El Adviento

Card. Ri­car­do Blá­quez           Permitidme que recuerde brevemente algunos rasgos sobre el tiempo litúrgico del Adviento, que estamos comenzando. La Iglesia celebra la obra salvífica de Jesús en días determinados. Cada semana en el día del Señor, o “domingo”, conmemora la resurrección de Jesús, y una vez al año celebra la pasión, muerte y resurrección. Es la Pascua del Señor y de la Iglesia, que constituye el centro del año litúrgico. Además, en el círculo del año conmemora todo el misterio de Cristo, “desde la Encarnación y Navidad hasta la Ascensión, Pentecostés y la expectativa de la dichosa esperanza y venida del Señor” (Constitución del Vaticano II sobre la Liturgia, 102).

La fiesta de la Pascua viene precedida como tiempo de preparación por la Cuaresma y, durante cincuenta días, hasta la fiesta de Pentecostés, se prolonga el tiempo de la victoria de Jesús sobre el pecado y la muerte. Pues bien, a imitación del tiempo pascual, el tiempo de Navidad tiene una preparación en las cuatro semanas del Adviento en analogía con la Cuaresma y llega su celebración hasta el Bautismo de Jesús. Navidad recuerda el nacimiento de Jesús y su manifestación; por eso, la adoración de los magos de Oriente y el Bautismo de Jesús identificado en el Jordán por la voz del Padre forman parte de la revelación del Hijo encarnado.

Adviento significa llegada; es el tiempo litúrgico que precede a la fiesta de Navidad. Empezó a celebrarse en España en el siglo IV. Además de ser un tiempo de oración y penitencia, como disposición interior para acoger al Salvador nacido en un establo como un niño pobre, orienta también la mirada de los cristianos al retorno glorioso del Señor. Las lecturas litúrgicas de estas semanas de Adviento unen la memoria de la primera venida largo tiempo esperada y la expectativa de la segunda venida al final de los tiempos. En el Credo profesamos la primera venida con las palabras “nació de santa María Virgen” y la segunda “ha de venir a juzgar a vivos y muertos”. El tiempo litúrgico de Adviento mantiene un equilibrio entre la alegría y la austeridad, entre la conversión a Dios y la esperanza; “nos alegramos porque el Señor está cerca” (Fil. 4,5), que es fuente de paz y de gozo.

El Señor ha venido: “Se ha manifestado la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor al hombre” (Tit. 3, 4; cf. 2, 11-14). “El Señor vendrá”: “Sí, vengo pronto. Ven, Señor Jesús” (Apoc. 22, 20). El Señor viene: “Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa” (Apoc. 3.20). San Bernardo, en su meditación sobre el sentido espiritual del Adviento, escribió: “Sabemos de una triple venida del Señor. Además de la primera y la última, hay una intermedia. Esta venida intermedia es como una senda por la que se pasa de la primera a la última: en la primera, Cristo fue nuestra redención; en la última aparecerá como nuestra vida; en ésta, es nuestro descanso y nuestro consuelo”. La intermedia es oculta, recibida en el corazón; por el amor Dios hace morada en nosotros (cf. Jn. 14, 23). Durante el tiempo entre la primera venida en debilidad y la segunda en gloria Dios no está ausente.

El Prefacio III de Adviento proclama el significado de este tiempo intermedio con las siguientes palabras: “El mismo Señor que se nos mostrará entonces lleno de gloria viene ahora a nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento, para que lo recibamos con fe y por el amor demos testimonio de la espera dichosa del reino”. Podemos comentar este bello texto litúrgico, traduciéndolo a nuestra vida concreta; el Señor se hace presente en cada hombre, particularmente en el necesitado (cf. Mt. 25, 31 ss.); en el que viene de lejos huyendo de la guerra y el hambre, en el que padece desprecio y desamparo, en el que aguarda desesperadamente la oportunidad laboral que no llega, en el que sufre por la ruptura de un amor fracasado. El Señor viene también a nosotros en cada acontecimiento para interpretarnos la historia, como acompañó a los discípulos de Emaús entristecidos por la muerte del Maestro (cf. Lc. 24, 13 ss.).

