¿Qué y por qué podemos esperar?


Mons. Fran­cesc Par­do          Iniciamos hoy, con el tiempo de Adviento, un nuevo año de celebraciones cristianas. El de hoy es el primer domingo de este tiempo litúrgico que culminará con la celebración de la Navidad de Jesucristo. Es por lo que se denomina “adviento”, es decir, tiempo de espera del advenimiento de Jesús, tiempo de esperanza.

Durante estas semanas la Iglesia, por medio de la liturgia, nos señala que debemos pensar y vivir tres advenimientos o venidas: la del nacimiento de Jesús, la venida gloriosa al fin de los tiempos, y la venida del Señor ahora y aquí a nuestra vida. Por lo tanto hay que vivir el hecho de que el Señor ha venido, vendrá y viene a nuestra vida.

Las personas vivimos con pequeñas y grandes esperanzas. Cada uno de nosotros podemos hacer un listado de las que dependen de las situaciones que vivimos, de los objetivos o finalidades que nos hemos propuesto, de las ilusiones o sueños que tenemos. Podemos pensar en esperanzas del ámbito familiar, del trabajo, de los estudios, de las amistades, de la salud, de la valoración y del reconocimiento propio… Pequeñas o grandes esperanzas que motivan nuestras actuaciones.

La pregunta es qué cabe esperar según el tiempo de adviento y la relación que tiene con nuestra vida cotidiana y con la historia de la humanidad.

 

¡Debemos esperar a Jesucristo!

Esperamos que Jesucristo, el Salvador, que ya se ha encarnado en la historia humana, vuelva glorioso para traernos la plenitud de la salvación que nos ofrece con su vida, muerte y resurrección. En definitiva esperamos que  la historia de cada cual y de la humanidad terminará bien y muy bien, porque acabará junto a Dios.

Esta esperanza en “el cielo” en forma alguna nos aleja de la tierra y del compromiso de quererla y transformarla, antes al contrario. Nuestro compromiso es el de luchar contra todo mal, toda injusticia, en definitiva contra el pecado, para asegurar la vida con dignidad, con libertad, con fraternidad de toda persona y de todos los pueblos, tal como Dios desea. Es cierto, pero, que lo hacemos con la convicción de la victoria final de nuestro Dios y de nuestra participación en dicha victoria.

Así mismo también nuestra esperanza es que Jesús siga viniendo a nuestra vida ahora y aquí. Recordemos sus palabras cuando dice que estará con nosotros cada día hasta el fin de los tiempos. Pero ahora viene por medios de signos del todo humanos: la Iglesia, la Eucaristía y los otros sacramentos, las personas a quien queremos y servimos, las situaciones de alegría y de sufrimiento.

¿La esperanza en su gloriosa venida final y su venida hoy en día tiene consecuencias en nuestra vida cotidiana?

Ciertamente que la vida cotidiana será diferente si vivimos en la certeza de la presencia del Señor a nuestro lado en cada momento; y al mismo tiempo si contemplamos que todo lo que hacemos y vivimos se encamina hacia una plenitud de vida y felicidad que no se diluye con “la nada o el todo ha terminado”. Se trata del sentido trascendente que tiene la vida.

 

¿Por qué esperamos?

Fundamentamos nuestra esperanza en la vida, muerte y resurrección de Jesús, que supone ya la victoria sobre el mal, el pecado y la muerte.

Nos mantenemos en esta esperanza gracias al Espíritu que hemos recibido y a la Iglesia, nuestra Iglesia, que es el pueblo de la esperanza en la historia.

¡Reafirmemos nuestra esperanza!

 

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

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