Dos viudas que comparten lo que tenían para vivir

Mons. Gerardo Melgar              En la Palabra de Dios de este domingo aparecen dos viudas como modelo de lo que debe ser el des­prendimiento y el com­partir para ayudar a alguien necesi­tado o a las necesidades de la Iglesia.

La primera es aquella viuda de Sarepta que Elías se encontró cami­no del monte a coger leña para hacer el último pan con el último aceite para ella y para su hijo y luego mo­rir los dos. Elías le pide que primero le haga un panecillo para él y luego ya lo hará para ella y su hijo. Aquella viuda lo hizo como le pidió Elías y ni la harina se acabó, ni la alcuza de aceite se agotó.

La otra viuda es la que Jesús ob­serva en el templo y que, a diferencia de los ricos que echaban en el arca de las ofrendas buenas limosnas, echa dos monedas que era todo lo que te­nía. Y Jesús alaba la conducta de la viuda que echó la que menos, pero echó la que más, porque echó como limosna todo lo que tenía para vivir.

Una pregunta que nos hemos he­cho casi todos es hasta dónde debe­mos compartir con los pobres y nece­sitados, o hasta dónde tenemos que desprendernos para dar a Cáritas o a la Iglesia para que pueda mantenerse y atender todas las necesidades que tiene.

Casi siempre tenemos la sensa­ción de que nos quedamos cortos, porque a lo mejor es verdad; que cuando pasan el cestillo en la Iglesia miramos a ver si encontramos la mo­neda más pequeña, de las que ya no damos ni cuando vamos a la compra, para echarla en el cestillo y eso, in­cluso, cuando se pide para una cau­sa que necesita mucha solidaridad como es Cáritas o la misiones, o en la Campaña contra el Hambre en el mundo etc.

No sé dónde leí una vez que un niño había ido con su madre a misa y se fijó en lo que echó su madre en el cestillo de la colecta y vio que echaba una moneda de cinco céntimos. Salen de misa y su madre comenta lo abu­rrido que le ha resultado el sermón del cura y el niño le contesta: ¿Qué más puedes pedir por cinco cénti­mos que has echado en el cestillo?

La solidaridad y el compartir de­ben llegar no a tranquilizarnos dan­do unas monedas, o rebuscando los bolsillos para encontrar unos centi­millos, que ni nos quitan ni nos po­nen, como mucho nos quitan peso en los bolsillos.

Jesús, con la alabanza que hace de aquella viuda pobre que echa poco pero echa lo que tenía para vivir, nos está diciendo que no hemos de com­partir solo de lo que nos sobra, sino que el compartir debe ser hasta que nos duela.

Tenemos que ser muy sensibles a las necesidades y necesitados que nos rodean: parados, emigrantes, gente que no tiene para comer y que rebusca en los contenedores para te­ner algo que llevarse a la boca.

El Señor nos llama a ser genero­sos con los que nos necesitan, a dar hasta que nos duela; a dar no solo de lo que nos sobra, sino de aquello que nos hace falta a nosotros, porque la caridad cristiana no son solo buenas palabras; la caridad cristiana hemos de materializarla en la limosna, en ayudar con nuestros bienes también a aquellos que no tienen, en dar a la parroquia algo de lo nuestro para que tenga con qué socorrer a los que diariamente acuden a ella en busca de ayuda. El Señor compensará de mil maneras nuestra generosidad, porque Él es el mejor pagador.

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.