Un paso más en el compromiso y la comunión


Mons. Jesús Murgui           En el inicio de curso hemos podido retomar el contacto con diversos ámbitos de nuestra variada vida eclesial diocesana.

Así, hemos acogido en Alicante las Jornadas Católicos y Vida Pública, en las que se ha reflexionado sobre asuntos tan candentes como La eutanasia, la dignidad de la vejez, sobre Bioética de la “gestación subrogada” y sus aspectos jurídicos, y las relaciones Fe-Ciencia, en el marco de la Teología de la Creación; importante temario bajo el título que daba nombre a estas Jornadas: “La dignidad de la vida humana”. La celebración de este evento nos ha confirmado en el interés de seguir ofreciendo la Doctrina Social de la Iglesia desde las instancias formativas de la Diócesis.

También en estos días nos ha tocado en suerte vivir la apertura de nuestros Colegios, en cuyo primer acto inaugural nos enriqueció sobremanera la conferencia del director de cine Juan Manuel Cotelo, que nos habló de un tema más actual de lo que parece, “el perdón”, un don y una capacidad más conectados de lo que podemos imaginar con la gran emergencia de nuestra época: educar.

Han sido unos días, además, especialmente señalados por la doble gira
realizada a las cinco Vicarías para ofrecer, una vez más en los inicios del
curso, el Plan Diocesano de Pastoral, dando a conocer a sacerdotes, personas consagradas y laicos las prioridades y propuestas del mismo, a la vez de ser ocasión esto para, en un marco celebrativo, renovar nuestro ofrecimiento al Señor a trabajar en su viña y en el campo del mundo al que nos envía.

Igualmente ha tenido destacada relevancia, en la reciente agenda diocesana, el inicio del curso de nuestro Seminario, en Orihuela; en un año que tiene de especial los primeros compases de la aplicación de la nueva visión que nos ofrece y nos pide la Santa Sede para la formación de los futuros sacerdotes, y en el que tendrá fuerte resonancia el Sínodo de los Obispos que próximamente abrirá sus puertas, presidido por Papa Francisco, con el título: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

¿En qué sentido nos sensibilizan estos acontecimientos pastorales compartidos en estas fechas? Sin duda, nos hacen valorar y agradecer la magnífica respuesta de muchos diocesanos, y los tesoros que, por gracia de Dios, posee nuestra Iglesia. También nos hacen descubrir su gran significación eclesial y su capacidad de crear comunión, algo que es importantísimo sobre todo en unos tiempos, los nuestros, que reclaman no aislarse y sumar fuerzas. Por ello nos sentimos animados a seguir
impulsando una línea de trabajo integradora y en creciente comunión ante la urgencia de transmitir la fe y el gozo del Evangelio a todos, pero especialmente a los niños, los adolescentes, los jóvenes y a los más necesitados y desamparados de nuestra sociedad.

Os animo a secundar la lógica de no caer en nada que nos debilite, nos desvíe, o impida trabajar con fe firme por el Señor y por las necesidades de esta sociedad, pidiendo a Dios que siga moviendo el corazón de algunos quizás adormecidos, y que nos son muy necesarios para servir en diversidad de tareas, desde la catequesis de iniciación cristiana al compromiso caritativo y social, desde la labor en el mundo de la educación y la familia a la promoción necesaria de vocaciones sacerdotales.

El Señor por boca de Papa Francisco nos llama a la misión, a salir de los propios muros y encaminarnos a la increencia y a las periferias de nuestra sociedad, a despertar de la comodidad y de los “cálidos y confortables” círculos en los que tendemos a acomodarnos y, quizás, a adormecernos, empequeñeciendo nuestro compromiso bautismal y la vocación a la santidad. Estamos llamados, a semejanza de nuestro Maestro, a servir y dar la vida por toda una Humanidad que sufre y pasa necesidad, no solo de pan, también de sentido, de esperanza, de Verdad, de Dios.

A todos nos llama y convoca el Señor. Pide nuestra colaboración con Él: en casa, en la escuela, en la comunidad, en la parroquia, en el movimiento o la cofradía, en la sociedad. Importa dar, por Él, un paso más en nuestro despertar a más santidad, más entrega, más compromiso. Vale la pena.

Gracias a todos por lo mucho que ya hacéis; sintamos especial gratitud
hacia nuestros sacerdotes; pidamos todos que el Espíritu Santo nos
enseñe a “comprender que nada hay en el mundo comparable a la alegría
de gastar la vida en el servicio” del Señor (Oración colecta de la misa de S.
Francisco de Borja). Y todo viviéndolo bien unidos a Él, y entre nosotros.

Feliz curso.

+ Jesús Murgui Soriano.
Obispo de Orihuela-Alicante

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