¡Haced lo que él os diga! (Jn 2,5)

Mons. J. Leonardo Lemos          Con estas palabras que María dirige a aquellos que servían a los invitados a la boda de Caná de Galilea me dirijo a todos vosotros.

Hermanos sacerdotes,Miembros de los Institutos de Vida Consagrada, de las Asociaciones de Vida Apostólica y de los Institutos Seculares.Responsables de los Grupos, Movimientos y Asociaciones.Seminaristas, tanto de los Seminarios Mayores como los del Seminario Menor de la Inmaculada. A todos los hombres y mujeres seglares que sois la mayoría de nuestro Pueblo.

¡Hermanas y hermanos!
Queremos acoger con espíritu de comunión y de fidelidad lo que el papa
Francisco nos hizo llegar, a través del comunicado de prensa de la Santa Sede, del
pasado 29 de septiembre de 2018. De todos es sabido que la Iglesia está viviendo en
esta temporada una verdadera y auténtica tribulación. Desde ciertos medios, a fuerza de repetir con insistencia hechos acaecidos hace ya muchos años, están queriendo convertir nuestra Iglesia en un basurero lleno de personas sospechosas y malignas, de auténticos depredadores de los que hay que proteger a los niños, a los jóvenes y a las personas más vulnerables. Si bien es cierto que esos hechos innombrables han acontecido en la Iglesia, no lo es menos que se ha pedido perdón, insistentemente, no solo al Dios de la Misericordia, sino también a las mismas personas que han sido víctimas. Están patentes los gestos emblemáticos del anciano papa san Juan Pablo II, de Benedicto XVI y, últimamente, en incontables ocasiones, lo está haciendo el mismo papa Francisco. También en nuestra Iglesia particular hemos realizado gestos significativos en este sentido, de manera especial en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, al finalizar la ordenación sacerdotal de dos nuevos presbíteros en la capilla del Seminario “Divino Maestro”. Este hecho lo he renovado en otras ocasiones, en especial en el Acto Eucarístico programado dentro de la Novena de los Milagros en aquel santuario. También lo he manifestado en varias homilías ante la multitud de fieles congregados.

Lamentablemente, para algunos, estos gestos no son suficientes, de ahí que con
insistencia parece que quieren provocar una reacción en cadena de casos y casos que, dolorosamente, siguen emergiendo a la luz después de haber sucedido hace tantos años. En ocasiones, esos sacerdotes y religiosos ya se apartaron del ejercicio del Ministerio en su momento, otros ya se encuentran en la eternidad. No podemos olvidar, además, que la única institución que ha pedido perdón por estos crímenes ha sido la Iglesia Católica.

A pesar de todo, siguen y siguen, y seguirán “acosándonos” a los de hoy con las
miserias cometidas por los de ayer. Por otra parte, son igualmente dolorosísimas las
noticias en las que aparecen implicados algunos eclesiásticos que, sin rubor, manifiestan a la opinión pública una serie de informaciones que han provocado tanto dolor en el alma del pueblo creyente.

A la luz de todos estos hechos, el Santo Padre nos invita a que volvamos nuestra
mirada a la Reina del Cielo y Refugio de los pecadores para que ampare a la Iglesia y la libre de todos los peligros. Y, junto con el recurso a la Madre de la Iglesia, nos pide que acudamos a la intercesión de San Miguel Arcángel para que sea nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio, que siempre pretende separarnos de Dios y dividir a los hermanos porque él es “príncipe de la mentira” y su nombre significa “división”. Él goza dividiendo y enfrentando a los hermanos.

A la luz de todos estos hechos, el Santo Padre nos invita a que volvamos nuestra
mirada a la Reina del Cielo y Refugio de los pecadores para que ampare a la Iglesia y la libre de todos los peligros. Y, junto con el recurso a la Madre de la Iglesia, nos pide que acudamos a la intercesión de San Miguel Arcángel para que sea nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio, que siempre pretende separarnos de Dios y dividir a los hermanos porque él es “príncipe de la mentira” y su nombre significa “división”. Él goza dividiendo y enfrentando a los hermanos.

A muchos no nos ha sorprendido que el Santo Padre nos pida que recemos
también, al finalizar el Rosario, la oración a San Miguel que durante muchos años los sacerdotes mayores acostumbraban a recitar al terminar la Misa. San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la milicia celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén

Sabemos de la devoción del papa Francisco a este Santo Arcángel al que dedicó
un monumento en los jardines del Vaticano. Os recuerdo las significativas palabras que pronunció aquel 5 de julio de 2013: Miguel – que significa ¿Quién es como Dios? – es la muestra del primado de Dios, de su trascendencia y poder. Miguel lucha para
restaurar la justicia divina; defiende al pueblo de Dios de sus enemigos, y sobre todo
del enemigo por excelencia, el diablo. Y San Miguel vence porque en él es Dios quien actúa. Esta escultura nos recuerda entonces que el mal ha sido vencido(…) En el camino y en las pruebas de la vida no estamos solos, estamos acompañados y apoyados  por los ángeles de Dios, que ofrecen, por así decirlo, sus alas para ayudarnos a superar muchos peligros, para ser capaces de volar alto en comparación con aquellas realidades que pueden hacer que nuestra vida sea pesada o que nos arrastren hacia abajo. En la consagración del Estado de la Ciudad del Vaticano pedimos a San Miguel Arcángel que nos defienda del mal y lo aleje.

