Respetar la honra de todos

Mons. Jaume Pujol              En las novelas de Agatha Christie y en muchas películas la trama se desarrolla de modo que parece que el malvado es quien va ganando. A base de engaños, si hay sospechas sobre él, disimula, prepara pistas falsas y trata de escapar a su responsabilidad. Al final, sin embargo, el detective logra atraparlo en sus falsedades y es detenido.

Se ha hecho justicia, y esto congratula a los espectadores, porque la justicia la percibimos como una necesidad para vivir en sociedad. Solamente castigando el mal podemos llevar una vida tranquila y segura.

Los jueces no serían necesarios, dicen los clásicos, si nos comportáramos correctamente. Aristófanes dice que «las buenas personas, aunque todas las leyes fueran abolidas, se comportarían del mismo modo».  Y Platón escribió: «Los buenos ciudadanos no necesitan leyes para actuar con responsabilidad, y los malos buscan la manera de saltárselas.»

Cuando la Biblia se refiere a hombres justos muchas veces equipara este término a santos, y en este sentido la Iglesia Católica considera que «la virtud moral consiste en la constante voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido.»

Nunca como en nuestra generación se ha reivindicado tanto la justicia; sin embargo, quizá nunca se ha faltado tanto a ella. Me refiero a la justicia social, que la ley de la oferta y la demanda no puede desconocer; pero también a la justicia personal, por ejemplo respetando el buen nombre de cada persona.

En la época de Internet y de mensajes cruzados en todas direcciones, es habitual ver como se calumnia o se injuria a quienes piensan distinto. Ser justos alcanza también a estas prácticas hoy tan extendidas. La honra de las personas debe ser respetada siempre.

La Iglesia defiende, basándose en los hechos y las palabras de Jesucristo, que hay algo superior a la estricta justicia, algo que no la desmiente sino que la supera, la caridad. Ella brota de un corazón compasivo que no mide, ni pesa, sino que ayuda. Así nacieron tantas iniciativas sociales, como hospitales, orfelinatos, escuelas, comedores sociales, que auxilian a los necesitados.

Deseo animar por tanto el trabajo indispensable de las fuerzas de orden público, legisladores, abogados y magistrados en su lucha por la justicia, y al mismo tiempo agradecer la labor de quienes entregan su tiempo a otros yendo más allá de lo que en justicia deben, movidos por la caridad que tiene en Jesucristo su expresión máxima: entregar la vida por los demás.

† Jaume Pujol Balcells

Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado
Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.