“He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe” (2 Tim 4, 7)

Mons. Àngel Saiz Me­ne­ses          Un año más nos acercamos a la celebración de la fiesta de Todos los Santos y la conmemoración de los Fieles Difuntos. Son fechas para el recuerdo, en las que se reaviva el sentimiento religioso, así como el recuerdo de los familiares y amigos que nos han dejado. Fechas propicias para reflexionar sobre la vida y la muerte, sobre el sentido de la existencia y el más allá, sobre la orientación que damos a nuestra propia existencia. Todo ello en medio de un ambiente en que la muerte se va convirtiendo en una especie de tabú, un tema casi prohibido en nuestras conversaciones, algo de lo que es mejor no hablar. Paradójicamente se intenta esconder el hecho más universal, el más seguro, porque a todo ser humano le llega un momento en que muere, ya que la realidad de la muerte es algo que está unido indisolublemente a la existencia.

La muerte nos produce temor porque significa un tránsito hacia algo que ignoramos en buena parte y que además, no podemos controlar; hasta ahí no llegan los avances de la ciencia y de la técnica. De tanto en tanto me gusta recordar que desde nuestra perspectiva creyente, no consideramos al ser humano como el producto de una evolución ciega, sino como el fruto de un designio de amor. Fruto del amor de Dios y de sus padres. Más aún, para el cristiano, la vida y la muerte están iluminadas por el misterio pascual del Señor, por la muerte y resurrección de Cristo. Esa es la perspectiva desde la que planteamos nuestra existencia y desde esa esperanza contemplamos el más allá. Por eso procuramos vivir con intensidad cada momento, desarrollando los talentos que Dios nos ha dado.

Eso no significa que nuestra vida esté exenta de dificultades, de problemas, de sufrimientos o de persecuciones. San Pablo escribió su segunda carta a Timoteo desde la prisión esperando ser juzgado.. Es consciente de que su muerte es inminente, y la acepta con plena conciencia. Está preparado y considera la muerte como una ofrenda de su vida. Con serenidad dirige una mirada retrospectiva y constata que no han faltado persecuciones y padecimientos en su ministerio, pero siempre ha experimentado la presencia del Señor, que le fue salvando en cada circunstancia.

Lo más importante es el resumen que le brota espontáneamente: “He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe”.Por eso puede aguardar con tranquilidad la corona del vencedor y que el Señor, por quien se ha gastado y desgastado en su fecundo ministerio, le lleve a su reino celestial. A lo largo de su vida ha servido a Cristo, predicando su evangelio; ha administrado los misterios de Dios; se ha mantenido fiel y firme ante todo tipo de adversidades; se ha entregado hasta el final al servicio de los hermanos. Por eso al final del camino, a punto de llegar a la meta, se dirige sereno y lleno de confianza a la casa del Padre, al encuentro definitivo con Cristo, después de una trayectoria extraordinariamente fecunda.

Nuestra existencia aquí en la tierra es un don de Dios; nuestro tiempo es un talento que debemos hacer fructificar. Vale la pena vivir intensamente, llenando de fe, esperanza y amor las cosas pequeñas y grandes de cada día, superando las dificultades, alcanzando los objetivos, comprometiéndonos con un ideal de altura; vale la pena recorrer la carrera de la vida al ritmo que Dios nos marque, en compañía de los hermanos; vale la pena conservar la fe, con fidelidad, con firmeza, con valor. Procuremos en estos días mantener la tradición de visitar los cementerios y de rezar con afecto por nuestros difuntos, de renovar nuestra fe en Dios y en la vida eterna, de ofrecer un testimonio de esperanza a nuestros coetáneos. Y que al final del camino, como san Pablo, lleguemos con paz y alegría a la meta de nuestra peregrinación.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.