El Raval: una realidad con esperanza

Card. Juan José Ome­lla           El Raval es uno de los barrios de Barcelona con más demanda de acción social. Esta área, multicultural y rica en diversidad, concentra problemáticas muy representativas de la realidad de la ciudad, a las que se refieren a menudo los medios de comunicación. En poco más de un kilómetro cuadrado viven más de 48.000 personas, una cifra que triplica la densidad media de la ciudad.

La mitad de los vecinos son de origen extranjero. Predomina una clase media empobrecida, con un alto número de familias en riesgo de exclusión social, desfavorecidas y sin esperanza. El 30% de la población está desocupada. El 37% tiene profesiones de perfil bajo. Un 72% de sus habitantes solo tiene estudios primarios. Más de dos mil ancianos viven solos.

Todas estas personas afrontan un día a día difícil, con preocupaciones muy importantes que nos afectan a todos, como el trabajo, la vivienda, los hijos, etc. Esto se mezcla con problemas graves de calidad de vida, de espacio público, de gentrificación y de seguridad.

Afortunadamente, además de la labor que realizan las instituciones públicas, en el barrio del Raval hay unas cincuenta entidades que se dedican a ayudar a estas personas y, además, también hay mucha gente que ofrece su ayuda a nivel individual. La esperanza es la gente. Con personas altruistas conseguiremos una sociedad más digna y cohesionada. Sin esta solidaridad los problemas serían mucho más graves. Tenemos una gran red social muy activa, que no solo está facilitando la unión y la buena convivencia en el barrio, sino que contribuye a reducir problemáticas y, en algunos casos, brotes de violencia.

Muchas de estas actuaciones provienen de la Iglesia: las parroquias, Cáritas, el trabajo de los religiosos y diversas entidades del barrio, en las cuales colaboran muchos cristianos como voluntarios, que ponen en práctica su fe. La actuación de estas entidades de Iglesia, muchas de las cuales he tenido ocasión de visitar, permite cubrir las necesidades básicas de las personas, sin dejar de ofrecer el necesario alimento espiritual. Atienden a las personas que lo necesitan, sin discriminación por razón de procedencia, lengua, raza o religión. En esta labor y trabajo constante está la semilla de una sociedad más humana y fraterna.

Una persona que echa una mano a otra está en la antesala del encuentro con Dios. Quien se acerca a un pobre, a un enfermo, a quien está solo, es al mismo Cristo a quien se acerca, ya que como dice el papa Francisco: «Las personas pobres y débiles son la carne de Cristo» (Visita apostólica del Papa a Georgia, octubre de 2016).

Agradezco a tantas personas y entidades el esfuerzo que hace posible que mucha gente sienta que forma parte de una familia que le ama. Gracias a este esfuerzo, somos y seremos una sociedad acogedora que afronta los problemas dando lo mejor de sí misma. Sentirse parte de una familia es la mejor vacuna para gozar de buena salud en cualquier barrio del mundo. Sintamos que somos «barrio», sintamos que somos «familia».

 

+Cardenal Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.