El mensaje semanal del Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas           Seguimos con el resumen y comentario de la Exhortación Apostólica “Alegraos y regocijaos” del Papa Francisco, con la que ha querido recordar la llamada que Dios hace a todos y cada uno a la santidad, santidad que ha de hacerse realidad “en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra”. La semana pasada, hablamos, siguiendo al Papa, de dos de los peores enemigos que encontramos en el camino hacia la plenitud de la vida cristiana: de una parte, el gnosticismo que pone la santidad en adquirir un especial conocimiento de Dios, que permanece vedado al común de los cristianos y en el que la trascendencia de Dios queda difuminada. De otra, el pelagianismo que piensa poder alcanzar la santidad gracias a las propias fuerzas, al esfuerzo de la voluntad propia, que hace prácticamente innecesaria la gracia.

En el capítulo tercero de la Exhortación aprendemos, de la mano del Papa, en qué consiste realmente la santidad y cuál es el camino que conduce a ella. A la hora de definir la santidad, resulta indispensable volver la vista a la figura de Cristo “porque sólo Tú eres santo, sólo Tú Señor, sólo Tú altísimo Jesucristo”, como rezamos en el Gloria. En efecto, la santidad consiste en la identificación con Cristo, progresiva y sin límite, hasta alcanzar la “medida de Cristo en su plenitud” (Ef, 4, 13); o como dice  la Exhortación, la santidad se alcanza cuando en nuestras vidas “se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas” (n. 63). No son tanto las obras exteriores las que nos dan la idea exacta de la santidad de una persona, sino el grado de caridad que ha alcanzado, ya que “el que ama ha cumplido el resto de la ley (…) por eso la plenitud de la ley es el amor” (Rom, 13, 8.10). Y el amor a Dios y al prójimo remite a Jesucristo como modelo: “Como yo os he amado, amaos también unos a otros” (Jn13, 34)

El camino para alcanzar la santidad lo señala el Papa con acertada concisión: “Aceptar cada día el camino del Evangelio, aunque  nos traiga problemas” (n. 95). Y esta vía de la santidad se explicita con dos textos del Evangelio. El primero es el “Sermón de la montaña”, cuyo núcleo central está constituido por las Bienaventuranzas, el verdadero “carnet de identidad del cristiano”  (n. 63). El estilo de vida que sugieren, la lógica que las impregna es muy distinta del estilo y de la lógica del mundo. Volver a escuchar la voz de Jesús que las propone en el fondo del alma no puede dejar de golpearnos; representan un desafío y mueven a un cambio de vida. Vale la pena meditar los números de la Exhortación que el Papa dedica a glosarlas (cfr. nn.63-93).

El segundo texto al que nos referimos es el del capítulo 25 de san Mateo que el Papa define como “el gran protocolo” (n. 95), el protocolo sobre el cual Dios nos juzgará. Una palabra sirve para resumirlo: “misericordia”, actitud que brota necesariamente en el corazón cuando se descubre el rostro de Cristo en el pobre que no tiene qué comer ni qué beber; que carece de vestido que lo cubra y de techo que lo proteja; que está privado de compañía y consuelo en el momento de la enfermedad y del abandono; que no cuenta con el auxilio ni de una oración en el momento de la muerte.

El Papa no deja lugar a ambigüedades: el camino de la santidad pasa por la misericordia: “Quien de verdad, dice, quiera dar gloria a Dios con su vida, quien realmente anhele santificarse para que su existencia glorifique al Santo, está llamado a obsesionarse, desgastarse y cansarse intentando vivir las obras de misericordia”. Es difícil escuchar estas palabras y dejarlas caer después en saco roto. Es difícil no sentirse tocado por ellas. Es difícil que no inciten a un sereno pero exigente examen de conciencia y no lleven a modificar algunas de nuestras actitudes. Y es difícil no sentirse conmovidos por otras semejantes de santa Teresa de Calcuta: “Él (Dios) baja y nos usa, a Usted y a mí, para ser su amor y su compasión en el mundo” (n. 107).

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad.Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad.Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988.Es autor de los siguientes libros:- Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983;- Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985;- La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994.Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán.Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo.Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).