Un nuevo curso

Mons. Francesc Pardo i Artigas         Cada año por estas fechas, acabadas las vacaciones y con el retorno a las actividades habituales, podemos decir que comienza un nuevo curso. Somos conscientes de que se abre ante nosotros un tiempo nuevo a estrenar, que habremos de ocupar día a día.

Personalmente, al comienzo de cada curso me pregunto bajo que actitudes deberé afrontar ese tiempo que Dios me regala.

Quizás por eso me ha parecido útil recordar actitudes que nos pueden ayudar a todos a afrontar el nuevo curso.

Aguante y paciencia. Vivir en paz

Viviremos los días con alegrías y con aciertos, pero también con contrariedades, con malos momentos, soportando, desconsideraciones y malos humores de aquellos que viven, trabajan y disfrutan con nosotros.

Por ello debemos estar centrados y tener capacidad de aguante y de paciencia. Vivir con la certeza de que Dios ama y nos ayuda a afrontar las dificultades sin dejarnos llevar por la ansiedad ni por el deseo de dar respuesta con la misma moneda.

La paz es un don de Dios, que no tan solo significa ausencia de violencia, guerra o enfrentamiento, sino principalmente vivir de forma intensa todo aquello que desea nuestro corazón y que nos realiza como personas, a nosotros y a quienes nos acompañan en el camino de la vida. Es un don que necesitamos pedir, porque en nuestro entorno podemos vernos involucrados en determinados conflictos.

La persona puede entrar en conflicto consigo misma: no aceptarse, no perdonarse, no mirar hacia adelante, estar disgustada permanentemente.  La persona puede también entrar en conflicto con Dios. La paz es estar bien con Dios, con las personas del entorno y con uno mismo.

Si deseamos que la familia sea un espacio de crecimiento para todos; si queremos que las relaciones profesionales sean ocasión de colaboración para el bien común y para la construcción del país; si deseamos que las relaciones con los amigos sean una buena ocasión para el  enriquecimiento personal… si queremos que la parroquia sea la casa de los creyentes para vivir, celebrar y ofrecer la fe en Jesús acogiendo y amando, pidamos el don de la paz al Señor de la paz.

Mansedumbre. Ser bondadoso

Vivir junto a una persona buena es un gran tesoro, porque sabes que puedes confiar siempre en ella, que no te faltará, que siempre procurará ofrecerte todo cuanto signifique un bien para ti. Hasta cuando deba advertirte o aconsejarte, lo hará con dulzura y sencillez.

Conviene recordar la propuesta de Jesús: “Sed bondadosos como lo es vuestro Padre del Cielo”. El listón no puede estar más alto, pero aunque tan solo seamos una sombra de lo que es la Bondad, debemos crecer en bondad.

Actuar con humildad

La verdadera humildad no consiste en no valorarse, en no tener suficiente autoestima, en considerarse inferior a los demás. La humildad precisamente es ser consciente de las propias posibilidades y cualidades, sin mirar a los demás desde lo alto, sin actuar como jueces, sin considerar a los otros como inferiores o pretender aleccionarles.

La persona humilde acepta a los demás tal y como son, con sus limitaciones, consecuencia de la fragilidad humana. Valora que los demás piensen de forma diferente sin tratar de imponer su pensamiento. Se alegra de que los otros sean mejores, y no desea ser siempre el primero.

 Alegría y sentido del humor

Sin alegría y sentido del humor viviremos amargados y, lo que es peor, amargaremos la vida a los demás.

Os deseo un buen inicio de curso.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 396 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.