Princesa de Barcelona, proteged vuestra ciudad

Card. Juan José Ome­lla          Este año estamos conmemorando los 800 años de la fundación de la Orden de la Merced, en Barcelona. Hoy esta obra mercedaria es un árbol frondoso que se ramifica en los cinco continentes. Ha suscitado diversas congregaciones de vida activa, de vida contemplativa y también asociaciones de laicos que, todas juntas, constituyen la gran familia mercedaria.

Gracias a esta dimensión universal del carisma de la Merced, la celebración ha sobrepasado nuestra ciudad. Así, el pasado mes de enero se abrió en Roma el Año Jubilar Mercedario. En Barcelona, el recuerdo de este octavo centenario de la fundación está muy unido a la fiesta de la Virgen de la Merced, a la que mosén Cinto Verdaguer oraba, en sus populares Goigs, llamándola «Princesa de Barcelona».

La gran obra mercedaria no es únicamente una página gloriosa de nuestra historia religiosa, sino que es también una realidad del presente porque, tal como está hoy el mundo, tenemos mucho trabajo por delante. En el origen de esta gran empresa cristiana, además de la Virgen, con hechos extraordinarios e, incluso, podríamos decir milagrosos, hay un laico, un gran devoto de santa María, san Pedro Nolasco, marcado por la piedad mariana y el compromiso social en favor de los más pobres.

El padre Juan Carlos Saavedra, maestro general de la Orden de la Merced, nos deja el testimonio de este gran ciudadano de Barcelona en el mensaje para el Jubileo mercedario: «Entregado al servicio de los cautivos, Pedro Nolasco […] se deshizo de todos los bienes que tenía y compartió su vida y su misión con los más necesitados de su tiempo, y se convirtió en un signo de visita y de redención, de servicio y de ayuda para muchos cautivos cristianos y también para los que no compartían la fe. Así pues, Pedro Nolasco, por su gran caridad, se convirtió en la persona enviada por la Santísima Trinidad para redimir y ser el liberador de sus hermanos, porque encontró a los hermanos de Jesús en los desplazados, los sufrientes y desfavorecidos, los privados de libertad, que tenían necesidad de la infinita misericordia de Dios».

Estimados hermanos, el ejercicio de la caridad es uno de los rasgos más característicos de la Iglesia católica, desde sus orígenes hasta el presente. Desde esta perspectiva, podemos ver la obra mercedaria como una confirmación más de la sensibilidad de los cristianos de esta ciudad para hacer realidad las palabras de Jesús: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros» (Jn 13,35). No podemos entender Barcelona sin la sensibilidad femenina recibida de la Virgen ni sin su mirada atenta a los que más sufren. Pido hoy la intercesión de la Virgen de la Merced para que nuestra ciudad permanezca abierta al mundo y siempre atenta y sensible a las necesidades de los más vulnerables.

Recordamos especialmente a todos los que están en la cárcel y que tienen por patrona a la Virgen de la Mercè. Un recuerdo y una oración para todos ellos y sus familias. ¡Feliz fiesta mayor a todos!

+ Car­de­nal Juan José Ome­lla
Ar­zo­bis­po de Bar­ce­lo­na

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.