La Asunción de María

Card. Juan José Omella            En pleno verano, el día 15 de agosto, se celebra la solemnidad de la Asunción de María, una fiesta profundamente arraigada en la tradición popular, día en que muchas poblaciones de Cataluña celebran su fiesta mayor.

María es el nombre de la Madre del Hijo de Dios. Es un nombre muy frecuente en nuestro país, como expresión de la devoción mariana y de las muchas ermitas que están dedicadas a la Virgen con diversas advocaciones. Antes de morir, Jesús, clavado en la cruz, nos regaló a todos a santa María como Madre.

La Asunción de María al cielo es un dogma que proclamó el papa Pío XII en 1950. Esta verdad de fe fue recogida por el Concilio Vaticano II, que expresa así la fe de la Iglesia: «La Virgen Inmaculada que había sido preservada de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida terrenal, fue llevada en cuerpo y alma hacia la gloria del cielo y exaltada por Dios en calidad de Reina del universo, para que tuviera una más plena semejanza con su Hijo, Señor de los Señores y vencedor del pecado y de la muerte.» (Lumen Gentium, 59)

La fiesta de la Asunción de Santa María proporciona a los cristianos una ocasión muy propicia para reflexionar sobre el futuro de nuestra existencia, en el más allá, en el cielo nuevo y la tierra nueva de que habla la revelación. Allí, después de la muerte y purificado de toda culpa, el hombre encontrará su glorificación definitiva en Dios.

María, con su amor materno, cuida de sus hijos, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y angustias, hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. La Madre de Jesús, glorificada en cuerpo y alma en el cielo, es una imagen y un comienzo de la Iglesia que ha de llegar a la plenitud en la gloria futura. Por eso, María es un signo de esperanza firme y de consuelo para el pueblo de Dios en marcha, hasta que llegue el día del Señor.

El Catecismo de la Iglesia Católica expone todo esto bellamente con estas palabras: «La Santísima Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue llevada a la gloria del cielo en cuerpo y alma. Allí ya participa en la gloria de la Resurrección de su Hijo, anticipando la resurrección de todos los miembros de su cuerpo.» (Cf. CEC, 966)

Queridos hermanos, Dios nos espera y en Él encontraremos la bondad de la Madre, a nuestros familiares y amigos, el amor eterno, la vida eterna y plena. Dios nos espera: esta es nuestra alegría y la gran esperanza que nace justamente de esta fiesta. María, ya ascendida al cielo, se ha adelantado a todos nosotros, pero no nos deja huérfanos sino que vela por todos y por cada uno de nosotros.

 

+ Card. Juan José Omella

Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.