¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?

Mons. Gerardo Melgar              En esta ocasión es aquel escriba, un entendido de la Ley, el que se dirige a Jesús para preguntarle: ¿Cuál de todos los man­damientos es el primero, el más im­portante?

Jesús inmediatamente le respon­de que el más importante de todos es este: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser. El segundo es este: amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay manda­miento mayor que estos».

Amar a Dios supone interesarnos por Él; dejar que Él entre en nuestra vida y la transforme según sus desig­nios; que lo que Él nos pide que guar­demos se convierta para nosotros en la norma suprema de nuestra vida; que Dios sea el más importante en nuestra vida y solo a Él sirvamos. Se trata, por tanto, de que Dios sea real­mente importante en nuestra vida y que en caso de conflicto sea a Dios a quien sirvamos por encima de todo.

Este primero y más importante de los mandamientos tenemos que con­trastarlo con nuestra vida y pregun­tarnos cada uno de nosotros como seguidores de Jesús: ¿realmente Dios es alguien muy importante para mí? ¿Me importa más lo que Dios me puede estar pidiendo que lo que yo haga o viva? ¿Realmente, en mi vida de cada día, en mi conducta, en mi forma de actuar, dejo que Dios actúe en mí y trato de ajustar mi vida a lo que Dios quiere de mí?

Amar a Dios sobre todas, con todo nuestro corazón, con nuestra alma y con todas nuestras fuerzas, realmen­te supone un estilo peculiar de vivir. Es el estilo de vivir de Jesús, que por encima de su propia voluntad, ante todo y sobre todo estaba la voluntad y los planes de Dios sobre él.

Si queremos de verdad ser autén­ticos creyentes tenemos que pregun­tarnos muchas veces ¿Qué es lo que Dios pide de mí?, o como decía santa Teresa haciéndose esa misma pre­gunta: ¿Qué mandáis hacer de mí? Y cuando hemos descubierto lo que el Señor quiere de nosotros, ponerlo en práctica, porque como decía Cris­to en el Evangelio: «No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» (Mt 7, 21. La fe es una vida que hemos de vivir; la fe muerta, no sirve para nada.

Jesús, a este mandamiento más importante, añade en su respuesta un segundo que es semejante a este: «amarás a tu prójimo como a ti mis­mo». Es el mandamiento que Jesús va a convertir en el mandamiento nue­vo, en la enseña por la que se cono­cerá a los que somos sus seguidores, porque como decía San Juan: «Si al­guno dice: “Amo a Dios”, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve» (1 Jn 4, 20).

El amor al prójimo completa el estilo de vida que el Señor nos propone en el primer mandamiento, porque el amor a Dios debe llevarnos al amor a los hermanos y el amor a los herma­nos debe ser una exigencia que brota del amor a Dios. Por eso, se comple­mentan mutuamente.

El amor a los hermanos es tam­bién un estilo propio de quien sigue a Jesús, que continuamente hemos de traducirlo en algo muy concreto, en una comprensión del otro, en un per­dón del hermano, en un estar al lado de quien nos necesita para ayudarlo.

Este es el camino que Cristo nos ofrece. Un camino no fácil de hacer realidad, pero si fuéramos nosotros solos los que lucháramos… pero no estamos solos, el Señor y su gracia nos acompañan en todo momento para que seamos capaces de recorrer el camino según Él nos pide.

De la mano de nuestro salvador y con su gracia seremos capaces de anteponer a Dios a todos los demás intereses y estaremos en disposición de amar a los demás como Él nos ama. Pidámosle hoy al Señor la gra­cia de amar a Dios y a los hermanos, como Él lo hizo.

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

 

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.