Dios nos habla por medio de las personas conocidas y de acontecimientos ordinarios de la vida


Mons. Gerardo Melgar                  A aquellos paisanos de Jesús, les sucedió lo mismo que nos suce­de a nosotros tantas veces en nuestra vida: creemos mejor a los de lejos, a los de fuera, que a aquellos que nos quieren bien y que son más conocidos, que son de los nuestros.

Jesús no pudo hacer ningún mi­lagro en su tierra porque no lo acep­taron, porque no entendieron cómo de alguien que ellos conocían podría salir aquella doctrina tan importan­te y, a la vez, extraña para ellos. Les habla de comer su carne, de que Él es el pan vivo que ha bajado del cielo; de que el que coma de ese pan vivirá eternamente y de que el pan que Él da es su propia carne, que se entre­ga precisamente para que el mundo tenga vida.

Sus vecinos y conciudadanos, ante este mensaje nuevo y extraño, se comienzan a preguntar: ¿No es este el hijo de José a quien todos conocen? ¿Cómo se atreve a decir que ha veni­do del cielo? Y no creyeron en Él.

En nuestra vida tenemos personas próximas a nosotros, que conocemos de siempre, y si esas personas nos quieren decir algo importante, o co­rregirnos una mala actitud, ensegui­da salimos a la defensiva: ¿Pero qué se habrá creído este si todos sabemos quién es y cómo vive? ¿Cómo viene a decirnos a nosotros que tenemos que vivir de esta o de otra forma?

Nos resistimos a aceptar lo que venga de alguien que conocemos, desde los padres cuando corrigen a los hijos, que se fían mucho más de cualquier amigo que de ellos; hasta cualquiera de nosotros que por sis­tema aceptamos como más creíble aquello que nos dice un desconocido y lejano que alguien cercano a noso­tros que conocemos.

Sin embargo, tenemos que estar muy atentos a lo que viven y nos di­cen las personas cercanas, porque Dios se sirve de todos ellos para co­municarnos sus planes.

Dios se sirve de la familia para transmitir a todos sus integrantes la fe; se sirve de pequeños aconteci­mientos de nuestra vida para hacer­nos descubrir su plan sobre nosotros; utiliza a las personas y los aconteci­mientos cercanos a cada cual para hacernos descubrir el camino que hemos de s e g u i r . Por eso, hemos de estar muy atentos. No debe importarnos tanto el mensajero cuanto el mensaje que nos transmite, porque Dios también habla a través de ellos y de los acontecimientos de cada día en nuestra vida.

Hemos de estar muy atentos a todo cuanto sucede a nuestro alrede­dor, a escuchar a través de esos acon­tecimientos que no son importantes y a través de esas personas que son cercanas a nosotros.

Dios nos habla por medio de es­tas personas y nosotros debemos preguntarnos por el mensaje que nos transmite el Señor a través de las personas conocidas y cercanas a nosotros. Unas veces será a través de la palabra que les escuchamos, otras veces será a través de un comporta­miento concreto y determinado que observamos en ellos pero, en todo momento, seguro que si estamos atentos a los que están cerca de no­sotros podemos descubrir que Dios nos está comunicando algo impor­tante a través de ellos.

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

imprimir

bookmark icon

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies