Instrumentos al servicio del anuncio

Mons. Gerardo Melgar              Juan es la «voz que grita en el desierto: Preparad el camino al Señor». Es el medio del que Dios se sirve para que el pue­blo se prepare para la venida del salvador, el que grita lo que tienen que hacer para que el salvador llegue a ellos.

Hoy son muchas las voces que es­cuchamos que nos llaman a una vida que no es precisamente la vida del creyente. Hoy son muchas las voces que es­cuchamos que nos llaman a una vida que no es precisamente la vida del creyente.

Oímos la voz de un mundo sin Dios y sin fe, que vocea a la oreja y al corazón del joven actual; que si se es creyente no se puede ser feliz, por­que la fe coarta la libertad; el hacer e ir por donde uno quiera, cuando es todo contrario la fe nos hace libres y rompe todas nuestras esclavitudes.

Voces de la mundanidad que in­vitan a pasarlo bien a costa de lo que sea, pasando por encima de quien y de lo que sea; lo importante es diver­tirse.

Voces que nos llaman continua­mente al egoísmo, a pensar solo en nosotros mismos y a olvidarnos de los demás y a no complicarnos nues­tra vida con sus problemas, allá cada uno con lo suyo, sálvese quien pue­da, que cada cual se saque sus casta­ñas del fuego.

Voces que desprecian a Dios y la fe en Él como algo inservible e inútil y sobrevaloran el dinero y lo mate­rial como el único dios al que servir y lo único que sirve para todo.

Voces y voces y voces que nos aturden y confunden y señalan otro camino distinto o contrario al cami­no del Evangelio. Voces que tienen que hacernos pensar que en medio de ellas no puede faltar la voz de los cristianos, que con su vida y testimo­nio anuncian a Jesús y su mensaje al hombre de hoy, para que se produzca en ellos la conversión.

Yo, tú, todos, podemos anunciar al Señor como hizo Juan el Bautista. Él gritaba el mensaje de Dios en el de­sierto y llamaba a preparar el camino al salvador. Nosotros estamos todos, como creyentes, llamados a preparar nuestra vida y nuestro corazón para recibir el Salvador que quiere nacer en cada uno de nosotros. Por otra parte estamos llamados a gritar el mensaje de Jesús al hombre de hoy, que vive en medio del mundo tantas veces separado de Dios y su mensaje, pero que lleva en el corazón impreso el sello de Dios, por lo que no pres­cindir de él, porque como decía san Agustín: «Nos hiciste para ti y nues­tro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».

Dios ha querido tener necesidad de nuestra pobre aportación para darse a conocer al hombre actual, para que el mensaje que Él trae lle­gue al hombre de hoy. Él quiere que le prestemos nuestra voz para decir al hombre actual que tiene que cam­biar, que no puede seguir las llama­das de la mundanidad olvidándose de las llamadas que el mismo Dios le hace personalmente. Para ello necesi­ta de nues­tra voz, n u e s t r a vida vivida desde los valores que él trae a este mundo; de nuestro tes­timonio de vida que recuerde, al ser humano del siglo XXI, que Dios quie­re nacer en su vida y en su corazón y que debe disponerse a recibirle, como necesitó la voz de los profetas y de Juan para anunciar a su pueblo su llegada a este mundo.

Nuestro mundo actual necesita oír la voz de Cristo que anuncia un estilo propio y peculiar para aque­llos que quieran seguirle. Esta voz de Cristo va a llegarles a los hombres de hoy a través nuestro, por medio de nuestra voz, de nuestra vida y de nuestro testimonio.

Preparemos el camino al Señor, seamos instrumentos al servicio del anuncio de la llegada de Cristo sal­vador a la vida de los hombres, des­cubrámosles que Cristo viene a curar todo lo enfermo que hay en nosotros y dar sentido a todo aquello a lo que, sin Él, no encontraríamos sentido. Pero para ello es necesario que le recibamos, que le abramos nuestro corazón y le dejemos entrar en nues­tra vida, porque Cristo ya nació hace veinte siglos, pero quiere nacer hoy y ahora en el corazón de todos los se­res humanos del momento actual de nuestra historia.

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.