Llamada a la purificación, a la conversión y a la comunión en la Iglesia

Mons. Fi­del He­rráez             «Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque Tú vas conmigo» (Sal 22,4). Con estas palabras del salmo del Buen Pastor quiero iniciar hoy la breve reflexión que comparto semanalmente con vosotros. Porque voy a referirme a una realidad delicada y dolorosa: el grave tema de los hechos de pederastia, cometidos por algunos ministros de la Iglesia en diversas partes del mundo, que además no fueron atajados del modo adecuado cuando sucedieron. El Papa Francisco hablaba de «dolor y vergüenza» al expresar sus sentimientos sobre tan cruda realidad en su «Carta al Pueblo de Dios», escrita el 20 de agosto pasado, en la que afloraba abiertamente la preocupación y el sufrimiento de su corazón.

Estos hechos han provocado, en el conjunto de la Iglesia, también sin duda entre los que me escucháis y leéis, una profunda sensación de desconcierto, escándalo, desánimo, desconfianza, desmoralización… Como cristiano y como obispo me siento profundamente unido a vosotros en estos momentos de perplejidad, de «cañadas oscuras» en el caminar de la Iglesia; al tiempo que me encuentro estrechamente vinculado al dolor y a la vergüenza que manifestaba el Papa ante la ofensa y el daño irreparable padecido por las víctimas, marcadas ya con heridas que no desaparecen y que nunca prescribirán. Ante el rostro misericordioso de Dios Padre, que siempre está cerca de los más débiles y vulnerables, debemos asumir la realidad y la humillación del momento presente para avanzar por el camino de la purificación y de la conversión.

Los delitos y los pecados son responsabilidad de quienes los cometen. Y quienes son responsables de tales hechos han de ser apartados de su ministerio, pues han traicionado su misión y han violado su propia vocación; además será necesario empeñarse y emplearse en llegar al origen de este profundo mal para erradicarlo. Pero no podemos decir que la Iglesia es culpable, porque también son Iglesia tantos sacerdotes, laicos y consagrados que siguen con fidelidad incondicional a Jesús y entregan totalmente su vida al servicio del Evangelio. No obstante, la Iglesia entera sufre cuando sufre cualquiera de sus miembros y, al igual que sucede en una gran familia, siente vergüenza por la inmoralidad o la irresponsabilidad de algunos de sus ministros, a quienes dejamos al juicio y compasión de Dios. Por eso todos nos debemos sentir unidos en la petición de perdón y comprometidos en el difícil proceso de sanar las memorias heridas, de extirpar las causas que han hecho posible tanto mal y de mostrar al mundo el rostro luminoso de la Iglesia, que también existe, con la ayuda del Espíritu. ¡Ojalá viéramos este momento como una oportunidad muy especial de conversión eclesial, personal y comunitaria para vencer el mal a fuerza de bien! En esa línea se han realizado ya notables esfuerzos para impedir que se vuelvan a repetir sucesos semejantes, y éstos se van reduciendo, gracias a Dios, de modo radical. En nuestra diócesis ya se estableció hace tiempo un protocolo de prevención y de actuación, como garantía para que tales hechos no sean ni tolerados, ni encubiertos.

El dolor de la Iglesia se ha agravado últimamente porque en estas circunstancias tan difíciles se han dirigido contra el Papa algunos ataques y acusaciones insidiosas, sobre presuntos encubrimientos, capaces de agitar el temporal junto a la Roca de Pedro y de sembrar la incertidumbre y la desconfianza del pueblo sencillo en su Pastor. Mucho se ha escrito y se ha escuchado, como bien sabéis, en los medios de comunicación. Más que abundar en ello, quiero poner el acento en lo que debiera ser nuestra actitud en confianza y comunión eclesial. Como pastor de esta diócesis, quiero deciros lo que entiendo que debe ser nuestra reacción: creo que más allá de la fragilidad de las mediaciones y estructuras humanas, hemos de vivir lo fundamental; no permanecer impasibles ante el dolor de este momento y vivirlo en actitud de purificación y conversión; buscar el apoyo en Aquél que es la razón de nuestra fe y de nuestra esperanza, Jesucristo, el Señor de la Iglesia; y sentirnos profundamente unidos en torno al Papa, que es la garantía de la unidad eclesial. Vivamos este paso por «cañadas oscuras», desde la comunión afectiva y efectiva con el sucesor de Pedro; orando, como se dice de la Comunidad cristiana en los Hechos de los Apóstoles refiriéndose a Pedro: «la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él» (Hch 12, 5); unidos en torno a Pedro para estar protegidos por la fuerza de Jesús.

Termino repitiendo con confianza el salmo del comienzo: «Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque Tú vas conmigo»… La mirada puesta en la gloria del Resucitado seguirá alimentando el gozo de vivir como Iglesia en Burgos y de avanzar, como os vengo diciendo desde el inicio de este curso pastoral, para lograr una transparencia eclesial, que por encima de toda sombra deje pasar la luz del Señor.

+ Fi­del He­rráez

Ar­zo­bis­po de Bur­gos

Mons. Fidel Herráez Vegas
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Fidel Herráez Vegas nació en Ávila el 28 de julio de 1944. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Madrid, donde ingresó en 1956. Fue ordenado sacerdote el 19 de mayo de 1968. Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1968. Es Licenciado (1974) y Doctor (1977) en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense en Roma. Es autor de varias publicaciones sobre Teología Moral Fundamental. Ha desempeñado los siguientes cargos: 1968-1972: Formador, Secretario y Profesor de idiomas del Seminario Menor de Madrid. 1977-1995: Profesor de Teología Moral Fundamental en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequética “San Dámaso” de Madrid. 1977-1995: Director de la Formación Permanente de las Hermandades del Trabajo de Madrid y Consiliario de jóvenes de las mismas. 1977-1996: Capellán de las Religiosas Irlandesas (Instituto de la B.V. María). 1979-1996: Delegado diocesano de Enseñanza de Madrid. 1979-1995: Miembro Asesor de la Comisión Episcopal de Enseñanza. 1983-1995: Secretario Técnico de la diócesis de Madrid para las relaciones con la Comunidad Autónoma en los temas de Enseñanza Religiosa. 1986-1995: Presidente del Consejo diocesano de la Educación Católica. 1986-1995: Representante de los Delegados diocesanos de Enseñanza en el Consejo General de la Educación Católica. 1992-1997: Presidente del Forum Europeo para la Enseñanza Religiosa Escolar. 1993-1996: Catedrático de Teología Moral Fundamental en la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid. 1995-2015: Vicario General de la Archidiócesis de Madrid. Desde el año 2011 es el consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas. El 14 de mayo de 1996 fue elegido Obispo titular de Cedie y Auxiliar de Madrid, recibiendo la ordenación Episcopal el 29 de junio del mismo año. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Comisión Permanente y pertenece a la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 1996. El 30 de octubre de 2015 el papa Francisco lo nombra arzobispo de Burgos, tomando posesión de la archidiócesis el 28 de noviembre del mismo año.