«Conocernos es querernos»

Card. Juan José Omella              Muchos de vosotros, en la consulta previa a la redacción del nuevo Plan pastoral de la diócesis, señalabais la necesidad de fomentar la relación y la comunión entre las personas, comunidades y grupos en el seno de la Iglesia. Hacíais una llamada a superar o relativizar las diferencias, de ideas y de maneras de actuar, en la pastoral. Considerabais que uno de los retos de los próximos años era favorecer un clima de consenso y comunión que hiciera posible una evangelización más eficaz. Es cierto, es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Es Cristo quien nos hermana.

A veces, nos hemos centrado más bien en la comunicación ad extra, hacia fuera, con el mundo que nos rodea. Esto es muy importante y no lo podemos dejar de lado. Ahora bien, en estos próximos años os invito a trabajar la comunicación ad intra, hacia adentro, en el seno de la Iglesia diocesana de Barcelona. Debemos, pues, enriquecemos con el conocimiento mutuo. Hagamos posible este encuentro entre las diversas realidades eclesiales de nuestra querida archidiócesis, así conoceremos mejor lo que hacen los demás. Este encuentro hará posible la relación y, con la relación, nos pondremos nombre y, poco a poco, nacerá la amistad. La amistad nos enriquecerá interiormente y hará posible la colaboración y, con la colaboración entre nosotros, el Espíritu Santo hará posible la comunión. Esta comunión hará que seamos atractivos a los ojos de un mundo a menudo marcado por la división y por la fractura.

Sueño una Iglesia diocesana donde la empatía, la comprensión y la confianza mutua guíen las relaciones entre nosotros, más allá del grupo, movimiento, comunidad o parroquia a la que pertenezcamos. Esta comunión es posible. La comunión la quiere hacer realidad el Espíritu Santo. Pidámosle y facilitémosle esta tarea favoreciendo la cultura del encuentro y el conocimiento mutuo. No tengamos miedo a quien es diferente de nosotros. El encuentro y la comunión entre diversas realidades eclesiales son siempre una fuente de enriquecimiento y de crecimiento.

Para alcanzar esta meta, los obispos, sacerdotes y diáconos tenemos un rol particular, ya que hemos recibido del Señor la misión de edificar la comunión. Por favor, hagamos todos el esfuerzo de no catalogar a las personas. Sé que no es fácil, pero con la ayuda de Dios todo es posible. No permitamos que nuestras etiquetas y prejuicios nos priven de conocer al otro. Tampoco recurramos a la frase típica: «Es buena persona, pero me han dicho que es de tal grupo…»

El nuevo Plan pastoral lleva por título «¡Salgamos!». Hoy os invito, pues, y me invito a salir hacia los hermanos y las hermanas de las otras realidades eclesiales. Haremos el esfuerzo de salir de nosotros mismos, de nuestra comodidad, de nuestros miedos, para descubrir en el otro la presencia de Dios que me habla. Pedimos al Señor que la comunidad cristiana sea un testimonio de buena comunión en la diferencia.

† Cardenal Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.