Jesús nos llama a ser últimos y servidores

Mons. Ge­ra­do Mel­gar              El evangelio de este do­mingo nos pone de ma­nifiesto lo poco que en­tendieron a Jesús y lo que Jesús quería comu­nicarles, aunque esto fuera muy im­portante.

Iban por el camino y Jesús dedica el tiempo a instruir a sus discípulos, a prepararles para lo que se les va a venir encima, pero ellos van preocu­pados por otras cosas y como lo que les comunica es algo duro, ellos lo oyen pero no escuchan.

Hasta tal punto la atención de sus discípulos está centrada en otros in­tereses, que cuando él les dice que se preparen, porque a Él lo iban a en­tregar en manos de los hombres, que lo matarán y al tercer día resucitará, ellos van discutiendo de quién va a ser más importante entre ellos. No se han enterado de lo que Jesús les está comunicando.

Aquel mensaje les resulta espe­cialmente duro por muchas razones. Por eso, prefieren meter la cabeza debajo del ala como el avestruz, para no enterarse de lo que Jesús les está comunicando

El mensaje de Jesús no es algo fá­cil de entender ni de vivir, tanto para los discípulos como para los hom­bres de nuestro tiempo.

Su mensaje es un mensaje que va frontalmente contra la mentalidad reinante, la de ellos y la nuestra:

Frente a un mundo que valora el egoísmo, Jesús habla de entrega, de generosidad, de tender la mano a quien nos necesite.

Frente al mensaje de Jesús que ha­bla de servicio; el mundo valora, no el servicio a los demás, sino el servir­se de los demás para la comodidad o para progresar y trepar en la carrera de la vida.

Frente a Cristo, que habla de ser los últimos, el mensaje del mundo nos está diciendo que hemos de tra­tar de ser los primeros, los números «uno», porque solo así uno puede te­ner el futuro asegurado.

Frente a un mundo que, egoísta­mente, busca el ser servido y no ser­vir, Cristo nos pone como enseña del cristiano el servicio y el amor a los demás.

Jesús pide a sus discípulos que no busquen los primeros puestos, ni ser los primeros en este mundo, sino servidores de los demás, como él nos dejó como ejemplo y mode­lo cuando nos dijo: «Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he la­vado los pies, también vosotros de­béis lavaros los pies unos a otros».

Servir significa estar en una acti­tud de des­cubrir las necesidades de los otros para poner­me a su servicio.

El servicio es una manifestación concreta del amor que nos distingue como seguidores de Jesús. Se trata de servir a los demás para hacerles más agradable y feliz su existencia, para que los demás, los que nos ro­dean, sientan que estamos pendien­tes de ellos para ayudarlos.

El estar al servicio de los demás es saber renunciar a nuestro propia comodidad, a nuestro propio egoís­mo, para entregarme a al hermano en las necesidades que descubramos que tiene.

Desde la fe, seremos grandes si ante los demás nos consideramos pequeños, poca cosa; seremos pri­meros si sobresalimos por el servi­cio que prestamos a los que nos ne­cesitan.

Seamos buenos samaritanos de los demás y, en la medida en que nos pongamos a su servicio, seremos no­sotros también más felices.

+ Ge­rar­do Mel­gar

Obis­po de Ciu­dad Real

Mons. Gerardo Melgar
Acerca de Mons. Gerardo Melgar 321 Articles
Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.