Comenzamos el Adviento

Mons. Gerardo Melgar              El año litúrgico está divi­dido en varios tiempos en los que conmemoramos un hecho importante de nuestra vida cristiana y de nuestra vida de relación con Dios, que reclama de nosotros unas acti­tudes concretas con las que vivir las exigencias de los mismos: el Advien­to, la Navidad, la Cuaresma, la Pas­cua y el Tiempo litúrgico Ordinario.

Cada uno de estos tiempos litúrgi­cos tiene un significado y nos llaman a encarnar en nosotros como creyen­tes unas mismas actitudes concretas.

En este domingo comenzamos el tiempo litúrgico del Adviento: un tiempo de expectación y esperanza, de espera de la venida del Salvador.

El Adviento tiene un triple signi­ficado y el triple significado pide de nosotros una misma actitud con la que vivirlo.

En el Adviento celebramos el re­cuerdo y la conmemoración de la pri­mera venida de Cristo al mundo. Re­cordamos y conmemoramos que el Hijo de Dios, en ese momento culmi­nante de la historia, puso su tienda entre nosotros y lo hizo por nuestra salvación y para darnos el mensaje de amor del Padre que tanto nos amó que nos envió a su propio Hijo.

Dios había ido preparando a su pueblo por medio de su amor e inclu­so de sus castigos pedagógicos, había acompañado en todo momento a su pueblo, había enviado a los profetas para recordar a su pueblo el camino por el que debían caminar y las acti­tudes que debían vivir para preparar la llegada del salvador definitivo, el salvador que les liberaría de todas sus esclavitudes.

El recuerdo de esta primera veni­da de Cristo nos pide que avivemos en nosotros aquellas actitudes que los profetas recordaron a su pueblo. Pone como modelos de espera los modelos de María, su madre; de Juan el Bautista, que anunció la inminente llegada y de los profetas.

En el recuerdo y en los modelos que esperaron al Salvador, recibimos nosotros la llamada a vivir nuestra vida con verdadera esperanza, con­virtiendo nuestra forma de vivir de acuerdo con las actitudes que los profetas y Juan pedían a su pueblo y la Virgen encarnó en todo momento: llena de fe, de amor y de esperanza.

Un segundo significado del Ad­viento es el de la llegada de Dios a cada uno de nosotros. Dios no solo se encarnó hace 2019 años, Dios se si­gue encarnando en cada uno de no­sotros, Dios quiere entrar en nuestra vida y transformarla de acuerdo con el estilo que Cristo vino a predicar, de amor a Dios y a los hermanos.

También con este significado del Adviento como preparación para que Cristo nazca en cada uno de nosotros pide de nuestra vida las mismas ac­titudes de conversión, de esperanza, de fe y de amor.

Cristo nacerá de verdad en nues­tros corazones si en nosotros somos c a p a c e s de acoger­le y vivir en nues­tra vida el mismo es­tilo de vida de Jesús, que se resume en la vivencia del amor al Padre de Dios y de caridad con los hermanos

Y un tercer significado del Ad­viento como tiempo de esperanza es que nos preparamos para la defini­tiva venida de Cristo al final de los tiempos, que pide de nosotros que estemos en vela, que no nos dejemos llevar ni vivamos desde actitudes mundanas, que no nos quedemos dormidos en las llamadas del mundo a la comodidad y el placer pasajero, porque a la hora que menos pense­mos viene el Hijo del hombre.

Esta definitiva venida de Cristo a nosotros nos está pidiendo que en­carnemos en nosotros aquellas acti­tudes que Cristo nos pone como su estilo propio y que vivamos el espíri­tu de las Bienaventuranzas, viviendo nuestra vida desde la fe y la esperan­za, sabiendo que un día se nos pedi­rá cuenta de lo que hemos hecho y vivido y nos preguntarán sobre todo si hemos amado o no a Dios y a los hermanos.

Vivamos en este Adviento esta triple significación y convirtamos nuestra vida de acuerdo con el estilo que Cristo quiere de nosotros.

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia.Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976.A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional.Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993).En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia.El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana.Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar.De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010).El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.