¿Cómo hablar hoy de Dios?

Mons. Fran­cesc Par­do          Esta pregunta se ha planteado en el Sínodo de obispos sobre les jóvenes y la fe. Se plantea con frecuencia en las reuniones de sacerdotes, de catequistas, de consejos pastorales. De hecho es una pregunta que se plantea de diversas formes: ¿Cómo hablar de Dios a los niños, a los jóvenes, a los enfermos, a quienes le han olvidado, a los indiferentes?

El anuncio del Evangelio, hoy misión prioritaria, nos pide hablar de Dios y es en ese punto cuando aparecen los interrogantes. ¿Puede ser Dios un tema de conversación? ¿Se puede hablar de Dios como se habla de los resultados de la “Champions” o del tiempo? ¿La misma boca que le pide un aperitivo, una bebida o cómo está de salud… puede comunicar algo de la divinidad?

Quizás sería mejor, puede alguien pensar, dejar que hablen los filósofos, los teólogos, los sacerdotes, los obispos, los especialistas, y no los cristianos normales y corrientes. Sin embargo anunciar a Dios y dar testimonio de Él corresponde a todos los bautizados.

El cómo hablar de Dios hoy nos lleva a preguntar por los destinatarios: ¿hablar a quién? Es evidente que no se habla de Dios de la misma forma a un niño, que a un joven, un adulto, un enfermo, un ateo, un indiferente o un “pasota”.

Cuando hablo con alguien es preciso dejarme afectar por su situación, sin prestar atención a la persona concreta, por mucho que hable, no seré escuchado ni comprendido.

Debemos preguntarnos si no será necesario antes hablarnos de Dios a nosotros mismos. No podemos hablar de Dios sin haberlo escuchado y estar en comunicación con Él.

Al mismo tiempo nos damos cuenta de que es necesario hablar de Dios hoy en día, y de ahí que explicitemos que se trata de “una nueva evangelización”. Hoy hemos de hablar a pueblos “descristianizados”. Somos enviados a europeos (catalanes) bautizados muchos de los cuales han olvidado su bautismo. Misión difícil porque muchos creen que ya conocen de alguna forma a Jesucristo, que ya han oído hablar de Dios, y es por ello que no escuchan ninguna Buena Noticia. Algunos pueden preguntarse si el Evangelio puede ser escuchado en nuestra sociedad. Sin embargo, esta dificultad la vive cada generación. San Agustín lo afirma en sus Confesiones: “¿Qué puedo decir cuando hablo de Vos? Y lo contrario: ¡Ay de los que callan, porque no son más que charlatanes mudos! ¿Cómo podemos hablar de Dios si tampoco podemos callar?

  • Habiendo hecho experiencia personal de Dios por medio de la plegaria, de la escucha de su Palabra, de las celebraciones de la fe, de la actitud de amor hacia los hermanos. Sin tal experiencia personal, vital, no podemos hablar de Dios.
  • Hay que estar convencido de que Dios no está ausente o alejado de las personas, nos ha modelado a su imagen, y por eso toda persona busca a Dios siguiendo uno u otro camino; incluso por caminos equivocados o haciéndose dioses a su medida.
  • Toda persona desea amor, vida sin límites, felicidad, justicia, paz, fortaleza… y que la muerte no sea la última palabra de una vida empapada de sentimientos, trabajos, alegría, sufrimiento. Si se ha probado, porque no preguntarse por la plenitud. Es la pregunta por la Salvación, por Dios.
  • Sobre todo hay que hablar de Dios como lo hacía Jesús por medio de la vida, hechos y palabras; con un lenguaje entendedor que llegue al corazón provocando el hacerse preguntas y ofreciendo la propia experiencia.

 

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 404 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.