Del sueño misionero a la misión diocesana

Mons. Amadeo Rodríguez Magro           Hace muy pocas fechas, el 31 de agosto, celebré un sencillo encuentro con el personal que trabaja en la Curia diocesana, en el que me invitaron a apagar dos velas, colocadas en una tarta sobre el número quince, que hacía alusión a mis años en el ministerio episcopal, dos de ellos en Jaén. Esta fiesta me sacaba de mi actividad en esos días, que era más bien de reflexión y preparación del curso que está a punto de comenzar. Al llegar de unos días de descanso me he encontrado con mucho material que revisar, que asumir y que asimilar, uno preparado por mí y otros por mis Vicarios, que nos va a ser muy útil en el curso que está comenzando, que todos sabemos y tenemos asumido que va a ser muy especial.

Siguiendo el ritmo de nuestro Plan Pastoral Diocesano, el protagonismo lo tiene el objetivo de dar un paso decisivo en el sueño misionero de llegar a todos. Será el año del primer anuncio y el de poner las bases de una pastoral evangelizadora en toda la vida y actividad de nuestra Diócesis. Una Misión Diocesana en las parroquias y el incremento del primer anuncio con diversos métodos a nuestro alcance, será la acción que marque el rumbo de la vida pastoral diocesana.

Todo el año pastoral, en cualquiera de sus actividades, tanto en lo que se haga en nuestras parroquias como en las iniciativas y acciones diocesanas, las encararemos convencidos de que hemos de manifestar a todos la alegría del Evangelio. Éste ha de ser nuestro compromiso en el año en que el Plan Pastoral nos ha señalado que sea el de la Evangelización. Todo ha de tener carácter misionero, todo ha de llevar anuncio de Jesucristo en sus entrañas y todo estará orientado a que el Evangelio llegue a todos.

Ese será el rumbo de nuestros proyectos, esos que entre todos nos hemos marcados y que yo mismo, acompañado por mis colaboradores, os presentaremos dentro de unos días en esos encuentros que hemos programado y preparado en cinco zonas de la Diócesis. En ellos os llevaremos la invitación a participar activamente en este clima misionero en el que queremos situarnos en cada una de nuestras parroquias y realidades eclesiales.

Como sabéis, el alcance misionero de nuestra Diócesis nos compromete a todos; en primer lugar, a mí mismo como Obispo. Por eso, con la ayuda y colaboración de todos vosotros he buscado que nuestra Iglesia Diocesana tenga siempre un rostro misionero: todo lo que se haga, hasta el último papel que se mueva, ha de estar marcado por esta impronta evangelizadora. Esto me está llevando a una reforma de la Curia diocesana, en la que se recoja y plasme el marco teológico, espiritual y pastoral en el que hemos de situarnos. La base ya la puse en la configuración de las Vicarías, que constituyen mi Consejo Episcopal. Cada una de ellas es una expresión de un proyecto de Iglesia en misión.

Todo lo que hemos de programar, preparar y hacer en cada una de las vicarías, delegaciones, secretariados y servicios ha de tener un fin común e identificable, no solo en lo específico de la misión que se le encomienda, sino por el vínculo que tiene con la misión común, que siempre ha de transparentar, en cualquiera de sus matices, la belleza del rostro de Jesucristo, transparencia del corazón de Dios Padre.

Es importante que al contemplar lo que somos, cómo somos y qué hacemos, tengamos claro el rostro de la Diócesis en su unidad y no sólo la función que le corresponda a cada responsabilidad o tarea. Eso mismo ha de decirse en todo cuanto se muestra en los arciprestazgos y en cada una de las parroquias de la Diócesis, las más llenas de realidades y servicios o las más sencillas.

En realidad, lo que pretendemos desde el Plan Pastoral Diocesano que nos mueve, y en el que hemos puesto nuestra reflexión, nuestra oración y nuestro corazón pastoral una multitud de cristianos y cristianas, es que todos unidos, en un mismo y sintonizado caminar, seamos reconocibles con un rostro claramente identificable como evangelizador, en el que cumplamos el sueño misionero de ser una Iglesia en misión que quiere llegar a todos.

Con mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

Mons. Amadeo Rodríguez
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Mons. Amadeo Rodríguez Magro nació el 12 de marzo de 1946 en San Jorge de Alor (Badajoz). Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Badajoz, del que luego sería formador. Recibió la ordenación sacerdotal el 14 de junio de 1970. Su primer destino pastoral fue de coadjutor de la parroquia emeritense de San Francisco de Sales (1970-1974), de la que posteriormente sería párroco (1977-1983). Tras obtener la licenciatura en Ciencias de la Educación (sección Catequética) en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma (1983-1986), D. Amadeo fue nombrado por su Obispo, D. Antonio Montero, vicario episcopal de Evangelización y director de la Secretaría Diocesana de Catequesis (1986-1997), siendo también designado vicario territorial de Mérida, Albuquerque y Almendralejo; y finalmente vicario general (1996-2003). Fue además secretario general del Sínodo Pacense (1988-1992) y secretario de la conferencia de Obispos de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz (1994-2003). En 1996 fue nombrado canónigo de la Catedral de Badajoz, cuyo cabildo presidió de 2002 a 2003. Realizó su labor docente como profesor en el Seminario, en el Centro Superior de Estudios Teológicos, en la escuela diocesana de Teología para Laicos (1986-2003) y de Doctrina Católica y su Pedagogía en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura (1987-2003). También formó parte del consejo asesor de la Subcomisión Episcopal de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española. El 3 de julio de 2003 San Juan Pablo II le nombra obispo de Plasencia y recibe la ordenación episcopal en la Catedral de Plasencia el 31 de agosto de 2003. En la Conferencia Episcopal Española es el vicepresidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y presidente de la Subcomisión Episcopal de Catequesis desde 2014, de la que ya era miembro desde 2003. También ha formado parte de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias de 2005 a 2011. El 9 de abril de 2016 se hizo público su nombramiento como obispo de Jaén. Tomó posesión de su cargo el día 21 de mayo de 2016.