Domund: cambia el mundo


Mons. Ca­si­mi­ro Ló­pez Llo­ren­te           Octubre es el mes misionero por excelencia. Su momento central es la Jornada del Domund, el Domingo Mundial de la Misiones, que este año celebramos el día 21 de octubre. Organizada por las Obras Misionales Pontificias (OMP), esta Jornada quiere promover el compromiso de los cristianos para que el anuncio del Evangelio llegue a todos los ámbitos del mundo, junto con el cambio y la promoción social que conlleva. Este día debería servir para renovar y potenciar nuestro recuerdo agradecido, nuestra oración sincera y nuestro compromiso solidario con tantos misioneros y misioneras, que, siguiendo la llamada del Señor, lo han dejado todo y entregan su existencia para que la Buena Nueva resuene en todos los continentes. Son muchas y, en algunos casos extremas las carencias y necesidades materiales de los misioneros en el cumplimiento de su tarea evangelizadora y promotora del desarrollo completo de las personas, en especial de los más pobres.

El lema del Domund de este año reza “Cambia el mundo”. Los misioneros y las misioneras son un ejemplo de que el cambio del mundo es posible. Su encuentro personal con Jesucristo y la acogida de su Evangelio cambiaron su corazón y les impulsó a salir a la misión para anunciar el Evangelio y testimoniar con su entrega su fe en Cristo, único Salvador del hombre. Quien se ha encontrado personalmente con Jesucristo, el Camino, la Verdad y la Vida, no puede retenerlo para sí; atraído por el amor de Cristo se siente impulsado a anunciarlo a otros por la palabra y por el testimonio de vida. Ellos, con su entrega y compromiso misionero en el anuncio del Evangelio, cambian la historia de cientos de personas. Personas que quedan transformadas en su corazón por el encuentro con Jesucristo y que a su vez transforman otras vidas. Es un cambio silencioso, a largo plazo, que empieza ahora, y que mueve el mundo. La superación de los egoísmos y de los odios entre personas y pueblos, la eliminación de estructuras injustas y de pecado y de la cultura del “descarte” de los más pobres sean personas, sectores de la sociedad o pueblos, comienza siempre por el cambio de los corazones, por la conversión de corazón a Dios y la acogida del amor y de la gracia de Dios manifestado y ofrecida en Cristo.

Como dijo el papa Francisco: “La misión es envío para la salvación, que realiza la conversión del enviado y del destinatario; nuestra vida es, en Cristo, una misión. Nosotros mismos somos misión porque somos el amor de Dios comunicado y somos la santidad de Dios creada a su imagen. Por lo tanto, la misión es nuestra santificación y la del mundo entero, desde la creación” (Discurso a los directores de Obras Misionales Pontificas, 1.06.2018).

Como antaño a los Apóstoles, el Señor nos sigue diciendo hoy: “Id por todo el mundo y anunciad el Evangelio” (Mc 16,15). También en tiempos de especial dificultad para la misión hemos de acoger con renovada confianza estas palabras de Jesús y ponernos con nuevo ardor y esperanza al servicio de la Evangelización. El Domund es una ocasión privilegiada para que todos los integrantes del Pueblo de Dios tomemos conciencia de la permanente validez del mandato misionero de Jesús que llama a la misión sea en la misión ad gentes y o en la misión en nuestra tierra. Un mandato y un envío que valen para todos, porque la misión atañe a todos los cristianos, a toda la Iglesia, a la Diócesis y a nuestras parroquias, a las instituciones y asociaciones eclesiales.

El papa Francisco, en su Mensaje para el Domund 2018, pone como principales protagonistas del necesario “cambio radical” de nuestro mundo a los jóvenes. No lo hace simplemente por la celebración del Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes en este mes de octubre, sino porque está convencido de que la transformación del mundo nace de corazones arraigados en la fe en Cristo y del compromiso misionero de todos los cristianos, y especialmente de los jóvenes. San Juan Pablo II, dirigiéndose a los jóvenes en Brasil, ponía en boca de Cristo esta pregunta: “Para ti, ¿quién soy yo?”. Y añadía: “La vida, el destino, la historia presente y futura de un joven, depende de la respuesta nítida y sincera, sin retórica ni subterfugios” a esta pregunta (Homilía 1.07.1980).

En este día del Domund os animo a mostrar nuestro agradecimiento a todos los misioneros y misioneras, a orar por ellos y a apoyar las vocaciones misioneras. Es siempre actitud misionera salir al encuentro de los demás para anunciar a Cristo. ¡Seamos generosos material y espiritualmente con los misioneros en este Día!

Con mi afecto y bendición,

 

+Ca­si­mi­ro Ló­pez Llo­ren­te

Obis­po de Se­gor­be-Cas­te­llón

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