El verdadero políticamente correcto

Card. Juan José Ome­lla           Europa, y en particular nuestro país, está pasando momentos de crisis política y social que son, en parte, consecuencia de la severa crisis financiera y económica global que comenzó en el año 2007. Ante esta situación, hemos querido encontrar un culpable externo y, poco a poco, nos hemos encerrado en nosotros mismos. No podemos perder la esperanza. Cualquier crisis, una vez descubierta y aceptada, es una gran oportunidad de ponernos todos de acuerdo en lo que es verdaderamente fundamental.

Es el momento de recuperar el sentido más auténtico de la política. El Concilio Vaticano II nos recuerda que la política es un instrumento decisivo al servicio de la persona, de la comunidad y de la convivencia social, que busca siempre el bien común de los ciudadanos (cf. GS 74).

Jacques Maritain (uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos) nos recuerda que la política no es la reunión de los iguales, sino la convivencia y la comprensión entre personas diferentes. Él desarrolla una teoría de la cooperación para mostrar cómo las personas de diferentes posiciones intelectuales pueden alcanzar objetivos comunes.

La diferencia no debe ser fuente de discordia, sino de enriquecimiento mutuo y cooperación. Lo que nos une es mucho más de lo que nos separa. Debemos recuperar el gran valor de la fraternidad. En este sentido, Chiara Lubich, la fundadora del movimiento de los Focolares, decía: «Después de la revolución francesa, y hasta nuestros días, la libertad y la igualdad se han ido desarrollando como verdaderas categorías políticas, lo que no sucedió (…) con la fraternidad. Sólo las tres juntas podrían dar como resultado una política que respondiera a los problemas de hoy».

La democracia es el mejor de los sistemas posibles, siempre que nuestros representantes políticos busquen ante todo el bien común. El problema surge cuando, en lugar de ser un instrumento al servicio de la sociedad, se transforma en una plataforma para acceder al poder, enriquecerse y poder dominar.

Los populismos buscan romper este statu quo y fomentan un clima de polarización y confrontación, que podría interpretarse como una especie de revolución encubierta. El mejor antídoto es volver a la política de verdad, la que busca, por encima de todo, el bien de los ciudadanos. Hay que resolver los problemas evitando la vía del enfrentamiento y sin ceder a la tentación de soluciones mágicas a problemas complejos.

Finalmente, os invito a meditar unas palabras del papa Francisco: «La varita mágica no funciona en política. Un realismo saludable sabe que incluso la mejor clase dirigente no puede resolver todos los problemas en un instante. (…) [Evitemos] las críticas [que] no son constructivas. Si el político se equivoca, díselo, hay tantas formas de decírselo: (…) pero decirlo constructivamente. Y no mirar desde el balcón esperando a que fracase. No, así no se construye la civilización.» (Discurso del Santo Padre en su visita pastoral a Cesena, 1 de octubre de 2017).

Oremos por nuestros políticos y gobernantes a fin de que sean coherentes con su voluntad de servir a todos, especialmente, los más vulnerables y necesitados.

 

+Cardenal Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire.El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño.Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.