La Madre y nuestro encuentro con Ella

Card. Carlos Osoro            La Iglesia acogió desde el inicio mismo de su misión a la Santísima Virgen María. Nunca sabremos agradecer al Señor el regalo que nos hizo cuando estaba en la Cruz y dijo a Juan: «Hijo, ahí tienes a tu Madre». Y al tiempo nos puso a todos en sus manos al decirle: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Desde aquel «Alégrate llena de gracia, el Señor está contigo» hasta ese sí al pie de la Cruz, la Virgen nos muestra la plenitud que alcanza nuestra vida al ponerla en manos de Dios.

En Madrid estamos celebrando un Año Jubilar Mariano. Por la catedral, que es santuario de la Virgen, pasan creyentes de todos los lugares de España y del mundo y también hombres y mujeres que no creen. Cuando estoy allí, observo que donde más tiempo se quedan mirando, y muy a menudo se sientan, es ante nuestra Madre. Miran a Santa María; allí se sienten reconocidos, queridos, no son extraños, están en la casa de la que es Madre de todos los hombres. ¡Qué alegría da ver que María vive en el corazón del pueblo!

En este tiempo de Adviento os quiero presentar ocho rasgos fundamentales que, contemplando a la Virgen María, descubro como unas bienaventuranzas que el Señor nos quiere entregar:

a) La bienaventuranza de la grandeza que le viene a María de la fe en Dios, aun en momentos de oscuridad. Ella prefiere fiarse de Dios, de un Dios que nos ama incondicionalmente, de un Dios que ha querido establecer su presencia en medio de los hombres y que desea mantenerla a través de la Iglesia.

b) La bienaventuranza de la grandeza le viene también de su amor: nunca dejó de amar, nunca estuvo contra nadie. Incluso cuando vio con sus propios ojos cómo moría su Hijo Jesucristo en la Cruz, Ella continuó amando. Le pidió que fuese Madre de todos los hombres y Ella lo aceptó y visibilizó en el apóstol Juan.

c) La bienaventuranza de la grandeza que le viene de su sencillez: hizo natural lo sobrenatural, fácil lo difícil, simple lo complicado, ordinario lo extraordinario.

d) La bienaventuranza de la grandeza que le viene de su humildad: su elección para ser Madre de Dios no fue motivo para envanecerse, olvidó y nunca tuvo en cuenta lo que la hicieron, como cerrarle las puertas cuando iba a dar a luz.

e) La bienaventuranza de la grandeza que le viene de su obediencia, pues no pretendió determinar la forma de seguir a Dios, sino que dejó que Dios dispusiera de Ella como Él quisiera. Nos lo repite a nosotros en las boda de Caná: «Haced lo que Él diga».

f) La bienaventuranza de la grandeza que le viene de su fidelidad, aun a costa de grandes sufrimientos. Sufrió cuanto humanamente se puede sufrir sin quejarse.

g) La bienaventuranza de la grandeza que le viene de su fortaleza: fue capaz de llevar una cruz encima, cantar el magníficat y hablar con tranquilidad de otras cosas.

h) La bienaventuranza de la grandeza que le viene de saber mantenerse junto a la Cruz de su Hijo como se lo pedía su corazón de Madre, de pie, repitiendo «Hágase tu voluntad» en unas circunstancias que ninguno de nosotros querría para sí mismo.

Ante estas bienaventuranzas, y con ellas, te hago tres propuestas:

1.- ¡Déjate preguntar por Dios teniendo delante a la Virgen María! Recita el magníficat antes de hacerte preguntas. La Virgen María expuso su vida delante de Dios y ante Dios y se dejó preguntar: ¿Dónde estás? ¿En quién y dónde pones el fundamento de tu vida? ¿Para qué y para quién vives? ¿Quién te da luz para hacer tus proyectos o tomar tus decisiones más importantes? ¿Quién te informó de que estás desnudo cuando no vives más que de tus propias fuerzas? ¿Quién te ha dicho que estás vacío? ¿Quién te hace ponerte frente a ti mismo para ver que sin Dios estás vacío y sin sentido? Déjate también hacer esta pregunta: ¿qué es lo que has hecho? ¿Desde dónde lo haces? ¿Qué haces con tu vida? ¿Qué haces por los demás y con los demás?

2.- ¡Atrévete y decídete a vivir como hijo de Dios y hermano de todos los hombres! Experimenta la gran bendición de Dios que es vivir con, por y desde el amor de Dios. Ese amor que se nos ha manifestado y que podemos aprender de Cristo. María es la primera discípula de su Hijo, Ella nos enseña a ser hijos de Dios y hermanos de todos los hombres. A través de Santa María resuena siempre en nuestra vida la llamada a ser santos y a serlo encarnando esa realidad de la santidad en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Esa es la santidad de la puerta de al lado de la que nos habla el Papa Francisco.

3.- ¡Déjate decir por Dios: «Alégrate, el Señor está contigo»! Para ello acerca la vida a nuestra Madre, ponte a su lado y escucha junto a Ella esas palabras que llenan y colman de alegría la vida de un ser humano, cayendo en la cuenta de que Dios cuenta contigo; te ama, desea que tú le hagas presente en este mundo. No temas: como a su Madre, te va a ayudar con su gracia y con su amor, te dará su fuerza para hacer lo que desde tus razonamientos te parece imposible. Solamente hace falta que te sitúes ante Dios como María, dile así: «Aquí me tienes Señor, me fío de Ti y me fío de tu Palabra».

Con gran afecto, os bendice,

 

+Carlos Card. Osoro Sierra,

Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
Acerca de Card. Carlos Osoro 379 Articles
Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.