«Yo creo, pero no practico»

Mons. Gerardo Melgar          Casi seguro que muchos de nosotros hemos oído decir a algunas perso­nas esta frase: «Yo creo, pero no practico». Tal vez, incluso, algunos de nosotros puede que la hayamos dicho y más de una vez.

Con esta frase se quiere decir que «creer, creer, sí que creo, pero yo eso de ir a misa, de practicar los sacra­mentos, es algo que no entra en mis proyectos».

La vida cristiana no es una ideo­logía. Es una vida, un estilo de vida que hay que vivir, que tenemos que hacer realidad en nuestra vida los que nos decimos seguidores de Cris­to. La vida cristiana consiste funda­mentalmente en dos actitudes que tenemos que tener y desarrollar en nosotros. Por un lado, vivir personal­mente lo que el Señor me pide, que está contenido en los mandamientos de la ley de Dios, en las bienaventu­ranzas y en el mandamiento nuevo.

Si no vivimos el estilo de vida que Jesús nos pone en el evangelio no podemos decirnos cristianos. En esto consiste, digamos, el primer mo­mento de la fe de un cristiano. Pero no solo consiste en vivir nosotros en nuestra vida estas actitudes y este estilo que Jesús pone para sus segui­dores, sino que, además, se nos pide que eso que tratamos de vivir perso­nalmente lo comuniquemos a los de­más, seamos testigos de Jesús en la Iglesia y en el mundo.

Ni la vivencia personal de la fe, ni el ser testigos de Jesús donde quiera que nos encontremos y con quien quiera que vivamos es algo que re­sulte fácil de hacer y de vivir y, mu­cho menos, en un momento como el de la sociedad actual, en la que se valora lo material como la razón de todos los esfuerzos personales y muy poco la fe y la importancia que Dios debe tener en la vida de cada uno de nosotros.

La fe es una vida que cada uno debe preocuparse por alimentar, porque si no, lo mismo que sucede con la vida humana física, termina por enfermar y morir.

Nuestra vida de fe la hemos de alimentar para que sea una fe cada día más fuerte, porque precisamen­te en esta sociedad actual en la que nos ha tocado vivir, los creyentes te­nemos que vivir nuestra fe luchando contracorriente, y para eso tenemos que estar fuertes, que nuestra fe sea una fe madura.

Para alimentar nuestra fe tenemos que poner en ejercicio unos medios muy importantes: la oración, porque necesitamos estar en contacto con el Señor y que Él sea a l g u i e n realmente importante en nuestra vida, y para ello tenemos que estar en contacto continuo con el Señor, dándole gracias por todo lo que Él nos regala en cada momento, y pi­diéndole que su gracia y su ayuda supla nuestra fragilidad, que nos hace quedar tantas veces a la mitad del camino.

Necesitamos alimentar nuestra fe en la eucaristía dominical, porque en ella, en la Palabra de Dios que se pro­clama, nos marca el Señor el camino que hemos de recorrer. Comulgando el Cuerpo de Cristo, el Señor fortifi­ca nuestra fe y nos da las fuerzas que necesitamos tanto para vivir nuestra fe, como para ser sus testigos en me­dio del mundo. Porque es el Señor el que nos da el verdadero pan del cie­lo, sin el cual no podríamos respon­der a las exigencias de nuestra fe.

No podemos decir «yo creo, pero no practico»; sino «yo creo porque practico», porque alimento mi fe y trato de vivirla en mi vida, preci­samente porque la alimento con la práctica cristiana.

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.