Cambia el mundo

Card. Juan José Omella           El penúltimo domingo de octubre se celebra en todo el mundo la Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND). Es el día en que, de un modo especial, la Iglesia universal reza por los misioneros y colabora con las misiones.

En nuestro mundo podemos ver fácilmente cambios superficiales, que dejan las cosas como estaban, y cambios a peor, porque derivan de acciones injustas y que atentan contra la dignidad del ser humano. Frente a ello, los misioneros nos demuestran que es posible hacer cambios a mejor, profundos y reales. De ahí el lema de este año: «Cambia el mundo».

Esta realidad la he podido volver a comprobar este verano en Madagascar, donde he pasado casi dos semanas compartiendo la vida con los obispos, sacerdotes, religiosos y pueblo de Dios de las diócesis de Ambanja y Diego Suárez (Antsiranana), situadas al norte de esta isla africana con una superficie algo mayor que la de España. El motivo de mi viaje era predicar ejercicios espirituales a los sacerdotes de ambas diócesis. Ello me ha permitido tener un contacto directo con 2 de los 1.113 territorios de misión (un tercio de la Iglesia mundial), cuya vida y labor aún dependen de ayudas externas, tanto económicas, como personales y espirituales.

En Madagascar, visitando diversas escuelas, orfanatos, dispensarios médicos, residencias para leprosos y tuberculosos, monasterios de clausura que empiezan a florecer, parroquias vivas y también comunidades que empiezan su andadura…, uno se da cuenta de la gran labor que realizan nuestros misioneros y misioneras. Son forjadores de esperanza en zonas del mundo donde parece que el cambio es imposible dada la precariedad, la corrupción, la violencia… Ellos, unidos a Jesucristo y alimentados de su Vida, mantienen viva la esperanza de la comunidad y recuperan, poco a poco, la dignidad perdida.

El principal responsable de las Obras Misionales Pontificias es el Papa, y para ello se sirve de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, que convoca esta Jornada Mundial del DOMUND. Sin embargo, el Papa también necesita nuestra colaboración. Una cooperación a tres niveles:

  • Espiritual: Os invito a escuchar y meditar la Palabra de Dios, y a rezar por los misioneros. La oración es el don y la fuerza que necesita la Iglesia para desarrollar la labor misionera cada día.
  • Personal: Quizás recibas la llamada del Señor a ser misionero para anunciar el Evangelio en algún rincón del mundo. Pero no olvides que también es de gran valor la ayuda de los colaboradores y voluntarios misioneros, que dedican su tiempo a informar y sensibilizar a la sociedad sobre la necesidad de la ayuda misionera.
  • Material: Es la colaboración económica de quienes comparten lo que tienen. Te animo a dar sin miedo. Decía santa Teresa de Calcuta: «Da hasta que duela». A través de nuestras aportaciones, es posible el funcionamiento y desarrollo de los territorios de misión para llevar a cabo proyectos sociales y de evangelización. No olvidemos que la Iglesia existe para evangelizar.

Queridos hermanos, tengamos hoy un recuerdo para nuestros misioneros. Os animo a participar desde vuestra parroquia, haciendo vuestro donativo en la colecta de este domingo, que destinamos al DOMUND.

+Cardenal Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.