Así, pues, ¿qué hemos de hacer?

Mons. Fran­cesc Par­do          Faltan pocos días para la celebración de la Navidad.  Durante estos días la Iglesia nos  recuerda la figura señera de Juan Bautista, el precursor, el que preparaba a su pueblo para acoger el Mesías, para acoger a Jesús. La gente que se acercaba a Juan, tras escucharlo, le preguntaba: “Así, pues, ¿qué  hemos de hacer?”. Pienso que es la misma pregunta que nos hemos de formular nosotros para vivir la Navidad cristiana. ¿Para celebrar auténticamente el nacimiento de Jesús, el Salvador, y acogerlo de nuevo hoy en nuestra vida, ¿qué hemos de hacer?

Me atrevo a proponer algunas pautas bien concretas.

  • Recibir el perdón y la paz de Dios en el sacramento de la penitencia. De la misma forma que preparamos materialmente nuestro hogar con todo lo necesario para la fiesta, con mayor razón debemos prepararnos reconociendo hechos y actitudes que deben ser perdonados para que la paz y la gracia de Dios habiten en nosotros.
  • Pensar en las personas queridas, pero también en aquellas que más sufren por falta de bienes materiales o espirituales. Seguramente que muchos de vosotros habréis previsto ofrecer un signo, un regalo, a las personas que amáis y a las que os son más próximas. Muestra palpable de vuestra estima y del deseo de felicidad. Pero es necesario  no olvidar a todos aquellos que debido a su situación personal, por razones de salud, de soledad, por falta de alimentos, de techo, de trabajo…, difícilmente vivirán la Navidad como una fiesta. Del mismo modo que pensamos en la familia, debemos pensar también en la gente de la calle, del barrio o de la ciudad colaborando generosamente en la colecta de Cáritas u otras propuestas solidarias. Nuestras ayudas nos aproximarán en mayor medida al portal de Belén.
  • Hacer el belén. Ciertamente que se trata de cumplir con una tradición, pero en nuestros tiempos es un signo externo de lo que celebramos en Navidad, que no se trata de una fiesta cualquiera, sino de la fiesta del nacimiento de Jesús. Las personas necesitamos de signos para manifestar nuestras convicciones y creencias, y el belén es uno de ellos, porque invita a recordar la narración del evangelio de san Lucas. Al mismo tiempo las figuras tradicionales, además de las evangélicas, indican que Jesús ha nacido para todos. El belén, además, sugiere referirnos al nacimiento, nos motiva a realizar alguna plegaria y muestra que en la familia también deseamos acoger a Jesús.
  • La celebración de la Eucaristía de Navidad, sea la Misa del Gallo, sea la del día de Navidad. Participar en la Eucaristía es la mejor manera de vivir y celebrar el nacimiento de Jesús. De alguna forma la Eucaristía es “ir al portal de Belén”. Jesucristo, en la celebración, no se hace presente como hombre, sino como Señor Resucitado por medio de la comunidad reunida, por su Palabra y por su Cuerpo y su Sangre. En la Eucaristía se unen Navidad y Pascua, porque el niño de Belén es el mismo que dará su vida y resucitará por nuestra salvación.
  • Valorar las tradiciones, como representaciones, pesebres vivientes, conciertos de canciones navideñas… si se llevan a cabo respetando su sentido original ayudan a vivir popularmente estas fiestas a pequeños y mayores.
  • Conseguir que las diferentes celebraciones familiares, entre amigos o compañeros de trabajo… nos ayuden a crecer en estimación y fraternidad.

¡Preparemos la Navidad!

 

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 376 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.