Un rey de amor

Mons. Jau­me Pu­jol               A partir del Concilio Vaticano II el año litúrgico se corona con la festividad de Cristo Rey. Es una fiesta que no se entendería si aplicáramos a Jesucristo el modelo de realeza tal y como lo entendemos. ¡Es un rey tan diferente!

El Papa Francisco lo hace notar con una lista de paradojas: su trono es la cruz; su corona es de espinas; en vez de cetro, le han puesto una caña en las manos; en vez de ropajes esplendorosos, le quitan hasta la túnica que llevaba; en vez de anillos, lleva clavos en sus manos; en lugar de poseer un tesoro, ha sido vendido por treinta monedas…

Juan Pablo II, en la festividad litúrgica de hoy, se fijaba en el interrogatorio de Pilato. Cuando el procurador romano le pregunta si es rey, Jesús responde afirmativamente, pero añade que «mi reino no es de este mundo» para evitar confusiones. Pilato le pregunta entonces de nuevo sobre su realeza y el reo contesta esta segunda vez: «Yo soy rey, para esto he nacido y he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad.»

Al leer en los Evangelios esta contestación, podría sorprender la relación tan directa que Jesús hace de la verdad con su condición de rey. Pero es que desde que con su encarnación nos reveló que Dios es amor, la verdad de Cristo será la medida de todas nuestras obras, la guía de nuestra conciencia, la brújula de la existencia humana.

Podríamos preguntarnos ahora: ¿dejamos que Cristo reine en nosotros? No reinaría si su trono en nuestra vida estuviera ocupado por otros soberanos, por ejemplo por el amor al poder, al placer, a las riquezas…

Jesús no comparte trono con otros reyes, como el egoísmo, la soberbia, la sensualidad; desea reinar en nuestros corazones para que seamos felices ya en esta vida y en la eternidad. No debemos adorar a modernos becerros de oro: una patria, un coche, un móvil, un crucero… Todo es bueno a la luz de Dios, pero si no le sustituimos a él por intereses egoístas como cuando decimos que no tenemos tiempo para ir a misa, no tenemos dinero para los pobres, no perdonamos a quien nos ofende, no toleramos a quien piensa distinto…

Dios no puede ser sustituido, en la vida de un cristiano, por ninguna bandera ni ningún capricho que no sea la enseña del amor al prójimo. Jesucristo es un rey diferente, que no nos pide sumisión, sino que da la vida por nosotros para que seamos a la vez servidores de nuestros semejantes, comenzando por los que tenemos más cerca.

 

† Jau­me Pu­jol Bal­ce­lls
Ar­zo­bis­po me­tro­po­li­tano de Ta­rra­go­na y pri­ma­do

Mons. Jaume Pujol
Acerca de Mons. Jaume Pujol 324 Articles
Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.