La Visita pastoral, encuentro eclesial renovador

Mons. Demetrio Fernández             Algunos preguntan: ¿Cuándo se termina la Visita pastoral? Para el obispo no termina nunca, es su trabajo cotidiano. Para cada una de las parroquias, hay una cadencia de cinco o seis años (o a veces se prolonga algo más). La Visita pastoral forma parte de la vida de la diócesis, y consiste principalmente en el encuentro gozoso de la comunidad cristiana con su pastor y del pastor con la comunidad cristiana, de cada parroquia, de cada grupo, de cada institución, etc. Para mí, os lo he dicho muchas veces, es la tarea más gratificante de todas las que el obispo tiene encomendadas.

Si nos fijamos en las primeras comunidades cristianas, vemos que los apóstoles visitaban de tanto en tanto tales comunidades, y eso que las comunicaciones de entonces no eran las de hoy. Y la primera reacción era la alegría. “La ciudad se llenó de alegría” (Hech 8,8), la alegría del encuentro en la fe y en la comunión eclesial, al comunicarse mutuamente los dones que Dios va realizando en su pueblo, en un intercambio que llena de esperanza. La Visita pastoral que el obispo realiza como ministro de Cristo es la visita del Señor a su pueblo: “Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo” (Lc 1,68).

Se trata de una celebración eclesial. Es el Señor quien viene y pasa por nuestra vida, llamándonos de nuevo a conversión, a seguirle más de cerca para que seamos misioneros de esa alegría recibida. Es momento para revisar la marcha de todas las instituciones parroquiales, de poner a punto el trabajo de cada día. Y sobre todo es un momento de gracia para reaminar las energías de los agentes evangelizadores, felicitarlos, animarlos y consolarlos. No ha de entenderse la Visita pastoral como una inspección fiscalizadora del jefe de una empresa, sino como un momento de gracia, para reconocer lo mucho que Dios está haciendo, agradecer y felicitar a los colaboradores por su dedicación y tarea permanente en la catequesis, en la caridad, en el culto, en tantas tareas parroquiales, darles una palabra de aliento que alimente la fe, porque toda esa tarea se realiza en la fe y a veces sufre la erosión de la vida, y consolar a los que sufren por cualquier causa, dándoles la perspectiva de la cruz del Señor, que lo renueva todo.

La preparación, por tanto, hay que realizarla con oración y catequesis: explicar el misterio de la Iglesia santa compuesta de pecadores, que nos va santificando por medio de la Palabra, de los sacramentos y del testimonio de vida de unos para otros; explicar el ministerio del obispo y del presbítero colaborador del orden episcopal, el papel de los religiosos y de los laicos en la vida de la Iglesia. Revisar los contenidos de la acción evangelizadora (kerigma, catequesis y homilías), actualizar la preparación y celebración de la Santa Misa y el culto eucarístico, del sacramento de la penitencia y de todos los demás sacramentos; cuidar mucho estos momentos de especial encuentro con Dios, cuidar con esmero la liturgia y cuidar especialmente la participación activa y fructuosa de los fieles en todas estas celebraciones, de manera que no se conviertan en ritos mágicos, sino que propicien un verdadero encuentro con Dios. Prestar especial atención a la piedad popular, no porque incrementemos los aspectos externos (ya lo hacen los encargados de ello), sino porque son siempre oportunidades por las que Dios entra en el corazón humano. Hacer que la comunidad cristiana viva la comunión de bienes y el ejercicio de la caridad fraterna, cumpliendo el mandato del Señor; no se trata sólo de repartir alimentos, sino de hacer que circule la caridad entre los miembros de la comunidad eclesial., privándose unos para ayudar a los otros.

Este curso que iniciamos el obispo visitará la Vicaría del Valle, que incluye los arciprestazgos de Alto y Bajo Guadalquivir, desde Villa del Río a Palma del Río. Se trata de una zona regada por las aguas del Guadalquivir, zona fértil en frutos de la tierra, en la que la Palabra de Dios quiere dar frutos de salvación para todos. Desde toda la diócesis, acompañemos esta Visita del Señor a su pueblo, para que estas comunidades se renueven profundamente.

Recibid mi afecto y mi bendición:

 

+ Demetrio Fernández,

Obispo de Córdoba

Mons. Demetrio Fernández
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Nació el 15 de febrero de 1950 en Puente del Arzobispo (Toledo) en el seno de una familia cristiana. Sintió la llamada de Dios al sacerdocio en edad temprana. Estudió en los Seminarios de Talavera de la Reina (Toledo), Toledo y Palencia. Es maestro de Enseñanza Primaria (1969). Licenciado en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana. Estudios de Derecho Canónico en Roma y Salamanca. Doctor en Teología por la Pontificia Universidad Salesiana de Roma con el tema: “Cristocentrismo de Juan Pablo II”. Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de diciembre de 1974 en Toledo, de manos del cardenal Marcelo González Martín, arzobispo de Toledo. Profesor de Cristología y Soteriología en el Seminario de Toledo (1980-2005); Consiliario diocesano de MAC -Mujeres de Acción Católica- y de “Manos Unidas” (1983-1996); Vicerrector y Rector del Seminario Mayor “Santa Leocadia” para vocaciones de adultos (1983-1992); Pro-Vicario General (1992-1996); Delegado Episcopal para la Vida Consagrada (1996-1998); Párroco de “Santo Tomé”, de Toledo (1996-2004). Nombrado Obispo de Tarazona el 9 de diciembre de 2004, recibió la ordenación episcopal el 9 de enero de 2005 en el Monasterio de Veruela-Tarazona. El día 18 de febrero de 2010 fue nombrado por el Santo Padre Benedicto XVI Obispo de Córdoba. Inició su ministerio episcopal en la Sede de Osio el día 20 de marzo de 2010.