Siempre junto a Pedro

Card. Car­los Oso­ro              Hace unos días escribía en mi cuenta de Twitter: «Papa Francisco, eres valiente en desvelar la verdad del Evangelio y mantener viva la misión de la Iglesia: dejas entrar, devuelves dignidad, eres pobre y estás con los pobres, abres los ojos para ver, pides perdón. Rezamos por ti».  En esta línea, esta semana quiero manifestaros algo que llevo en el corazón siempre: la Iglesia de la que somos miembros o está unida a Pedro –y hoy Pedro es Francisco– o pierde su identidad. Aquella que Nuestro Señor Jesucristo quiso darle desde el principio: somos un Cuerpo con muchos miembros y cada uno de ellos tiene su función, pero quien da unidad en su esencia, en el amor, la fidelidad y la visibilidad en este mundo de la misión que el mismo Señor le entregó, es el Sucesor de Pedro.

Desde el inicio de su pontificado, el Papa Francisco nos ha dado ejemplo con su vida de cómo el Señor nos ha elegido y nos ha hecho miembros vivos de la Iglesia. Por pura gracia nos llamó a la pertenencia eclesial para estar dando vida siempre. Esa vida que se nos regaló en el Bautismo y que, aprendiendo de Nuestro Señor Jesucristo, la damos sin guardar nada para nosotros. ¿No es esto lo que nos enseña el Papa no solo con sus palabras, sino con su vida misma? Nos recuerda que «sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos», tal y como nos dice el apóstol san Juan. Nos está mostrando con su actuar y con sus palabras que «el que odia es homicida y no lleva vida sino muerte». Lo hace regalando misericordia, que es «la viga maestra que sostiene la Iglesia», y poniéndonos en la verdad ante todas las intoxicaciones, pecados, infidelidades y abusos que aparecen en el mundo y también en algunos miembros de la Iglesia.

¡Qué esperanza y alegría engendras en nuestro corazón al verte dando vida siempre en tus encuentros, por ejemplo en el que hace muy pocos días has tenido en Irlanda con las familias, y con tus palabras dirigidas a todos los hombres en todos los caminos en los que se encuentren! Gracias, Papa Francisco, porque con tu comportamiento, incluso con quienes se manifiestan contrarios, siempre das esa respuesta que solamente se puede dar cuando uno vive lo que nos dice san Juan: «Hemos conocido el amor: en que Él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos».

Además, Papa Francisco, en tu ministerio petrino nos estás hablando y enseñando a responder a esta pregunta: ¿cómo se curan las heridas que aparecen en la vida de los hombres? Se curan cuando somos capaces de dejarnos llevar por la gracia y por el amor de Cristo, cuando somos su luz, sus manos, su corazón, sus pies. Es así como curamos. No lo hacemos desde una versión ideológica de la fe que responde a gustos personales, sino desde un seguimiento radical de Jesucristo, que «espera sin límites, aguanta sin límites y ama sin límites», hasta dar la vida por quien es diferente y es capaz de vivir y decir como Él desde la Cruz: «Perdónalos que no saben lo que hacen». Curamos cuando vamos envueltos en la gloria del Señor y entramos por los caminos de su justicia, de su paz y de su amor.

Gracias, Papa Francisco, porque nos propones siempre decir al Señor: «Aquí estoy», es el gesto de María nuestra Madre. Nos enseñas a mirar como Ella y a que palpite nuestro corazón al unísono de su corazón. Cuando le decimos al Señor: «Aquí estoy», hacemos sus obras y estamos aprendiendo junto a Pedro, junto a ti, Papa Francisco, a soltar cadenas injustas, desatar correas del yugo, liberar al oprimido, saciar el alma del afligido, partir el pan con el hambriento, hospedar al pobre sin techo, cubrir al desnudo… A nunca desentendernos de los nuestros que son todos los hombres. Esto puede incomodarnos, porque nos hace salir de nosotros mismos y ponernos ante el Señor. Cuando queremos vivir sin movernos, sin cambiar, como si nada estuviera pasando en nuestro mundo, sin cambiar nuestro corazón y nuestra mirada, molesta. Pero si somos sinceros con nosotros mismos y ponemos la vida a la luz del Señor, hemos de agradecerte que nos lo recuerdes y que nos digas que ha de ser «el Señor el que nos guíe siempre».

El amor de Dios es misericordioso, y ese amor nos juzga. Papa Francisco, nos lo haces ver con tu presencia entre nosotros, con tus reacciones, con tus decisiones… En todos los que encontramos, nos haces ver que son rostros y llagas de Cristo. ¡Cuánto bien nos haces y cómo agradecemos tener buen guía! ¡Qué paciencia tienes para reunirnos y mostrarnos que nos enriquecemos unos a otros y que nadie sobra en la Iglesia! ¡Qué fortaleza manifiestas cuando no te arredras ante las dificultades! Gracias.

Contigo como Sucesor de Pedro y entre todos y con todos, sin excluir a nadie, hacemos posible que otros puedan decir: «Yo como ellos». Sigue ayudándonos. Las voces discordantes, cuando son para buscar lo suyo, no las escucha nadie y, si alguien lo hace en un primer momento, enseguida se da cuenta de que es una voz extraña y su corazón y oído pronto le hacen caer en la cuenta de que esa no es la voz del Señor que nos llama siempre a la unidad, a la paz, a crear la gran familia de los hijos de Dios. Contigo, Papa Francisco, percibimos cómo Pedro sigue guiando a la Iglesia y sigue proponiéndonos lo mismo que el Señor: «Rema mar adentro, no tengas miedo».Manifestemos nuestra unidad con el Sucesor de Pedro, el Papa Francisco, que nos está invitando a tener un encuentro abierto con Cristo y así ir adonde y como están hoy los hombres. «La Iglesia está llamada a ser siempre casa abierta del Padre» (EG 47).

Con gran afecto, os bendice,

+Car­los Card. Oso­ro-Sie­rra,

Ar­zo­bis­po de Ma­drid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.