Segunda Jornada Mundial de los Pobres

Mons. Fran­cesc Par­do          “El afligido invocó al Señor, él le escuchó” (salmo 34). Esta expresión del salmo es el inicio del mensaje del papa Francisco en esta segunda Jornada Mundial de los Pobres.

Remarco algunas afirmaciones del mensaje, para que nos ayuden  a vivir el sentido de esta jornada y nos sirvan para revisar nuestras actitudes.

Tres verbos del salmo expresan la experiencia del pobre y su relación con Dios: gritar, responder, liberar.

 

Gritar

La condición de los pobres se transforma en un grito que cruza el cielo y llega hasta Dios. Este grito expresa su sufrimiento y soledad, su desilusión y esperanza.

Hemos de preguntarnos si este grito que llega a la presencia de Dios llega también a nuestros oídos. Atendiendo a si el grito nos deja indiferentes e impasibles.

La Jornada nos invita a hacer examen de conciencia para saber si verdaderamente escuchamos a los pobres.

El Papa sugiere que si somos nosotros los que hablamos mucho, no conseguiremos escucharlos. Porque puede suceder que tantas iniciativas meritorias y necesarias para con los pobres sirvan más como autocomplacencia con nosotros mismos que para acoger su llamada.

Podemos pensar que con un gesto de altruismo, de solidaridad, ya es suficiente para satisfacernos, sin necesidad alguna de un compromiso directo. Esta reacción no sintoniza con su condición.

 

Responder

El salmista dice que el Señor no únicamente escucha sino que responde, tal como atestigua toda la historia de la salvación.

La respuesta de Dios es siempre una respuesta que sana las heridas del alma y del cuerpo, que restituye la justicia y ayuda a retomar la vida con dignidad.

La respuesta de Dios es una invitación a los creyentes para que respondamos de acuerdo a nuestras posibilidades. Es ésta la pretensión de la Jornada Mundial de los Pobres: ser una pequeña respuesta que la Iglesia, extendida por todo el mundo, dirige a los pobres de todo tipo y donde sea que se encuentren, para que no piensen que su grito se ha perdido en el vacío. Puede que sea como una gota de agua en el desierto de la pobreza, pero también puede ser un signo que haga notar la presencia de un hermano o hermana a aquellos que pasan necesidad.

Los pobres necesitan el compromiso personal de quienes escuchan su clamor, que no se limite únicamente a una forma de asistencia —necesaria  sino que exija una atención que honre al otro como persona y busca su bien.

 

Liberar

El pobre, en la Biblia, vive con la certeza de que Dios interviene a su favor para ofrecerle dignidad. La pobreza no se busca, sino que es creada por el egoísmo, el orgullo, la avaricia y la injusticia. Males tan antiguos como el hombre, pero que siempre son pecados que generan consecuencias sociales dramáticas.

La salvación de Dios es una mano extendida hacia el pobre, que ofrece acogida, protege y hace posible la amistad de la cual tiene necesidad. A partir de esta proximidad comienza un genuino itinerario de liberación: “Cada cristiano y cada comunidad son llamados a ser instrumentos de Dios para  la liberación y promoción de los pobres, para que se integren en la sociedad” (La alegría del Evangelio, 187).

Concretando:

  • No consideremos a los indigentes como portadores de inseguridad merecedores de rechazo y alejamiento.
  • Es necesario que los pobres perciban la presencia de quienes que se preocupan por ellos haciéndoles sentir amigos y familiares.
  • Rezar juntos y compartir la comida del domingo así como otras iniciativas.

Los pobres nos evangelizan porque nos ayudan a descubrir la belleza del Evangelio.

 

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 404 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.