El mundo cambia si cambio yo

Mons. Francisco Pérez            El tema de este año, del DOMUND, es: CAMBIA EL MUNDO. Pero ¿cómo voy a cambiar el mundo si no cambio yo? Cuentan que había un joven apuesto y revolucionario que todo su afán era realizar manifestaciones callejeras con pancartas para cambiar el mundo. Después de un tiempo comprobó que nada cambiaba. Posteriormente comenzó con los familiares. Tampoco cambiaba nada. Ya llegando a una edad avanzada se dio cuenta y dijo: “¡Si hubiera cambiado yo, algo hubiera cambiado!” Nos sucede habitualmente que deseamos cambiar las realidades sin realizar nosotros el primer paso. Lo mismo sucede respecto a la conversión interior o la conversión espiritual. Tal vez queremos hacer el bien y no nos acercamos al Sumo Bien que es Dios, el único que cambia nuestros corazones. La misión primera es la conversión o cambio de vida personal.

El mundo o la sociedad cambiarán en la medida que seamos leales y responsables en el compromiso con el evangelio de Jesucristo. No se entiende un misionero si no está bien afianzado en el amor a Jesucristo. Amor con amor se paga y ¿de qué te sirve hablar del Amado si no has estado con el Amado? Es muy importante en estos momentos de nuestra historia afianzarse bien en Cristo, en su Palabra y en los Sacramentos. Es fundamental, para CAMBIAR EL MUNDO, llevar esta corriente de fuerza que sólo procede de una Fuente inagotable. Nos quejamos que las realidades en la sociedad, en sus diversas facetas, están mal. Y es verdad. Pero hay una razón y tiene un nombre común para cambiarlas y es la entrega generosa sólo y exclusivamente por caridad.

La caridad ha cambiado la sociedad, aunque sea en pequeño, de ser violenta a ser fraterna, de ser egoísta a ser altruista, de ser partidista a ser universal, de ser hedonista a ser más espiritual, de mirarse a sí misma a ser abierta a los indefensos… Y esto nos lo han manifestado los santos. Basta mirar a San Vicente de Paúl o al Padre Maximiliano Kolbe o Santa Teresa de Calcuta. Tantísimos misioneros nos han mostrado un rostro tan bello que sólo puede identificarse con Dios, porque “Dios es Amor” (1Jn 4,8). Ésta es la razón por la que muchos no entienden el verdadero significado de amar, porque no conocen a Dios. El misionero sólo tiene una razón: Amando a Dios puede amar a los hermanos. El mejor ejemplo es Jesucristo que nace por Amor, vive para amar y muere con amor porque “nadie tiene amor más grande que el de dar la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os digo” (Jn 15, 13). El mundo cambiará si el mensaje de Jesucristo se pone por obra.

El Papa Francisco ha escrito un hermoso mensaje con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND) y lo ha dedicado a los jóvenes con motivo del Sínodo de Obispos que se está celebrando en Roma en este mes de octubre del año en curso e invita a transmitir la fe en todos los ambientes: “Esta transmisión de la fe, corazón de la misión de la Iglesia, se realiza por el contagio del amor, en el que la alegría y el entusiasmo expresan el descubrimiento del sentido y la plenitud de la vida. La propagación de la fe por atracción exige corazones abiertos, dilatados por el amor. No se puede poner límites al amor: “fuerte como la muerte es el amor” (Ct 8,6)”. Es un tiempo para lanzarnos a mirar la realidad social como un espacio de nueva evangelización y de una misión sincera para que cada persona encuentre sentido a su vida que sólo en Cristo lo encontrará.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).