II Jornada Mundial de los Pobres

Mons. Rafael Zornoza     “Este pobre gritó y el Señor lo escuchó” es el lema para laII Jornada Mundial de los pobres.Se celebra el 18 de noviembre. El Papa nos invita vivir esta Jornada Mundial como un momento privilegiado de nueva evangelización. Los pobres nos evangelizan, ayudándonos a descubrir cada día la belleza del Evangelio, de la caridad, del valor de cada persona. Nos dice Francisco: “No echemos en saco roto esta oportunidad de gracia. Sintámonos todos, en este día, deudores con ellos, para que, tendiendo recíprocamente las manos, uno hacia otro, se realice el encuentro salvífico que sostiene la fe, hace activa la caridad y permite que la esperanza prosiga segura en el camino hacia el Señor que viene”[i]. Hay muchos empobrecidos en exclusión social entre nosotros, ciertamente, con graves situaciones laborales y familiares. No podemos olvidarnos de ellos ni un instante. El cristiano no debe hacerse la ilusión de buscar el verdadero bien de los hermanos, si no vive la caridad de Cristo. Aunque lograra mejorar factores sociales o políticos importantes, cualquier resultado sería efímero sin la caridad. Afortunadamente están presentes y generosamente atendidos en nuestras parroquias y en los programas de atención de Cáritas Diocesana, siempre cuidadosos, superándose en atenciones, dadivosos al extremo.

Permitidmeque ponga hoy mi mirada en esos otros pobres y excluidos tan cercanos que viven en una situación de desesperanza y dolor inigualable: los emigrantes que atraviesan el estrecho dejando a su paso un reguero de lágrimas y muertos. No nos hemos acostumbrado ,–¡afortunadamente!—, a la tragedia que nos visita sin cesar. El mundo entero se conmueve ante este sacrificio permanente que nos golpea cada día. El drama de la inmigración sigue golpeando nuestra costa estimulando nuestra caridad cristiana, pero sigue también provocando una gran indignación, angustia y dolor. Sí, migrantes, a menudo en situación administrativa irregular, o de cultura y religión diferente. En cualquier caso, personas, prójimo, y bien cercanos.

 

Muchísimas gracias a la Delegación para los Emigrantes, a los voluntarios de Cáritas y a las asociaciones benéficas, que se vuelcan con generosidad. ¡Gracias! Gracias porque trabajan y denuncian una situación de proporciones inmensas que somos incapaces de abarcar. Queremos escuchar y dar respuesta al “grito de los pobres”. Su rostro es a menudo el de personas que llegan huyendo de la pobreza o la violencia en sus países de origen. Ayudemos especialmente a estos inmigrantes tan abruptamente llegados, compartamos nuestros bienes y nuestro tiempo, ofrezcamos un consuelo reparador para sus heridas, oremos por los difuntos, enterremos a sus muertos. Que en la oscuridad de la noche no les falte el calor ni el consuelo de Dios. Ojalá que puedan decir: “Este pobre gritó y el Señor lo escuchó” (Salmo 34,7). Ha dicho el Papa Francisco. “Para superar la opresiva condición de pobreza es necesario que ellos perciban la presencia de los hermanos y hermanas que se preocupan por ellos y que, abriendo la puerta del corazón y de la vida, los hacen sentir amigos y familiares. Sólo de esta manera podremos «reconocer la fuerza salvífica de sus vidas» y «ponerlos en el centro del camino de la Iglesia»[ii]En efecto, lo primero que necesitan es la mano tendida de un hermanoo, aún mejor, sentirse tenidos ellos mismos por hermanos, iguales, personas con dignidad.  Más aún, en su condición de radical necesidad. Después vendrán las políticas, o no. Mientras tanto, la misión de los cristianos no puede terminar con un socorro asistencial. Tocar la carne de los pobres conduce a compartir también la convivencia, a escuchar e integrar. El servicio a los pobres puede ser un camino providencial para encontrarse con Cristo, porque el Señor recompensa con creces cada don hecho al prójimo (cf. Mateo 25, 40).

Como ciudadanos responsables que buscan el bien social busquemos la justicia y reclamemos asimismo sus derechos.  Resulta incomprensible que los problemas no tengan solución si hay conciencia humanitaria y voluntad de ayudar. Es evidente que hay criterios y posturas políticas discutibles y diferentes. Precisamente por ello se ha de dialogar en los foros políticos y sociales, y actuar. Es urgente, no obstante, que se tomen las decisiones políticas necesarias que resuelvan este problema que afecta a todos y determina el presente y futuro de la sociedad.

