El Adviento, la Virgen María y el Pueblo de Dios

Card. Carlos Osoro            ¡Qué fuerza tiene para la vida personal y colectiva entrar en la dinámica salvadora de Dios! El tiempo de Adviento nos introduce en esa dinámica que nos hace amigos del Señor y, por ello, de los hombres; en esa dinámica que engendra y colma siempre de esperanza.

El Papa Francisco nos está advirtiendo con mucha frecuencia de los riesgos que tiene esta historia que estamos haciendo los hombres hoy, como son las múltiples ofertas de consumo que nos llegan. Esas ofertas nos llevan a vivir siempre en la superficie y producen una especie de tristeza existencial, que tiene una manifestación clara en la comodidad del corazón. ¿A qué llamo comodidad del corazón? A no conmoverse con el dolor en tantas personas que viven a nuestro lado, a permanecer encerrados en nuestros propios intereses. ¡Qué tristeza genera olvidarnos de eso que tan bellamente expresa el apóstol san Pablo: «Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos» (cf. 1 Tes 12)!

Esa figura excepcional del Adviento que es la Virgen María, con su sí incondicional a Dios, nos ofrece la novedad más grande, esa que trae salvación y esperanza para todos los hombres sin excepción. Con la misma actitud de escucha que Ella, tomemos conciencia del presente, examinándolo con la luz que nos entrega la Palabra, y sigamos las huellas de todos los que hicieron surcos para hacer presente a Cristo en medio de la historia de los hombres. Hay un Dios que nos libera de toda esclavitud, que nos libra del pecado, que trae la alegría, que nos libera de todo aislamiento y nos convoca a unirnos no por ideas sino en la persona de Jesucristo, que es quien nos propone caminos en los cuales hemos de transitar con la audacia del Espíritu Santo, como lo hizo Santa María. En este sentido, os propongo tres tareas:

1. Asumid la mística de saberos Pueblo de Dios en camino. Como nos recuerda el Papa Francisco, «la vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar la vida a los demás» (EG 10). Y como subrayó el Concilio Vaticano II, «Dios quiso santificar y salvar a los hombres y hacer de ellos un pueblo para que conociera de verdad y le sirviera con una vida santa». Sentirse Pueblo de Dios es saber que tenemos por Cabeza a Cristo, que nuestra identidad es la dignidad y libertad de los hijos de Dios, que nos habita el Espíritu Santo y que hemos de amar como Cristo mismo nos amó. Es cierto que esto no lo saben ni experimentan todos los hombres, pero somos un germen de unidad, de esperanza y de salvación para toda la humanidad. La tarea más grande, que da belleza a esta humanidad, es dar testimonio de Cristo en todas partes, en los caminos en los que los hombres se encuentren, ofreciendo siempre razón de la esperanza y de la vida eterna. ¡Qué responsabilidad saber que, como testigos de Cristo, estamos obligados a confesar delante de los hombres la fe que hemos recibido de Dios por medio de la Iglesia y a extender y defender la fe con palabras y obras!

2. Vivid en la mística del Adviento. Dad esperanza siempre, pero más aún en un momento de la historia en el que en todas las partes de la tierra hay déficit de esperanza. Tengamos la osadía de hacer un anuncio renovado de Dios, que nos ha manifestado en Jesucristo su inmenso amor por todos los hombres hasta dar la vida. El tiempo de Adviento es una nueva oportunidad de gracia que el Señor nos regala; nos rejuvenece, nos da vigor, quita la fatiga y el cansancio. Nos sitúa en el asombro de un Dios que viene y se interesa por cada ser humano, de un Dios que nos rompe los esquemas preconcebidos, que nos llama a la creatividad, que nos reclama la vida para que entreguemos su esperanza a todos los hombres. Hay luz, hay metas y tenemos una que es la más bella: dar la vida amando.

3. Vivid en la mística de la Virgen María. Ella nos convocó a escuchar a Dios por encima de otras voces y propuestas. Dijo sin dudar: «Aquí estoy, Señor», «hágase en mí tu voluntad». Ella activó el inicio de un Pueblo cuya salida por todos los lugares del mundo debía ser misionera, haciéndose presente en todos los escenarios de los hombres, ante toda clase de desafíos que tuvieran. Ella nos invita a tener pasión por la misión. Pero una pasión que nace del encuentro con Jesucristo, que suscita en nuestro corazón el deseo de hacer ver cómo Dios se acerca a todos los hombres. Qué belleza adquiere la Virgen María, contemplarla en la dinámica del éxodo, del don, de salir de sí, de caminar, de sembrar, de suscitar, de no detenerse, de mostrar signos evidentes con su vida de la presencia de Dios, que es la mejor explicación.

La Virgen siempre sale al encuentro, acompaña, toma iniciativas, se involucra, festeja, se adelanta, busca a los alejados, a quienes son excluidos y brinda siempre misericordia, porque ella misma la ha experimentado en su vida. Descubre los pasos de la mística de María como mujer, Madre que acompaña en el camino al Pueblo de Dios. Ha dejado que la iniciativa sea del Señor, mueve su vida porque Dios se lo pide. Se involucra poniendo su vida al servicio de Dios y de todos los hombres. Se dispone a acompañar siempre, leamos así la visita a Isabel. Está siempre atenta a la fecundidad salvadora: hace saltar de gozo a Juan Bautista en el vientre de su prima y que esta reconozca: «Dichosa tú que has creído».

Vivamos de esta forma.

Con gran afecto, os bendice,

 

+Carlos Card. Osoro Sierra,

Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.