Discernimiento político (I)

Mons. Agus­tí Cor­tés            Nadie puede negar que la situación política que vivimos en Catalunya es realmente complicada y difícil. Una situación que, lógicamente, no afecta solo a la vida específicamente política, sino que tiene sus efectos en todos los ámbitos de la vida social, incluida la vida interna de la Iglesia.

Pero, aunque no afectara directamente a la vida interna eclesial, ésta no podría desentenderse de los problemas sociales y políticos que está viviendo el pueblo. La Iglesia se siente llamada a compartir este sufrimiento y a colaborar, dentro de sus posibilidades, a encontrar soluciones justas y pacíficas.

Ojalá tuviéramos soluciones prácticas a los problemas concretos, que a todos hacen sufrir. No tenemos esas soluciones y si las tuviéramos careceríamos de autoridad para proponerlas, no correspondería defenderlas a la Iglesia como tal. El papel de la Iglesia en este campo se concreta en:

1) Ofrecer su compañía a quienes son directamente responsables de la política, comenzando por el mismo pueblo y acabando por los dedicados específicamente a la política. Una compañía que, naturalmente, puede ser rechazada.

2) Estimular a los políticos creyentes, o próximos a la fe, al compromiso político iluminado por la moral evangélica.

3)  Aportar los principios y fundamentos del discernimiento moral, según el evangelio y la fe católica, desde los cuales iluminar cualquier acción concreta.

4)  Esta iluminación desde los principios y fundamentos abarca tanto las ideas o el contenido del proyecto político que se desea conseguir (ideologías, utopías, objetivos más precisos), como los procedimientos concretos que se eligen para lograr esos objetivos.

Esta tarea de la Iglesia no es nada fácil. La Iglesia, al proclamar el mandato de Jesús “amaos unos a otros como yo os he amado”, sabe que está pidiendo concreción. En la medida en que las exigencias morales sociales no llegan a concretarse, se convierten en palabras y exhortaciones vacías. Este esfuerzo de concreción se llama discernimiento político.

Y éste es el gran reto. Hay muchos profetas que dicen hablar en nombre del evangelio y la moral católica. Tienen todo demasiado claro y se expresan con sorprendente nitidez. Parece que no les ha costado ningún trabajo discernir.

Pero las condiciones del auténtico discernimiento moral y su ejercicio no se dan espontáneamente, a no ser que el Espíritu haya concedido ese don.

El hecho, extraño para algunos, de la diversidad de opciones políticas entre hermanos que profesan la misma fe, es prueba de que en este terreno las cosas no son simples. Supuesta la buena intención de todos, uno se pregunta cómo es posible que escuchen la misma Palabra de Dios y conozcan la misma doctrina moral y, al mismo tiempo, sostengan políticas diferentes. Evidentemente hacen un discernimiento moral, quizá verdadero y legítimo, pero en algún momento de su ejercicio ha habido algo que les diferencia.

Así, sabemos que el discernimiento correcto pide un conocimiento objetivo de la realidad social. Pero en política se tiende a mirar la realidad, seleccionando los hechos que justifican o refuerzan la opción política particular. Los otros hechos son silenciados o explicados interesadamente. Hay que ser honesto con la realidad, aunque reconocemos que la realidad se interpreta…

El Señor nos interpela desde la vida social. Al menos seamos fieles en el camino de conocer y obrar su voluntad.

 

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.