La coherencia y el escándalo

Mons. Ge­rar­do Mel­gar             Jesús está instruyendo a sus Apóstoles a ser discípulos co­herentes y les enseña dos lec­ciones.

1. Que deben estar siempre a favor del bien, y considerarlo bueno, aunque quienes lo rea­licen no sean «de los nuestros». Por­que, en definitiva, a hacer el bien es a lo que estamos llamados todos, y si alguien que no pertenece a nuestra comunidad lo hace tenemos que va­lorarlo y alabarlo. Precisamente por­que quien vive así y desde el bien no puede ir nunca en contra de nuestra fe, que proviene del bien por excelen­cia, que es el mismo Cristo.

2. Otro aspecto importante en el que Jesús instruye a sus discípulos es que deben ser coherentes y vivir desde la radicalidad que pide el ser sus seguidores. No pueden estar ju­gando a dos bandas, por una parte comprometiéndose a marchar tras el Maestro y las exigencias que Él pone y, por otra parte, querer vivir como el mundo con actitudes mundanas que son contrarias al evangelio.

La razón para proceder así y exi­gir esta coherencia es precisamente porque, quien lleva esa doble vida, está escandalizando a los pequeños, a los que no creen, a los que miran a los que nos decimos cristianos y, en vez de animarse desde nuestro testi­monio, llegan a la conclusión de que no merece la pena seguir como no­sotros. Estamos escandalizando a los que no creen.

Hoy existe esta opinión muy ex­tendida de cristianos que quieren ser cristianos, pero sin renunciar a nin­guna actitud mundana y su vida se convierte en una verdadera contra­dicción y en un auténtico escándalo porque estando bautizados y llamán­dose cristianos, viven su vida al mar­gen de la misma, siguiendo más las llamadas del mundo que las de Dios.

Igualmente existe la corriente de que en el cristianismo todo vale, que cada uno acomoda la fe a su medida. Eso es lo que tantas veces hacemos, pero no es lo que debemos hacer. En la fe cristiana no vale todo. La fe en Cristo es exigente y pide coherencia y todo lo que no sea responderle por el camino y con la exigencia que Él nos pone, hace que seamos motivo de escándalo. Es decir, estamos ense­ñando a otros desde nuestra vida a eso, a que para vivir como cristianos vale cualquier cosa.

Jesús, cuando habla del escánda­lo lo hace metafóricamente, porque no dice que nos cortemos la mano ni el pie ni ningún miembro. Nos pide que quitemos todo lo que nos impide vivir coherentemente nuestra fe, no sirven las medias tintas y que cada uno acomode la fe a su propia exigen­cia, solo vale que seamos verdadera­mente auténticos a la hora de seguir a Jesús. C u a n d o nos queda­mos a me­dias tintas no estamos siendo de verdad seguidores suyos.

Es necesario que examinemos cómo estamos viviendo nuestra fe, si con coherencia o queriendo compa­ginar la misma con actitudes mun­danas que contradicen el mensaje de Jesús.

Seguir a Jesús supone saber decir no a determinadas actitudes munda­nas, aunque estas sean actitudes y opiniones muy extendidas en la so­ciedad actual, para vivir en coheren­cia con las exigencias del mensaje de Jesús y de su seguimiento.

 

Pidamos al Señor que nos ayude a vivir nuestra fe en Él con toda su exigencia, convirtiendo en nosotros todo aquello que no se corresponde con nuestra identidad de cristianos. Solo así estaremos ayudando a otros a vivir también desde su fe y no que con nuestro antitestimonio se escan­dalicen, inclinándose por otros ca­minos que no sean los que nos pone Cristo a sus seguidores.

+ Ge­rar­do Mel­gar

Obis­po de Ciu­dad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.