Agosto 2018

Mons. Brau­lio Ro­drí­guez                   Este mes de agosto 2018 ha sido peculiar, lleno de sorpresas, alegrías y sinsabores. Casi trescientos fieles de Toledo asistimos al Encuentro Mundial de las Familias en Dublín. Días formidables de convivencia de unas 90 familias con sus hijos y los sacerdotes que nos unimos a ellos. Nuestro grupo participó con audacia e interés en el Congreso Pastoral sobre Familia. Fueron días donde, como siempre, gozamos de ese don de la familia a la humanidad en multitud de ponencias, mesas redondas, fiestas, encuentros, culminadas cada día por la celebración de la Eucaristía. Después llegaron los dos días con el Papa Francisco en la capital irlandesa, en la Fiesta de las Familias y la Misa final en Phoenix Park el 26 de agosto. Toda una gracia, que nos ayudó a vivir como Iglesia Católica tantos tesoros que tenemos en común, para nosotros y para todo el mundo.

Pero no faltaron acontecimientos que nos hicieron sufrir, no directamente, pero sí, en comunión con el Papa Francisco, por el tratamiento dado a él y su visita en los medios. No por el pueblo irlandés. El mismo Santo Padre confesaba que había encontrado mucha fe en Irlanda. Mucha fe, aunque haya sufrido mucho con escándalos pasados. Pude comprobar que existía un deseo en los medios de desfigurar cifras, de criticar sin objetividad. El Papa Francisco vivió con intensidad esta visita a Irlanda. Su deseo era estar con esas familias cristianas con las que se encontró, con gestos de humildad y de cercanía impresionantes en tantos momentos de esos dos días tan intensos.

Antes de llegar a Irlanda, el Papa escribió una carta al Pueblo de Dios (20 de agosto). Sus destinatarios éramos, pues, los clérigos y los fieles laicos de la Iglesia Católica. Es una carta sin precedentes, impregnada de dolor, tristeza y humillación, donde condena una vez más el abuso sexual cometidos con menores. “Tolerancia cero”, pues no cabe en la Iglesia que niños, confiados por sus padres a sacerdotes y educadores católicos, hayan sufrido o sufran esa degradación. “El dolor de las víctimas y sus familias es también nuestro dolor”, dice el Papa, después de conocer un informe terrible de abusos en Estados Unidos (Pensilvania). Aunque haya acontecido en el pasado, las heridas “nunca prescriben”. El dolor de estas víctimas es un gemido que clama al cielo. Sin duda participamos de los sentimientos del Papa, expresados en esta Carta.

Pero su carta no fue entendida y sí fuertemente criticada en los medios de Irlanda, en la opinión de muchos. Mi impresión es que la Iglesia en Irlanda está un poco asediada por los hechos que aquí sucedieron, y los sacerdotes sospechosos de ser todos pederastas y mirados con desconfianza. Y eso no es justo, y menos justo es que el Papa Francisco esté cargando con una cruz muy pesada, cuando anuncia el Evangelio con fidelidad y libertad, y denuncia con valentía lo que Dios reprueba, pidiendo además perdón humildemente por los pecados y equivocaciones de los miembros de la Iglesia, clérigos y laicos. Y exigir actuaciones decididas para que no se repitan estos atropellos. Tampoco han de repetirse en la sociedad entera, pues la pederastia no es sólo pecado de los miembros de la Iglesia: es un problema de todos.El 26 de agosto, último día de la visita del Papa Francisco a Irlanda se publicó un “memorándum” con graves acusaciones contra él y otros miembros destacados de la Curia Romana y de otros lugares. Monseñor Carlo Maria Viganò, hasta hace dos años Nuncio en Washington, es el que firma ese escrito. El documento, presentado por algún medio español como un intento de “sacar a la Iglesia de la fétida ciénaga en la que ha caído”, es indefendible, lleno de manipulaciones y errores, hecho un poco desde el rencor, pero sin aportar pruebas convincentes. Yo lo denominaría un deseo de desestabilizar al Santo Padre y de minar su autoridad moral. Algo muy serio, pero ante el cual el Santo Padre confesó: “He leído esta mañana ese comunicado. Lo he leído y sinceramente debo deciros <a los periodistas> esto… leed atentamente el comunicado y haced vuestro juicio. Yo no diré una palabra sobre esto”. Ustedes pueden leerlo y sacar conclusiones. Yo ya las he sacado.Para todos, en mi opinión, hay una conclusión: la oración por el Papa Francisco. No está solo. Como en Hechos de los Apóstoles 12, 1-17, también la Iglesia pide por aquel en quien hoy vive Pedro.

 

+ Brau­lio Ro­drí­guez Pla­za

Ar­zo­bis­po de To­le­do, Pri­ma­do de Es­pa­ña

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.