El espíritu del mundo altera la tendencia interior a servir desinteresadamente e impulsa a satisfacer los propios intereses particulares.Intensifiquemos por nuestra parte la atención al prójimo; pongamos en ello nuestro corazón y acción. No es fácil desarrollar hoy una cultura de la solidaridad, pero la persona doliente no puede esperar. En este campo, como en las demás iniciativas de solidaridad, son innumerables las iniciativas que diariamente emprende la comunidad cristiana.Por añadidurala colaboración con otras personas y grupos que no están motivadas por la fe sino un noble deseo humanitario, hace posible brindar una ayuda mayor que solos no podríamos realizar.El diálogo entre las diversas experiencias y la humildad en prestar nuestra colaboración sin ningún tipo de protagonismo, es una respuesta plenamente evangélica que podemos realizar.

Muchos necesitados encontraron en esta Jornada de los Pobres celebrada ya el año pasado el calor de una casa, la alegría de una comida festiva y la solidaridad de cuantos quisieron compartir la mesa de manera simple y fraterna. Hagamos lo posible para que de ahora nuevo redescubramos el valor de estar juntos con cercanía y sencillez, y de ayudar a los demás bajo el signo cristiano de la alegría.Nos mueve la fe y el imperativo de la caridad que nos impulsa a conducir a todos hacia Dios y a la santidad. Quien se presta a servir en las manos de Dios es instrumento para que se reconozca su presencia y su salvación, convencidos de que los menesterosos son una presencia real de Jesús entre nosotros. «Cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo» (Mt 25, 40).

En la medida en que seamos capaces de discernir el verdadero bien seremos ricos ante Dios, además de sabios ante nosotros mismos y ante los demás. Así es: cuando se logra dar el sentido justo y verdadero a los bienes, a nuestro tiempo y a nuestra vida, cuando somos capaces de amar, cuando sabemos compartir, crecemos en humanidad.  “Hay más felicidad en dar que en recibir” (Hech 20,35), dijo el Señor. El creyente experimenta una profunda satisfacción siguiendo la llamada interior de darse a los otros sin esperar nada. No echemos en saco roto esta oportunidad de gracia. Intensifiquemos nuestra caridad.

 

+ Rafael Zornoza Boy

Obispo de Cádiz y Ceuta

Mons. Rafael Zornoza
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RAFAEL ZORNOZA BOY nació en Madrid el 31 de julio de 1949. Es el tercero de seis hermanos. Estudió en el Colegio Calasancio de Madrid con los PP. Escolapios, que simultaneaba con los estudios de música y piano en el R. Conservatorio de Madrid. Ingresó en el Seminario Menor de Madrid para terminar allí el bachillerato. En el Seminario Conciliar de Madrid cursa los Estudios Teológicos de 1969 a 1974, finalizándolos con el Bachillerato en Teología. Ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1975 en Madrid fue destinado como vicario de la Parroquia de San Jorge, y párroco en 1983. Impulsó la pastoral juvenil, matrimonial y de vocaciones. Fue consiliario de Acción Católica y de promovió los Cursillos de Cristiandad. Arcipreste del Arciprestazgo de San Agustín y miembro elegido para el Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Madrid desde 1983 hasta que abandona la diócesis. Es Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde también realizó los cursos de doctorado. Preocupado por la evangelización de la cultura organizó eventos para el diálogo con la fe en la literatura y el teatro e inició varios grupos musicales –acreditados con premios nacionales e internacionales–, participando en numerosos eventos musicales como director de coros aficionados y profesor de dirección coral. Ha colaborado además como asesor en trabajos del Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal. En octubre de 1991 acompaña como secretario particular al primer obispo de la de Getafe al iniciarse la nueva diócesis. Elegido miembro del Consejo Presbiteral perteneció también al Colegio de Consultores. Inicia el nuevo seminario de la diócesis en 1992 del que es nombrado Rector en 1994, desempeñando el cargo hasta 2010. Ha sido profesor de Teología en la Escuela Diocesana de Teología de Getafe, colaborador en numerosos cursos de verano y director habitual de ejercicios espirituales. Designado por el S.S. el Papa Benedicto XVI obispo titular de Mentesa y auxiliar de la diócesis de Getafe y fue ordenado el 5 de febrero de 2006. Hay que destacar en este tiempo su dedicación a la Formación Permanente de los sacerdotes. También ha potenciado con gran dedicación la pastoral de juventud, creando medios para la formación de jóvenes cristianos, como la Asociación Juvenil “Llambrión” y la Escuela de Tiempo Libre “Semites”, que capacitan para esta misión con la pedagogía del tiempo libre, campamentos y actividades de montaña. Ha impulsado además las Delegaciones de Liturgia, Pastoral Universitaria y de Emigrantes, de importancia relevante en la Diócesis de Getafe, así como diversas iniciativas para afrontar la nueva evangelización. Pertenece a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española –encargado actualmente de los Seminarios Menores– y a la Comisión Episcopal del Clero. Su lema pastoral es: “Muy gustosamente me gastaré y desgastaré por la salvación de vuestras almas” (2Cor 12,13). El 30 de agosto de 2011 se ha hecho público su nombramiento por el Santo Padre Benedicto XVI como Obispo electo de Cádiz y Ceuta. El 22 octubre ha tomado posesión de la Diócesis de Cadiz y Ceuta.