Celebramos el tiempo litúrgico del Adviento en medio de nuestra vida personal y social. Ni la fe cristiana ni la liturgia están separadas de la existencia concreta con sus penalidades y satisfacciones, con sus fracasos y éxitos, con sus esperanzas y temores. No es difícil concluir a la vista de lo que acontece que vivimos en un tiempo de incertidumbres, en una sociedad con muchas preocupaciones y escasas esperanzas. Pues bien, el tiempo del Adviento nos invita a levantar nuestra cabeza porque se acerca la liberación (cf. Lc. 21, 28). Es posible que a la tristeza suceda la alegría; seremos arrancados de la tribulación. La esperanza en Dios no defrauda.

Nuestro corazón puede estar habitado por la agresividad, el desaliento y el desencanto; y al contrario, con el poder de Dios se derrama en él la serenidad, la paciencia en las pruebas, la decisión para afrontar animosamente las luchas diarias. La vida tiene un rostro distinto con el reconocimiento de Dios y con la alegre esperanza cristiana, que desatendiéndonos de Él y cerrando la mirada a la esperanza anclada en el puerto definitivo (cf. Heb. 6, 17-20). La esperanza cristiana es una fuerza moral que nos mantiene vigilantes ante el juicio último de nuestro Señor y conforta nuestra vida con la promesa de la patria definitiva.

La Virgen María es icono excepcional del Adviento. ¡Que nos enseñe a acoger al Señor en el corazón y a vivir con esperanza!

 

+ Car­de­nal Ri­car­do Bláz­quez

Ar­zo­bis­po de Va­lla­do­lid

Card. Ricardo Blázquez
Acerca de Card. Ricardo Blázquez 70 Artículos
Don Ricardo Blázquez Pérez nació en Villanueva del Campillo, provincia y diócesis de Ávila, el 13-4-1942. Realizó sus estudios en los seminarios Menor y Mayor de Ávila (1955-67) y fue ordenado presbítero el 18-2-1967. Obtuvo el doctorado en Teología por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1967-72) y también estudió en universidades alemanas.Sus 21 años de ministerio sacerdotal se centraron en la actividad docente. Fue secretario del Instituto Teológico Abulense (1972-76), profesor (1974-88) y decano (1978-81) de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, así como vicerrector de la misma. El 8-4-1988 fue elegido obispo de la iglesia titular de Germa di Galazia y nombrado obispo auxiliar de Santiago de Compostela, recibiendo la ordenación episcopal en esa catedral el 29 de mayo siguiente de manos de D. Antonio María Rouco Varela. El 26-5-1992 fue designado obispo de Palencia y el 8-9-1995 obispo de Bilbao.El 13-3-2010 se hizo público su nombramiento por el papa Benedicto XVI como 14.º arzobispo metropolitano y 40.º obispo de Valladolid, sede de la que tomó posesión el 17-4-2010.Desde marzo de 2014 es el presidente de la Conferencia Episcopal Española, organismo del que ya fue presidente entre 2005 y 2008, y vicepresidente entre 2008 y 2014; anteriormente, fue miembro de la Comisión para la Doctrina de la Fe (1988-93) y de la Comisión Litúrgica (1990-93), y presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe (1993-2002) y de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales (2002-05), así como Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca (2000-04).El papa Francisco le creó cardenal en el consistorio del 14-2-2015, con el título de Santa Maria in Vallicella, y le nombró miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (2014), de la Congregación para la Doctrina de la Fe, del Consejo Pontificio de la Cultura y de la Congregación para las Iglesias Orientales (todos en 2015) y de la comisión cardenalicia para la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (2016).Además de colaborar en la redacción de muchos documentos de la Conferencia Episcopal Española, son reseñables sus siguientes publicaciones:La resurrección en la cristología de Wolfhart Pannenberg (1976) Jesús sí, la Iglesia también (1983) Jesús, el Evangelio de Dios (1985) Las comunidades neocatecumenales. Discernimiento teológico (1988) La Iglesia del Concilio Vaticano II (1989) Tradición y esperanza (1989) Iniciación cristiana y nueva evangelización (1992) Transmitir el Evangelio de la verdad (1997) En el umbral del tercer milenio (1999) La esperanza en Dios no defrauda: consideraciones teológico-pastorales de un obispo (2004) Iglesia, ¿qué dices de Dios? (2007) Iglesia y Palabra de Dios (2011) Del Vaticano II a la Nueva Evangelización (2013) Un obispo comenta el Credo (2013)