La invocación de María como Reina

Mons. Francisco Conesa          Queridos diocesanos:  El rito de coronar la imagen de la Virgen del Toro, que tuvo lugar hace 75 años, expresa el reconocimiento de María como Reina. Pero, ¿en qué sentido se puede decir que María es “reina”? Resumo en cuatro motivos lo que dice la Iglesia y la teología sobre este punto, recogiendo la explicación que ofrece el actual “Ritual de coronación de una imagen de la Virgen”.

María es reina, sobre todo porque es la madre de Jesús, que es Rey y Señor de todas las cosas. Ella es madre de aquel que, desde el instante mismo de su concepción, es el Hijo de Dios, en quien fueron creadas todas las cosas y al que están sometidas todas las realidades (cf. Col 1, 16). Jesús, además, es el Rey prometido, el Rey Mesiánico, “a quien el Señor dará el trono de David su padre y reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin” (Lc 1, 43). Como madre del Rey, María puede ser llamada Reina.

El segundo motivo de la realeza de María es su cooperación a la salvación del género humano. Los Padres de la Iglesia la compararon con Eva, por la participación que tuvo en la salvación que trajo Jesucristo, el nuevo Adán (cf. 1 Cor 15, 21-28). La Virgen María “se asoció con entrañas de madre” (LG 58) a la obra de salvación, que tiene su culmen en la entrega de Jesucristo en la cruz. Allí, junto a la
cruz, permaneció la Madre cooperando en la salvación. Una antífona de la liturgia une la cruz y el reinado de María. Dice así: “Alégrate, Madre dolorosa, porque, después de tantos sufrimientos, gozas ya de la gloria celestial, sentada junto al Hijo como reina del universo” (Benedictus, 15 septiembre).

El tercer fundamento para llamarla “reina” es que María es la perfecta discípula de Cristo. En numerosos textos del nuevo testamento se promete al discípulo de Cristo obtener la “corona de gloria” (1 Pe 5,4; cfr. 2 Tim 4, 8, St 1, 12; Ap 2, 10). Santa María, como discípula perfecta por su unión a Jesucristo en la fe y el amor, ha sido asunta al cielo y coronada como reina. Este aspecto abre al creyente a la esperanza, porque también nosotros esperamos ser coronados en el cielo. La dignidad regia de María es un anticipo de lo que llegará a ser el discípulo fiel.

La cuarta razón por la que María merece ser llamada reina es porque forma parte de un pueblo de sacerdotes y reyes (Cf. 1 Pe 2, 9; Ap 5, 10). Ahora bien, ella ocupa en este pueblo un lugar preeminente. San Agustín la llamó “miembro excelentísimo de la Iglesia” (Sermón sobre Mat 12, 25, n. 7). Lo es tanto por la misión singular que se le encomendó como por la abundancia de sus virtudes.

Como veis, llamar “reina” a María no sólo la honra a ella sino a todo el pueblo de Dios, del que María forma parte, y que, mirándola a ella, espera también un día ser coronado de gloria.

+ Francesc Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

Mons. Francisco Conesa Ferrer
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Rector de la Basílica de Santa María de Elche desde 2014 Francisco Simón Conesa Ferrer nació en Elche el 25 de agosto de 1961. Cursó estudios eclesiásticos en el seminario diocesano y fue ordenado sacerdote el 29 de septiembre de 1985. Es doctor en Teología (1994) y en Filosofía (1995) por la Universidad de Navarra. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Orihuela-Alicante, donde ha desempeñado los siguientes cargos: vicario parroquial de la parroquia ilicitana de Nuestra Señora del Carmen (1985-1987), de la Inmaculada de San Vicente del Raspeig (1994-1996) y de Nuestra Señora de Gracia de Alicante (1997). Desde 1998 al 2014 fue el vicario general de la diócesis. En la actualidad es profesor del seminario diocesano, donde imparte Filosofía del Lenguaje y Teología Fundamental, desde 1992; profesor asociado de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, desde 1994; canónigo magistral de la Catedral de Orihuela, desde 2001; y rector de la Basílica de Santa María de Elche, desde 2014. Fue nombrado prelado de honor de su Santidad en el año 2012.