Noviembre, mes de los difuntos

Mons. Gerardo Melgar              El mes de noviembre es tradicionalmente el mes dedicado a los difuntos. Los cementerios se lle­nan de gente cargada de flores como muestra del recuerdo y del cariño a lo seres queridos que ya han sido llamados por el Señor.

Casi todos tenemos alguien a quien recordar porque perteneció a nuestra familia: padres, hermanos, o a nuestros amigos; y en este mes nos sentimos no solo obligados, sino como con algo que surge en nuestro corazón lleno de espontaneidad. Los recordamos con cariño y agradeci­miento por todo lo que hicieron por nosotros, recordamos los lazos que nos unieron y lo que compartimos mientras ellos vivían entre nosotros, cuando podíamos gozar de su com­pañía.

Son tantos los recuerdos, la expe­riencia vivida, tanto lo que nos ense­ñaron y aprendimos de ellos, sobre todo de nuestros padres y hermanos. Todo un cúmulo de vivencias, expe­riencias y recuerdos que en este mes se hacen más presentes.

Dice el refrán castellano que «es de bien nacidos ser agradecidos». Nosotros les agradecemos todo lo que hicieron por nosotros, la genero­sidad que nos mostraron siempre y la entrega a fondo perdido con que vivieron en relación con nosotros.

Nosotros, en este mes, queremos agradecerles todo eso, todo lo que vivimos juntos y gracias a lo cual fuimos capaces de madurar armó­nicamente y ser, con ellos, cada día más felices. Tal vez nuestro agrade­cimiento lo ponemos en algo que en nada les ayuda a ellos, aunque les expresemos así nuestro cariño: lim­piamos la tumba, les ponemos unas flores, tenemos un recuerdo especial en estos días para ellos.

Tal vez se nos olvida hacer lo úni­co que les va a servir a ellos, si aún están es ese estado de purificación de los fallos y pecados que, como personas que eran, pudieran haber tenido durante su vida: rezar. Rezar por ellos para que el Señor perdone la pena que merecieron por sus ac­ciones mal hechas o sus debilidades.

Ellos ya no están en un estado en el que puedan merecer ni hacer nada por su purificación. Nosotros sí po­demos ofrecer oraciones, sacrificios, y plegarias por nuestros difuntos para que el Señor les dé la felicidad y el descanso eternos.

Ellos esperan nuestras oraciones, necesitan nuestro recuerdo desde la fe, pidiendo al Señor su eterno des­canso por el ofrecimiento de misas, sufragios y oraciones por ellos y su descanso eterno. Eso sí que les va a servir de verdad.

Poniéndoles unas flores en la tumba ex­presamos nuestro cariño hu­mano ha­cia ellos, que es algo importante, pero con nuestra oración expresamos nuestra fe, la que ellos nos enseñaron: que después de esta vida hay otra mucho mejor, donde ya no es posible ni el luto ni el llanto, ni el dolor; sino la paz y la felicidad eternas. Pero para ello debemos purificarnos del rastro de culpa que dejaron en nosotros los pecados cometidos, para que, una vez purificados, el Señor pueda lle­varnos al lugar de dicha y felicidad que nos tenía preparado.

Desde este medio os animo a to­dos los que hemos recibido la fe y creemos en el Señor a que recemos por nuestros difuntos, que ofrezca­mos eucaristías por ellos y pidamos, en definitiva, al Señor que les purifi­que de todas sus faltas y pecados que pudieran haber cometido mientras vivían, y les lleve a gozar con Él y con todos los santos en la gloria del cielo.

Dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz eterna.

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.