virgen.

La fe estuvo siempre muy pre­sente en la vida de la Virgen: por fe acepta la palabra del Ángel de que va a ser la madre del salvador; por fe, aceptó que su hijo, que era el Hijo de Dios, naciera en un pobre portal; por fe aceptó ser emigrante en Egipto para salvar la vida de su hijo; por fe lo acompañó en toda su vida, aunque no acabara de entender determinadas actitudes de Jesús; por fe lo acompañó en el camino de la cruz; por fe está allí, de pie, junto a la cruz de Jesús, mientras él muere por redimir al ser humano y para, con su sangre, rescatar al hombre del su pecado. Con gran fe espera la llegada de su hijo, que ella sabe que, además, es Hijo de Dios y como madre de cu­yas entrañas nacerá aquella criatura, desde el primer momento lo adora como a su Dios y salvador.

María espera a su Hijo con alegría y llena de gozo por su nacimiento. Es también la alegría de toda madre que espera a un hijo que ha deseado te­ner. Ella exulta de gozo y canta aquel «proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador, porque ha mirado la hu­millación de su esclava Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí» (Lc 1, 46-49).

El fundamento de su alegría es que Dios ha hecho obras grandes en ella, ha hecho nada más y nada me­nos que sea la madre del Salvador. Ella, que es pobre, esclava y pequeña, porque el poderoso es santo y su misericordia llega a su fíeles de generación en generación (Cfr Lc 1, 46-51).

María espera a su hijo llena de amor y cariño. Lo ama como su Hijo que es y solamente una madre sabe amar a un hijo con todas sus fuerzas.

Pero le ama también como su Dios. Ella sabe que el hijo que va a nacer de ella es el Hijo de Dios y debe «amarle con todo su ser, con toda su alma y con todas sus fuerzas» (Mc 12, 30); poniéndolo a Él como lo pri­mero y lo más importante en su vida, porque solo así está cumpliendo el primer mandamiento.

Estas tres actitudes con las que es­pera la Virgen a Cristo, son la misma que se nos pide a nosotros: fe. Porque él viene a nosotros para salvarnos, entrar en nosotros y ofrecernos la salvación. Alegría, porque viene a salvarnos, debemos sentirnos agra­decidos, pero también alegres por ello. Y amor, porque «amor con amor se paga» y tanto amor como Él nos ha dado y demostrado con su entre­ga a la muerte y en su resurrección, solo podemos agradecérselo devol­viéndole, aunque se muy poco en re­lación con lo grande de su amor, un poco de nuestro amor.

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.