Os ruego que acojamos con generosidad este deseo del Santo Padre y que, bien
en comunidad o solos, recemos el Santo Rosario. Aconsejo a los sacerdotes que les
pidáis a los ancianos y enfermos que ofrezcan, además de sus dolores, esta oración
pidiendo por la Iglesia, por el Papa y por los Obispos, especialmente por el de esta
Iglesia particular.

Si en algún lugar falta la presencia del sacerdote, ruego que alguno de los fieles
dirija la oración del Rosario de acuerdo con los consejos del Papa. A los sacerdotes que por razón de su ministerio tengan que atender varias comunidades cristianas, les aconsejo que al finalizar la Eucaristía, después de la bendición final, recen con los fieles por lo menos la oración mariana Bajo tu protección.

Con esta “cadena” de oraciones el Santo Padre desea que todos los fieles
pongamos a la Iglesia bajo la protección de Santa María Madre, no solo para ampararla del maligno sino también para que jamás se vuelvan a repetir semejantes errores y horrores que nos avergüenzan y nos llenan a todos de dolor.

Que María, Madre de la Iglesia, nos ayude a seguir luchando por lograr la
santidad en la vida ordinaria de tal modo que así seremos testigos elocuentes del rostro hermoso de la Iglesia.

Os pido que recéis por mí y os bendigo con afecto.

+ J. Leonardo Lemos Montanet
Bispo de Ourense

Mons. José Leonardo Lemos Montanet
Acerca de Mons. José Leonardo Lemos Montanet 49 Articles
Mons. J. Leonardo Lemos Montanet nació el 31 de mayo de 1953 en la parroquia de Santiago de Barallobre, ayuntamiento de Fene, provincia de Coruña y diócesis de Santiago de Compostela. A los 9 años se traslada con su familia a Ferrol, por destino de su padre, donde realiza los estudios hasta el bachillerato superior. Cursó el COU en el Instituto Xelmírez de Santiago de Compostela al tiempo que realizaba el propedéutico en el Seminario Mayor. Cursará los Estudios Eclesiásticos, siendo ordenado Diácono en el año 1978. En septiembre de ese mismo año será nombrado Formador en el Seminario Menor Diocesano de la Asunción. Desde este momento es socio de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. El 19 de mayo de 1979 será ordenado Sacerdote al servicio de la Archidiócesis de Santiago de Compostela por el arzobispo D. Ángel Suquía Goicoechea. Continuó como Formador del Seminario Menor, al tiempo que colaboraba los fines de semana en la parroquia de Nuestra Señora de la Merced de Conxo (Santiago), hasta septiembre de 1982 en que es enviado a Roma para ampliar estudios. Allí obtendrá la licenciatura en Filosofía Teorética por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y las diplomaturas de Arqueología Sagrada, Archivística y Biblioteconomía. Más tarde, obtiene el doctorado en Filosofía por la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Roma, en junio de 1987, con la tesis Lo que llamamos ser humano. Ensayo sobre la antropo-ontología de Ángel Amor Ruibal. En el curso 1985-1986 empezará su actividad docente como profesor de Filosofía en el Instituto Teológico Compostelano y en el Seminario Menor de la Asunción, hasta la actualidad. Entre 1986 y 1988 ejercerá de capellán de la Residencia Universitaria Cristo Rey en Santiago de Compostela y profesor de religión en el Chester College International School. Desde septiembre de 1988 hasta junio de 2001 será Formador en el Seminario Mayor de Santiago de Compostela, labor que compaginará como sacerdote adscrito de la parroquia de S. Fernando, desde 1987 hasta la actualidad. Tras su etapa en el Seminario Mayor es nombrado Director Técnico del Seminario Menor Diocesano en el año 2001, cargo que desempeña en estos momentos. En el Instituto Teológico Compostelano, Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, desempeñará el cargo de Vicedirector desde 2007 hasta la actualidad, Director de la Biblioteca de Estudio Teolóxicos de Galicia, desde 1993 hasta 2007 y Director del Instituto Superior Compostelano de Ciencias Religiosas desde 2006. En diciembre de 2003 será nombrado por el Arzobispo de Santiago, D. Julián Barrio Barrio, Canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, ocupando el oficio de Canónigo-Secretario Capitular de la misma. El 16 de diciembre de 2011 la Santa Sede hizo público que S. S. Benedicto XVI lo ha nombrado nuevo obispo de Ourense.