San Narciso y los testigos de hoy


Mons. Fran­cesc Par­do          Transcribo un fragmento del sermón del abad Oliba: “ya que hoy se nos manifiesta con tanta resplandor la solemnidad del confesor de Cristo y apóstol y mártir nuestro, demos gracias y alabanzas al Creador omnipotente y encomendémonos a las oraciones de aquel Narciso, auténtica flor del paraíso. Amemos lo que amó, creamos en todo aquello que él nos predicó de palabra e imitemos todo lo que nos enseñó con sus obras”.

Narciso, confesor y testimonio de la fe cristiana, me sugiere que los testigos han continuado hasta nuestros días y por ello es necesario el reconocimiento y gratitud a los testigos de hoy.

En esta fiesta, demos gracias a todos los hermanos y hermanas por su testimonio cristiano, con frecuencia en situaciones familiares, sociales, profesionales, en círculos de amigos, entre los que se respira frialdad religiosa, la sospecha que la fe no es Buena Noticia, el abandono de la Iglesia, y también una buena dosis de ignorancia sobre la propuesta cristiana.

He palpado el esfuerzo de padres y madres por transmitir la fe a sus hijos, y también su sufrimiento cuando, aparentemente, éstos dejan de creer, de rezar o de celebrar la fe.

Soy testigo del interés de muchos abuelos que recuerdan a los padres, a sus hijos e hijas, que es muy importante educar a sus nietos como cristianos.

Conozco y valoro el gran esfuerzo de la mayor parte de sacerdotes y diáconos por ofrecer a Jesucristo a las personas. No es solo por un interés personal en conseguir méritos o reconocimientos sino por amor al prójimo. Y cuando se ama, se da todo lo que vives, posees y consideras como un gran tesoro que ofrece vida, sentido, amor, fortaleza, esperanza y felicidad.

Desde san Félix, el primer mártir, pasando por san Narciso, hasta hoy, nuestras parroquias se han esforzado en dar firme testimonio de Jesús. Es justo mencionar la responsabilidad de los consejos pastorales, de la misión educadora en la fe de tantos y tantos catequistas, de los responsables de la liturgia, de los visitadores de enfermos; aquellos que han asumido responsabilidades al servicio de quienes más lo necesitan, de las Caritas parroquiales y otras instituciones.

No olvido, antes al contrario, a los responsables de acompañar a los jóvenes ayudándoles a descubrir a Jesucristo por medio de actividades pastorales propias. En estos momentos, en las parroquias, en la universidad, en las escuelas, tenemos el gozo de contemplar el proceso personal de chicos y chicas que se dan cuenta y viven lo que significa la propuesta cristiana. Igualmente reconozco el trabajo de las escuelas cristianas y el esfuerzo de los movimientos de educación cristiana en el tiempo libre.

También quiero dar las gracias a las comunidades de religiosos y religiosas, por su vida consagrada a Dios y al servicio de los demás; por sus compromisos de plegaria, pobreza, castidad y obediencia, siendo un referente para todos nosotros.

Al mismo tiempo, y en alguna forma, son también testigos de la propuesta de Jesús aquellos que, sin nombrarlo, sin tener conciencia de una fe explícita, tanto en su entorno personal como profesional y social ejercen obras de misericordia.

Celebrar san Narciso nos recuerda que hoy, nosotros, hemos de ser también testigos del Evangelio de la salvación.

¡Gozosa fiesta de san Narciso!

 

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

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