El Pan de la Palabra

Mons. José María Yanguas        Dios no deja de sorprendernos con su Palabra, con la que habló por los profetas y en Pablo, pero sobre todo en su Palabra hecha carne, Jesús de Nazaret.

El relato del evangelio lo podemos leer desde varias perspectivas. Los discípulos que habían sido enviados a la misión el domingo pasado hoy vuelven junto a su maestro para contarle lo que han enseñado y han hecho. El evangelista no cuenta que los apóstoles hayan obrado prodigios asombrosos ni nada por el estilo. Su misión se desarrolla dentro de la normalidad. El testimonio crsitiano no es asombroso no sorprendente. Se realiza en el día a día, en lo más cotidiano. Es un testimonio caracterizado sobre todo por el “modo” en que se viven los diversos acontecimientos de la vida. 

Los discípulos son invitados en este contexto a descansar en un lugar tranquilo. La misión requiere de momentos y lugares de tranquilidad en los que experimentar a Dios que es buen pastor, como dice el salmo responsorial, al Señor que nos conduce hacia fuentes tranquilas y repara nuestras fuerzas. En esos momentos es en los que el discípulo escucha con mayor profundidad el grito de la gente, el corazón de Dios con sus proyectos para esa gente y el propio corazón con sus anhelos y preocupaciones.

Pero no les es posible el descanso: las mies es mucha y los obreros pocos. Son requeridos en todo momento, y Jesús aprovecha esta situación para mostrarles a los discípulos cansados de nuevo “cómo” han de tratar a la gente, “desde dónde” ha de brotar su acción pastoral, su servicio. El texto litúrgico traduce con un término que para nosotros se ha cargado de connotaciones negativas: “Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos”. Deberíamos cambiar “dar lástima”, por “tener compasión”, o incluso “conmoverse las entrañas”. Jesús siente compasión, siente junto a la gente con sus pasiones y preocupaciones, aunque éstas no sean del todo loables (buscarán nombrarlo rey porque les da pan en abundancia). Y esa compasión, ese ser capaz de ponerse junto al otro y sentir el latido de su corazón con todos sus anhelos, preocupaciones, como decía el Concilio Vaticano II, con sus “gozos y esperanzas” y con sus dolores y preocupaciones, es lo que moverá a Jesús a, en primer lugar, decir una palabra oportuna, una palabra que es “evangelio”, buena noticia. En estas maneras de Jesús, en su compasión, en sus entrañas que se conmueven ante el dolor, el sufrimiento, ante la injusticia que sufren los hombres y mujeres, la iglesia, con sus pastores a la cabeza y todos los bautizados, deberíamos aprender. Aprender a acercarnos a los demás con compasión, sintiendo al lado (¡cuántas veces nos acercamos desde arriba a dar nuestra charla, sin antes haber escuchado ni a Dios ni a los hombres!), caminando al lado, y aprender a decirles una palabra de aliento, una palabra oportuna (¡cuántas veces nos acercamos para juzgar y condenar, sin aportar una palabra que sea realmente “Evangelio!).

El profeta Jeremías nos permite comprender cómo las palabras y, sobre todo, los modos de Jesús fueron reconocidos por algunos hombres y mujeres de su tiempo como los del prometido por Dios, el esperado de Israel. Jesús es el buen pastor, el que trae el derecho y la justicia frente a tanto sufrimiento e injusticia. 

Y Pablo nos muestra cómo la compasión de Jesús, el acercarse a unos y a otros para sentir a su lado, le llevó a crear un pueblo sin divisiones. Jesús realmente es nuestra paz, el que ha hecho un pueblo unido a partir de la diversidad. En aquellos primeros tiempos entre judíos (los de cerca) y griegos o no judíos (los de lejos). Y esto no lo ha hecho con violencia ni con el uso de la fuerza, sino con la entrega de sí mismo en la cruz, como el buen pastor que da la vida por sus ovejas, el que abre un camino desconocido hasta ahora que nos conduce a todos hasta Dios: “unos y otros podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu”, el espíritu de hijos que nos permite vivir en la confianza y en la alegría también en medio de las dificultades de esta vida.

 Que la palabra de Dios de este domingo nos permita adentrarnos en el corazón y en los sentimientos de Dios, y así podamos ser también nosotros capaces de compasión ante el hermano solo y desamparado.

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

 

Mons. José María Yanguas
Acerca de Mons. José María Yanguas 131 Articles
Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).