Sea bienvenido el curso diocesano

Mons. Salvador Giménez               Estimados diocesanos:             Como podéis suponer la bienvenida no la doy al curso, considerado sólo como elemento configurador de un tiempo personal i comunitario. Deseo una buena entrada a las personas que empiezan un nuevo periodo de tiempo, un tiempo considerado como un regalo de Dios para que lo transformemos en gratitud y en servicio a los semejantes. Me refiero a todas las personas que se responsabilizan de las distintas instituciones y hacen viables sus propuestas, con el fin de mejorar la propia actividad. Al final de un determinado período es necesario evaluar y revisar nuestra actitud. Al inicio, nos corresponde recordar lo anterior para ofrecer un mejor servicio.

Todo ello lo concretamos también en nuestra diócesis, en las parroquias, movimientos apostólicos, comunidades religiosas y en las distintas instituciones o asociaciones que en estos días abrirán sus puertas a este nuevo curso. Un nuevo curso que el Señor nos concede para continuar haciendo el bien a la sociedad y para exigirnos más en nuestra dedicación y entrega, en un trabajo constante para la unidad y la comunión que tanto buscamos.

Y la diócesis no es sólo una estructura. Es la composición de unas personas concretas y de unas comunidades, interesadas en vivir con coherencia el mensaje de Jesús y anunciarlo con alegría a todos los que nos rodean. Somos un conjunto de creyentes que cuentan siempre, para su actuación diaria, con la presencia y la ayuda del Espíritu Santo, gracias al cual podemos mantener el coraje y el gozo ante un nuevo comienzo y evitar el desánimo ante los aparentes fracasos pastorales que cosechamos.

En esta línea, deseo dar la bienvenida a todos los diocesanos con tres palabras que resumen nuestra naturaleza y nuestra actividad: gratitud, exigencia y esperanza. Están en la línea de la última Exhortación Apostólica Alegraos y regocijaos, del papa Francisco

Gracias a todos los que nos regaláis vuestro tiempo y vuestras aportaciones para que todas nuestras obras funcionen. Es importante resaltar la generosidad de tantas personas que dan vida a las instituciones.

La exigencia es un componente básico que nos pide el Señor para caminar, para acompañar, para escuchar, para servir. Que los cristianos no se muestren nunca satisfechos del todo con lo realizado; que busquen profundizar más y mejor en las virtudes evangélicas, para que el fruto que ofrecen sea mejor cada día y pueda atraer a más gente a la realidad de nuestra Iglesia.

Que nunca perdáis la esperanza. Nosotros reconocemos los puntos negros de nuestra realidad. Nuestra actitud no es siempre la más adecuada. Pero miramos el futuro con confianza, nos sabemos guiados por el espíritu de Jesús, que no permite el desaliento, ni la parálisis o los enfrentamientos estériles.

Y estas tres palabras deben repercutir y sumar en el deseo de todas las demás instituciones sociales, empeñadas en mejorar y hacer más habitable nuestro mundo. Con seguridad, todas ellas inician el curso tratando de ofrecer lo mejor de sí mismas. Los cristianos, como lo hacemos de manera habitual, queremos insistir y profundizar en la colaboración leal y entusiasta en todo aquello que dignifique al ser humano ofreciendo lo mejor que tenemos, a Cristo crucificado y resucitado.

Con mi bendición y afecto.

+ Salvador Giménez,

Obispo de Lleida

Mons. Salvador Giménez Valls
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Mons. D. Salvador Giménez Valls nace el 31 de mayo de 1948 en Muro de Alcoy, provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia. En 1960 ingresó en el Seminario Metropolitano de Valencia para cursar los estudios eclesiásticos. Es Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 9 de junio de 1973. Es licenciado en Filosofía y Letras, con especialización en Historia, por la Universidad Literaria de Valencia. CARGOS PASTORALES Inició su ministerio sacerdotal como párroco de Santiago Apóstol de Alborache, de 1973 a 1977, cuando fue nombrado director del Colegio “Claret” en Xátiva, cargo que desarrolló hasta 1980. Este año fue nombrado Rector del Seminario Menor, en Moncada, donde permaneció hasta 1982. Desde 1982 hasta 1989 fue Jefe de Estudios de la Escuela Universitaria de Magisterio “Edetania”. Desde 1989 a 1996 fue párroco de San Mauro y San Francisco en Alcoy (Alicante) y Arcipreste del Arciprestazgo Virgen de los Lirios y San Jorge en Alcoy (Alicante) entre 1993 y 1996. Desde este último año y hasta su nombramiento episcopal fue Vicario Episcopal de la Vicaría II Valencia Centro y Suroeste. Además, entre 1987 y 1989, fue director de la Sección de Enseñanza Religiosa, dentro del Secretariado de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la CEE, y fue miembro del Colegio de Consultores entre 1994 y 2001. El 11 de mayo de 2005 se hacía público su nombramiento como obispo auxiliar de Valencia. Recibió la ordenación episcopal el 2 de julio del mismo año. Fue administrador diocesano de Menorca del 21 de septiembre de 2008 hasta el 21 de mayo de 2009, fecha en la que fue nombrado obispo de esta sede. Tomó posesión el 11 de julio del mismo año. El 28 de julio de 2015 se hacía público su nombramiento como obispo de Lleida. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde 2014. También ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 2005 a 2014.