El mayor pecado es la indiferencia

Mons. Fran­cis­co Ce­rro Cha­ves           El Papa Francisco repite, una y otra vez, que le preocupa y mucho en nuestro mundo, en nuestra tierra, en nuestra época, lo que él llama “la indiferencia de la globalidad” y dice que donde se encuentra la raíz de esta indiferencia es en el olvido de Dios, en una sociedad que le da la espalda a Dios pensando que va a encontrar en ello el remedio a todos sus males y, sin embargo, tal actitud les conduce a encontrarse en un callejón sin salida.

Tres, son las grandes indiferencias que se albergan en nuestro corazón y que es necesario hacerles frente antes que sea demasiado tarde:

  1. INDIFERENCIA RELIGIOSA. Hemos perdido el norte de la vida y vivimos en la libertad del taxi, que se define libre cuando va solo y vaga sin rumbo, sin sentido por la ciudad. Indiferencia religiosa porque se dice que Dios no interesa a nadie. Hoy, hasta nos buscamos una espiritualidad, una interioridad sin Dios. El resultado es que acabamos haciéndonos nosotros el centro de todo y la búsqueda en particular de un egoísmo, donde por supuesto que no entra Dios y nos vamos deslizando peligrosamente al desprecio de lo auténticamente humano. Decía HENRI DE LUBAC, al que cita el Papa Francisco, que está claro que se puede construir un mundo, una sociedad, sin Dios y de hacerlo las últimas guerras mundiales fueron una realización que le salió el tiro por la culata. Se construyó el mundo sin Dios y acabaron creando campos de concentración, más de veinte mil en Europa, para machacar a hombres y mujeres. La indiferencia de construir sin Dios les llevó a dejar al margen al hombre y, sobre todo, a no tener más normas colectivas que el capricho de unos gobernantes sin escrúpulos y casi siempre tratando de ponerse en el puesto de Dios.
  2. INDIFERENCIA ANTE EL DOLOR. Quizás, no haya existido una sociedad que haya experimentado tanto el sufrimiento, la maldad y el dolor, como la nuestra. Llena de guerras, de terrorismo, de muerte, capaz de lo mejor y de lo peor. Se ha globalizado la indiferencia ante el sufrimiento. Después de ver las mayores barbaridades con el directo en nuestros Telediarios, seguimos igual o nos acostumbramos a decir que no se puede hacer nada, que las cosas son como son y nada más. Son pocos los que con el Papa Francisco repiten, una y otra vez, que otro mundo es posible. Es necesario descubrir la globalización de la solidaridad, de compartir, de transmitir los valores de que cada persona es un don que hay que ayudar a que se viva en plenitud la dignidad humana continuamente vulnerada.
  3. INDIFERENCIA ANTE LO CREADO Y EL PLANETA TIERRA. Prevalece la destrucción de la madre tierra, de la casa común, del hogar de todos, como nos recordó el Papa Francisco en la encíclica “Laudato si”, un auténtico canto a todo lo que nos debe unir en la defensa del planeta y de todo lo que nos hace vivir, gozar, ambientarnos y que es el regalo del Creador. Sin ese cultivo y preocupación por todo lo creado es siempre muy peligroso vivir y creernos como Dios. Capaces por la indiferencia de continuar al margen de Dios, creando  el desarrollo  humano y  olvidando que, todo lo creado, es como una gran cesta de Navidad que nos llega a cada uno con una tarjeta de parte de Dios con esta dedicatoria: Con Amor para ti, con cariño.

Ante la indiferencia ante un planeta dado, urgen tantas cosas, como lo es apostar por la civilización de la vida, del amor, del respeto y valorar lo creado.

Recogiendo sugerencias del XIV Sínodo Diocesano hemos creado la Delegación Pastoral para el Cuidado de la Creación para poner en práctica todo lo que el Papa Francisco, de forma insistente, nos está recordando.

 

+Fran­cis­co Ce­rro Cha­ves

Obis­po de Co­ria-Cá­ce­res

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.