Discernimiento político II

Mons. Agus­tí Cor­tés           El discernimiento político, tal como lo entendemos en la moral cristiana, no solo pide ser honrados con la realidad, sin deformarla. También exige interpretarla. Y este paso del discernimiento es muy delicado. Generalmente las diferencias entre políticas se producen en este punto. La realidad, los hechos políticos, pueden ser entendidos de diversos modos.

Así, por ejemplo, para algunos el hecho del paro laboral no es más que el efecto residual de un sistema que necesita un mercado de mucha demanda de trabajo, para poder abaratar los contratos; para otros, es consecuencia de la baja iniciativa empresarial y, por tanto, la escasa creación de empleo. La desigualdad entre ricos y pobres, para algunos se debe a un fallo estructural del sistema productivo, que genera necesariamente enriquecimiento de los ricos y explotación de los pobres; para otros, es un hecho que se ha de aceptar, favoreciendo al mismo tiempo la libertad creativa, la iniciativa y el emprendimiento, con igualdad de oportunidades y creando correctivos sociales. El flujo de migrantes, para unos es consecuencia del mismo sistema político y económico internacional, que se sostiene sobre el hecho de la explotación de los países más pobres; para otros es fruto de una decisión errónea de los emigrantes necesitados de trabajo y promoción humana, que caen en manos de mafias explotadoras…

Podríamos ir repasando los múltiples y diversos hechos que reclaman respuestas políticas. Las diferencias en su interpretación son decisivas a la hora de adoptar una política u otra. Y la interpretación necesita criterios o creencias, convicciones básicas, que pretenden dar razón de la realidad (explicarla).

Esta es la cuestión: ¿de dónde tomamos estos criterios y creencias básicas, estas convicciones previas con las cuales nos aproximamos a la realidad? Son tan importantes como las gafas para ver bien.

Normalmente (no exclusivamente) estas creencias básicas son proporcionadas por las ideologías. Bien entendido que muchas veces, sobre todo en el momento presente, estas ideologías no son conscientes por parte de la mayoría de las personas. Hoy no están dibujadas y definidas: uno piensa de una determinada manera sin saber a qué ideología pertenece, porque “no se ha apuntado” nunca a nada. Pero a la hora de interpretar un hecho político sí que aplica unos criterios u otros, quizá dejándose llevar por “lo que dice hoy la gente”, los medios de comunicación, lo que hoy “se piensa”…

No es buena para el discernimiento político esta inconsciencia. Uno, tarde o temprano, ha de formularse preguntas tan básicas como: ¿qué entiendo por persona humana, por libertad, por justicia social, por derechos humanos?, ¿qué es para mí el dinero, el trabajo, el progreso, la organización social, el Estado?, ¿qué sentido tienen el cuerpo humano, la educación, la familia, el arte, la diversión…?

Éstas, y otras muchas preguntas, son fundamentales y condicionan el discernimiento político. Las ideologías suelen darles respuesta. La fe cristiana no es una ideología, pero sí tiene respuestas, que están implícitas en la Sagrada Escritura y formuladas en la denominada Doctrina Social. Diversas opciones políticas quizá son compatibles con estos criterios básicos cristianos. Lo que importa siempre es que acertemos en la política que Dios quiere.

+ Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.