Los voluntarios, un signo de esperanza

Mons. Fi­del He­rráez              Con motivo del Día del Voluntariado, que se celebra el próximo 5 de diciembre, en este mensaje dominical deseo dirigirme a los voluntarios, que de modo tan generoso y tan variado entregan su tiempo y su ilusión para salir al encuentro de tantas realidades y personas en situación de necesidad. Los he encontrado de modo directo y personal en numerosas circunstancias, recientemente con ocasión de la Jornada de los pobres. En otras ocasiones los he ido recordando al comentar diversos aspectos de la vida diocesana. Hoy deseo referirme de modo global a esta hermosa realidad de nuestra Iglesia y de la sociedad en general.

A vosotros, queridos voluntarios, en cualquier campo que trabajéis, quiero expresaros nuestro reconocimiento, nuestra gratitud y nuestra esperanza. Debemos reconocer públicamente vuestra labor y vuestro testimonio para que no pasen desapercibidos en el cúmulo de noticias que nos invaden cada día. Debemos agradeceros vuestra generosidad y vuestro esfuerzo, porque renunciáis a otras actividades personales para ayudar a los más vulnerables. También debo deciros que sois un manantial de esperanza para todos, porque demostráis que es posible construir un mundo mejor.

Hay voluntarios de todas las edades, pero es estimulante mencionar expresamente el protagonismo especial de los jóvenes. En el instrumento de trabajo del reciente Sínodo de los Obispos, celebrado en Roma, se recogía esta constatación de numerosas Conferencias Episcopales: que frente a las contradicciones de nuestra sociedad hay que destacar la sensibilidad y el compromiso de muchos jóvenes que, bajo la forma de voluntariado, ofrecen su deseo y disponibilidad a asumir responsabilidades y a utilizar en favor de las causas más nobles sus talentos, competencias y creatividad. El Documento Final menciona también el voluntariado como un signo de esperanza.

Es impresionante y hermoso recordar todos los campos en los que trabajan los voluntarios: la cooperación al desarrollo, los inmigrantes y refugiados, los mayores solos y dependientes, los enfermos, las personas con discapacidad o en riesgo de exclusión social, las mujeres maltratadas, las personas sin hogar o en situación penitenciaria, la sostenibilidad económica y el medio ambiente… Al contemplar este amplísimo panorama, san Juan Pablo II decía, en el Año del Voluntariado convocado por la ONU, que es «un rayo de esperanza que disipa las tinieblas de la soledad y anima a vencer la tentación de la violencia y el egoísmo». Frente a la cultura frecuente de la indiferencia, los voluntarios no sólo muestran que es posible otro tipo de sociedad sino que la van haciendo realidad.

Como voluntarios están comprometidas personas de las más diversas creencias e ideologías. Todas ellas hacen más humana nuestra sociedad. La Iglesia contempla con simpatía y admiración su aportación. Se alegra de modo especial porque los cristianos han sido con frecuencia pioneros en muchas iniciativas y porque siguen siendo una fuerza pujante y creativa, como manifestación espontánea de la fecundidad del Evangelio. Gracias a ello nuestra Iglesia se manifiesta viva, servidora y samaritana, ofreciendo protagonismo a muchos bautizados. Como dice el Papa Francisco a los voluntarios: «Entre las realidades más hermosas de la Iglesia os encontráis vosotros que cada día, casi siempre de forma silenciosa y oculta, dais forma y visibilidad a la misericordia. Vosotros sois artesanos de misericordia: con vuestras manos, con vuestros ojos, con vuestro escuchar, con vuestra cercanía… En las distintas condiciones de indigencia y necesidad de muchas personas, vuestra presencia es la mano tendida de Cristo al mundo» (Jubileo del Voluntariado, 2016).

Así pues, a vosotros voluntarios cristianos, yo también os animo a que viváis vuestro testimonio a la luz de la fe y a que lo purifiquéis y lo hagáis más fecundo estudiando la Doctrina Social de la Iglesia. Y a todos los que me escucháis os invito a que contempléis el voluntariado como una vocación abierta a todos, para «ayudar unos a sobrellevar las cargas de los otros» (cf. Gal 6,2) , pues todo bautizado puede contribuir a que la misericordia de Dios transforme nuestro mundo desde dentro.

 

+ Fi­del He­rráez

Ar­zo­bis­po de Bur­gos

Mons. Fidel Herráez Vegas
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Fidel Herráez Vegas nació en Ávila el 28 de julio de 1944. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Madrid, donde ingresó en 1956. Fue ordenado sacerdote el 19 de mayo de 1968. Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1968. Es Licenciado (1974) y Doctor (1977) en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense en Roma. Es autor de varias publicaciones sobre Teología Moral Fundamental. Ha desempeñado los siguientes cargos: 1968-1972: Formador, Secretario y Profesor de idiomas del Seminario Menor de Madrid. 1977-1995: Profesor de Teología Moral Fundamental en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequética “San Dámaso” de Madrid. 1977-1995: Director de la Formación Permanente de las Hermandades del Trabajo de Madrid y Consiliario de jóvenes de las mismas. 1977-1996: Capellán de las Religiosas Irlandesas (Instituto de la B.V. María). 1979-1996: Delegado diocesano de Enseñanza de Madrid. 1979-1995: Miembro Asesor de la Comisión Episcopal de Enseñanza. 1983-1995: Secretario Técnico de la diócesis de Madrid para las relaciones con la Comunidad Autónoma en los temas de Enseñanza Religiosa. 1986-1995: Presidente del Consejo diocesano de la Educación Católica. 1986-1995: Representante de los Delegados diocesanos de Enseñanza en el Consejo General de la Educación Católica. 1992-1997: Presidente del Forum Europeo para la Enseñanza Religiosa Escolar. 1993-1996: Catedrático de Teología Moral Fundamental en la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid. 1995-2015: Vicario General de la Archidiócesis de Madrid. Desde el año 2011 es el consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas. El 14 de mayo de 1996 fue elegido Obispo titular de Cedie y Auxiliar de Madrid, recibiendo la ordenación Episcopal el 29 de junio del mismo año. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Comisión Permanente y pertenece a la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 1996. El 30 de octubre de 2015 el papa Francisco lo nombra arzobispo de Burgos, tomando posesión de la archidiócesis el 28 de noviembre del mismo año.